04 enero 2013

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Depredadores de la ‘Oficina de Envigado’

Por Juan Diego Restrepo E

OPINIÓN ONLINELa guerra no da tregua en las entrañas de la llamada ‘Oficina de Envigado’. Las cuentas no se olvidan, las rivalidades tampoco y mucho menos los desacuerdos.

Depredadores de la ‘Oficina de Envigado’. .

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Desde hace por lo menos seis años la llamada ‘Oficina de Envigado’ vive una fase de violencia interna que es, quizás, una de las más prolongadas de su historia, producto de rivalidades profundas, ambiciones radicales y desacuerdos innegociables entre aquellos que se creen con el derecho de estar al frente de una de las estructuras criminales más fuertes del país. La masacre perpetrada al amanecer del 31 de enero en la otrora “Mónaco colombiana” así lo ratifica.

A esta empresa criminal le está ocurriendo lo que a las familias ricas cuando se mueren los viejos, quienes, con trabajo y dedicación, construyeron su patrimonio: sus hijos, todos ellos medio imbéciles, vagos, mal preparados y codiciosos, se depredan entre sí para quedarse con la mayor parte del botín para derrocharlo en bacanales, hasta llegar a la ruina.

Así no se quiera, la llamada ‘Oficina de Envigado’ es una razón social en el mundo de la criminalidad nacional e internacional, que se ha forjado sobre la sangre de miles de personas, la corrupción estatal y la participación de sectores económicos legales en sus más de treinta años de historia. Su permanencia se debe a ese entronque armónico entre lo legal y lo ilegal, y a la incapacidad del Estado de contrarrestar sus acciones, impedir su consolidación y evitar que sectores públicos y privados se aglutinen alrededor de esa organización y la utilicen para sus propios beneficios.

El crimen organizado tiene lógicas de comportamiento que no son distintas a otras actividades consideradas legales. Algunos estudiosos del tema indican que se requiere cohesión interna para asegurar eficiencia y eficacia en sus acciones. Eso significa que entre sus integrantes debe haber respeto a las estructuras y funciones que cada uno cumple, si eso no ocurre entonces se pierde productividad y se generan conductas desleales, conflictos y deserciones.

Pensando en esos conceptos y ante lo que ocurre en las entrañas de la llamada ‘Oficina de Envigado’ surge entonces una pregunta: ¿su pérdida de cohesión es el resultado de la falta de experiencia de aquellos que vienen pujando por el poder o por acción de las autoridades, que mantienen la presión sobre ellos? A mi juicio, se debe más a lo primero que a lo segundo, lo que es muy peligroso.

Después de la desaparición de Daniel Alberto Mejía, alias ‘Danielito’, a finales de 2006, supuesto jefe paramilitar del Bloque Héroes de Granada y jefe de sicarios de la llamada ‘Oficina de Envigado’, comenzó a gestarse en las entrañas de esta empresa criminal un reacomodo de fuerzas para hacerse con un poder que implica el dominio de por los menos 300 bandas armadas en el Valle de Aburrá, dispuestas a participar en diversos negocios ilegales, y a obtener grandes beneficios del narcotráfico y la extorsión, los de mayor rentabilidad.

Después de seis años de disputas, aún no hay estabilidad interna debido, como dicen en las calles, a que hay “muchos gamines”, refiriéndose a integrantes con experiencia sicarial, pero poca astucia política, que pretenden llegar a la parte alta de la jerarquía criminal a como dé lugar, lo que ha tenido graves repercusiones en la seguridad urbana, altas inversiones en la protección de los ciudadanos y una sucesión de vulneración de derechos ciudadanos, como el de la movilidad, la libre empresa, la libre expresión y el más fundamental, el de la vida.

El teórico italiano Diego Gambetta afirma que “siempre que surge la competencia, la violencia debe seguir casi que automáticamente”, y justamente lo que ocurre en las entrañas de la llamada ‘Oficina de Envigado’ es un asunto de competencia, en el que cada quien quiere su parte en un negocio que genera miles de millones de pesos al año, y que dadas sus ambiciones, no quieren quedar por fuera. El asunto es que los desacuerdos se resuelven a bala y comprometen la seguridad ciudadana.

En ese asunto de competencias criminales, el Estado, a través de sus fuerzas de seguridad, no ha podido actuar con eficacia. Se le valora la captura de varios jefes importantes, entre ellos Maximiliano Bonilla Orozco, alias “Valenciano, y Ericson Vargas, alias “Sebastián”, pero aún no logra desestructurar esta empresa criminal. El problema, a mi juicio, es metodológico: sólo se le apunta a los llamados “objetivos de alto valor”, pero con esa filosofía se han olvidado que detrás de ellos hay una estructura, mezcla de sectores legales con ilegales, que los soporta y sobre la cual poco se actúa. La pregunta es ¿por qué no?

La inestabilidad de la llamada ‘Oficina de Envigado’ es una oportunidad para que las autoridades actúen contra ella de manera más eficaz y estructuralmente. Varios de sus integrantes de nivel medio, esos que quieren ascender y para lograrlo eludirán cualquier responsabilidad no solo en la masacre de la finca La Piscina, sino en muchas otras acciones criminales, a lo mejor quieren hablar para salvar su pellejo y buscar beneficios jurídicos, lo que debería aprovecharse para horadar aún más esta empresa criminal y llevarla, poco a poco, a su extinción.

¿Qué otro beneficio puede traer el combate efectivo de ‘La Oficina’? Concentrar mejor los esfuerzos para atacar el otro problema que viene creciendo en la ciudad desde hace más de tres años: la presencia de las llamadas ‘Autodefensas Gaitanistas de Colombia’, también conocidas como ‘Los Urabeños’. Algunas hipótesis apuntan a que fue por culpa de éstos que se perpetró la masacre en zona rural de Envigado. De ser así, estamos ante un fenómeno de criminalidad más estructurado, con mayor experiencia y con un enorme poder de corrupción, ya probado con la penetración en la Fiscalía Seccional de Medellín y el alinderamiento del entonces fiscal encargado de esa unidad, Guillermo Valencia Cossio, hoy en prisión.

Y, además, habría una doble recompensa: se depuraría la Fuerza Pública, pues es claro que hay sectores de ella que reciben pagos a cambio de protección, y se identificarían aquellos sectores económicos que, desde la legalidad, han fortalecido su riqueza apelando al lavado de activos y a los dividendos que les deja la inversión en cargamentos de cocaína con destino a los mercados internacionales.

La depredación de aquellos que hacen parte de esa empresa criminal abre una oportunidad para que las autoridades actúen con mayor eficacia y se desmonte una estructura que ha destruido miles de vidas, acabado con muchos patrimonios, públicos y privados, y vulnerado esenciales derechos humanos. La tarea es urgente.

* Periodista e investigador social 
                                                               
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