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Opinión

  • | 2013/11/02 00:00

    Delfines y borregos

    Si usted es aspirante a “padre de la patria” y quiere tener éxito, navegue prendido de la cola de un delfín.

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Los delfines en el argot político colombiano,son criaturas privilegiadas, que desde que nacen hasta el ocaso de su existencia, disfrutan del poder y de la gloria. Sus planes y proyectos de desarrollo vienen amarrados con el cordón umbilical de sus antepasados, que han gobernado nuestro país, sin importar en qué condiciones lo hicieron, porque gracias a la docilidad de los electores de ser humildes y apacibles borregos, acudimos a la urnas para honrar la memoria de quienes han sido dueños de la administración pública en todos sus niveles, desde las épocas de nuestra independencia.

¿Pero quiénes son los delfines de quienes tanto se está hablando en la antesala de las elecciones parlamentarias y presidenciales? De conformidad con nuestra concepción sobre comunidad y desarrollo, en nuestro medio existe tres clases de delfines, veamos: 

  • Delfines pura sangre: son los hijos o nietos de los expresidentes de la República. La verdad sea dicha de paso, el presidencialismo en Colombia tiene vocación de delfinazgo, son varios los hijos o parientes de expresidentes, que han llegado a la primera jefatura del Estado. 

Los casos más recientes son los de Andrés Pastrana Arango, hijo del expresidente Misael Pastrana Borrero; el actual mandatario Juan Manuel Santos, nieto del expresidente Eduardo Santos; Alfonso López Michelsen, hijo de López Pumarejo; Mariano Ospina Pérez, hijo de Mariano Ospina Rodríguez; Simón Gaviria, actual representante a la Cámara y jefe del Partido Liberal, es hijo del expresidente César Gaviria Trujillo; el actual viceministro del Justicia es hijo del expresidente Ernesto Samper Pizano; se está esperando qué decisión vaya a tomar el hijo de Andrés Pastrana Arango, que muy posiblemente aspire al Senado de la República; Germán Vargas Lleras, es nieto del expresidente Carlos Lleras Restrepo, estos entre muchos otros.  

  • Delfines herederos de castas políticas: son los hijos o parientes de los gamonales políticos de las regiones, que después de pensionarse o haber caído en desgracia por sus travesuras parlamentarias, malos manejos burocráticos o vínculos con el paramilitarismo, endosan el poder a algún pariente: esposa, hijo, hermano o sobrino. 

En este grupo la lista es bien extensa, por lo regular cada jefe regional o nacional, ya tiene en mente quién será su heredero político. Ya vemos por ejemplo al hijo de Horacio Serpa, como concejal de Bogotá; un nieto del expresidente Julio César Turbay Ayala en la misma posición; el actual vicepresidente de la República, Angelino Garzón, ya tiene su delfín, su hija aspira al Senado por Cambio Radical; el hijo de Lucho Garzón, exalcalde de Bogotá y alto funcionario del gobierno Santos, también tiene su delfín: su hijo aspira a la Cámara por el Polo Democrático; a la exsenadora Piedad Córdoba, también le nació su delfín: su hijo aspira al Senado por el Polo Democrático; la senadora Piedad Zucardi que se encuentra en líos con la Justicia y su esposo encarcelado: ya nombraron su delfín, su hijo aspira al Senado por el Partido de la (U). Quedan pendientes otros nombres.  

  • Delfines póstumos: son los hijos y parientes de los líderes asesinados, qué merced a ello, dejaron su obra política inconclusa y sus parientes recogieron las banderas para continuar adelante con su ideario político. Sobresalen en este grupo: la familia Galán Pachón, que han sabido aprovechar con creces la imagen del inmolado líder del Nuevo Liberalismo, Luis Carlos Galán Sarmiento. Todos sus hijos, hermanos y parientes, incluyendo a su señora esposa y cuñados, han disfrutado las mieles del poder, pero quizás no se han dado cuenta que tanta voracidad burocrática, no está bien vista, puesto que en honor a la verdad, están actuando en contravía de los postulados que nos dejó el doctor Luis Carlos Galán Sarmiento. Está también el representante Iván Cepeda, hijo del también asesinado líder de izquierda Manuel Cepeda; la hija del también inmolado líder del Liberalismo, Jorge Eliécer Gaitán, Gloria, aunque ha hecho algunos intentos políticos, no ha sabido aprovechar la imagen que le dejó su padre.

Para las elecciones que se avecinan tendremos un buen mosaico de delfines disputándose curules al Senado de la República, la Cámara de Representantes, Asambleas Departamentales y Concejos de las principales ciudades del país, y muy seguramente varios tengan pretensiones de llegar al Solio de Bolívar.    
 
Lo anterior nos trae a una reflexión y es que los colombianos, en gran parte, tenemos mucha dependencia de los delfinazgos, no actuamos electoralmente con criterio propio y pensamos que las soluciones las tienen las castas políticas. Esto es lo que se llama ser borrego. Definido el anterior vocablo en forma literal, quiere decir: es la persona que sigue con sumisión y obediencia las instrucciones de otra, sin que medie ninguna discusión, es incondicional y cumple sus órdenes sin tener en cuenta las consecuencias futuras. 

Considero que a la luz de todos estos acontecimientos, está haciendo falta mucha capacitación política en todas las instancias de la vida nacional. Los planes y programas de desarrollo de un municipio o departamento, se estructuran con fundamento en los recursos humanos y naturales existentes en cada región. Pensar que un delfín es la solución, es bastante equivocado.

No olvidemos que los mecanismos de participación ciudadana, consagrados en la Constitución Política del 1991, nos entregan las herramientas necesarias para actuar con independencia. 

urielos@telmex.net.co
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