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Opinión

  • | 2010/06/27 00:00

    Del Ubérrimo a Camelot

    Por esa vía, Martín Santos terminará siendo nuestro John-John, Anapoima nuestro Hyannis Port y J.J. Rendón nuestro Mago Merlín.

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Una semana después de haber visto cómo su esposo caía asesinado en su canto, Jacqueline Kennedy invitó a su casa de Hyannis Port a Theodore White, un periodista de su confianza que era ya un reconocido reportero de la revista Life. Ella estaba obsesionada con que su esposo fuera recordado como un hombre que había tenido la magia de llevar a su país hacia una era de paz y de esperanza, en la que por "un breve

momento, hubo un lugar conocido como Camelot". La frase entrecomillada era sacada de un famoso musical de Broadway que recreaba la romántica leyenda del rey Arturo y sus honorables caballeros de la Mesa Redonda, y, según 'Jackie', esa canción se había convertido en la favorita de su esposo. 

White, reconocido por su habilidad para hacerse a la confianza de los poderosos -guardaba secretos con tal de no perder el acceso a las fuentes-, publicó la entrevista tal y como la quería 'Jackie': sin contrapesos y con el intelecto puesto al servicio de la ilusión, no de la verdad.  Desde entonces -para bien o para mal del periodismo gringo-, la leyenda de Camelot quedó asociada en la mente de los norteamericanos con la administración Kennedy. "El gobierno de Kennedy representó un momento mágico en la historia norteamericana; una época en que hombres galantes bailaban con mujeres hermosas; en que grandes obras fueron hechas y en la que artistas, escritores y poetas se encontraban en la Casa Blanca mientras afuera los bárbaros emprendían la retirada", escribió White como epitafio de esa administración.

Guardadas proporciones, algo de ese afán por anteponer la ilusión a la realidad se siente por estos días en los centros de poder políticos, económicos y mediáticos, en torno a Juan Manuel Santos y lo que puede llegar a ser su gobierno. No sabemos aún alrededor de cuáles postulados Santos está proponiendo su gobierno de unidad nacional, pero ya en los corrillos políticos se siente la sensación de que con Juan Manuel vienen tiempos de caballeros; de hombres dignos y puros que van a transformar la Casa de Nari en el castillo de Camelot; no nos ha dicho cómo va a hacer para que el país pase la página de los odios, pero ya hasta los más enconados opositores al régimen lo  consideran el líder capaz de sacarnos del oscurantismo uribista y de la fascinación por los atajos.  "Él va a ser el mayor opositor de Uribe", pregonan los nuevos conversos, en tanto que los uribistas de viejo cuño lo enaltecen señalándolo como el renovador del continuismo. Nadie se acuerda del Juan Manuel tránsfuga ni pendenciero, ni de los 'falsos positivos', ni de las 'chuzadas' del DAS, y hasta el ex presidente Samper, quien ha acusado a Juan Manuel de haber encabezado un intento por derrocar su gobierno, echa chistes y se abraza con él en esos almuerzos bogotanos en los que nuestro Kennedy criollo se siente como un rey.   

Los medios tampoco se han quedado atrás. La mayoría de sus dueños mantienen una cercanía con Juan Manuel por venir de donde viene y en cosa de días han convertido su ascenso al poder  en el momento más mágico de la historia colombiana. 'Tutina', la nueva primera dama, ya es considerada como nuestra versión  criolla de Jacqueline Bouvier -María Isabel Rueda la describió en una columna como nuestra 'Jackie' colombiana-. Por esa vía, Martín Santos terminará siendo nuestro John-John, Anapoima nuestro Hyannis Port y J.J. Rendón nuestro mago Merlín. Probablemente uno de los cuatro y medio millones de desplazados será escogido para sentarse al lado de Juan Manuel en su mesa redonda y, al igual que 'Jackie', 'Tutina' se convertirá en el paradigma de la nueva mujer colombiana, es decir, en la esposa dedicada al cuidado del hogar y al cultivo de su fe católica, probando con ello que en este reino de ensueño que va a presidir Juan Manuel Santos todo va a volver a su sitio y a ser como debe ser. Es decir, que los hombres galantes volverán a bailar con las mujeres hermosas, que las grandes obras también volverán y los artistas, escritores y poetas se darán cita en el Palacio de Nariño, mientras afuera los bárbaros emprenderán la retirada rumbo al Ubérrimo.

Hoy sabemos que el gobierno de Kennedy no tuvo mucho que ver con la idílica imagen que le forjó White. Ojalá los medios colombianos no cometan el mismo error por cuenta de la cercanía que hay con el nuevo Presidente y nos embarquen en un cuento de hadas incluso antes de que el rey Juan Manuel inicie su reinado en Camelot.
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