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Opinión

  • | 1999/07/05 00:00

    DESCRALIZACION

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Mientras Cuba va a misa, oficiada por el Papa, Colombia, antes país del Sagrado Corazón, es
conducida por su violencia interna hacia la más cruda desacralización. De la tortura y asesinato de un
obispo a la captura de toda una feligresía ha habido varios pasos de sacerdotes asesinados en Norte de
Santander, en la Costa y en el propio corazón de Bogotá.Me sorprendió siempre que hubiese causado tan
poca alarma el crimen cometido en la persona de monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, obispo de la
ciudad de Arauca, perpetrado en octubre de 1989. Pero no creo que lo que ocurra entre nosotros sea
solamente indiferencia ante el crimen. Es también saturación de atrocidades, es llevarse las manos a la
cabeza y tener que seguir luchando por la propia existencia, en un medio hostil, entre desempleo, pobreza, y
a la hora del descanso, malas noticias.Tal vez algunos podamos reflexionar _y tengamos relativa calma para
hacerlo_ y de esta manera caer en cuenta de la degradación que por sus pasos ha venido sucediendo en
la estima de la vida humana y en el respeto por el sentimiento religioso. Por extrañísima paradoja, la mayoría
de estos delitos, que hoy aterran a la comunidad internacional, los viene cometiendo el grupo guerrillero que
comandara por muchos años el sacerdote español Manuel Pérez y al cual estuvieron vinculados otros clérigos
revolucionarios. Es la aplicación del clásico refrán: 'no hay peor cuña', y podría ser así mismo el producto de la
familiarización con lo sagrado, que trae consigo una baja estima de lo que para el común sigue estando en
los altares.Tengo el recuerdo de infancia del primer alto prelado vaticano que pisó tierra colombiana, en
tiempos ya remotos de un Congreso Eucarístico en Medellín. Era el cardenal Mícara un hombre robusto y
bondadoso, con semblanza de estar pleno de vinos _consagrados y no_, como todo un príncipe del
renacimiento. La ciudad se postró ante el enviado del Papa, que por supuesto era el majestuoso Pío XII,
luego denigrado en historias infamantes, ya se sabe escritas por quienes. Más tarde vinieron al país papas y
cardenales y tuvimos los nuestros propios, desde el prominente Crisanto Luque hasta el papabile de Gabo, S.
E. Castrillón Hoyos.El gran obstáculo que tiene una guerrilla, en su propósito de alcanzar el poder y obtener
respaldo popular, que trascienda el corto escenario de la pequeña izquierda política, es la religiosidad,
católica y ahora también la de las llamadas iglesias cristianas. Hueso duro de roer, pues el pueblo es cada
vez más mítico, más místico y más religioso y renueva los valores tradicionales de la cristiandad, como se
muestra a diario en boca de deportistas y en la expresión de la gente sencilla, azotada por tantas
desgracias.Como la sustitución de estos valores es difícil, y lleva años en el intento, ahora la subversión
materialista parece resuelta a tomar las cosas por la fuerza y amenazar feligresías enteras, llevadas en
procesión de furgones a venerar (en el ara de su propio secuestro) las cenizas del 'cura' Pérez.La Iglesia,
como es lógico, ha protestado enardecida, en las palabras del arzobispo Isaías Duarte, verdadero profeta_
como el Isaías bíblico_ de la Pasión, que amenaza a prelados y fieles católicos y por igual a los de otras
confesiones. El atropello de la guerrilla ha estremecido al Vaticano, al Santo Padre y enfureció, por fin, al
Presidente de Colombia. Sin olvidar que, aunque hay violación de la libertad religiosa, lo más opobrioso es
el atentado contra la libertad física de las personas.En el territorio de despeje la inconformidad de los
ocupantes con los ritos católicos ha sido manifiesta. Ya pidieron el retiro de un vicario y el obispo del Caguán
accedió a ello. La guerrilla asiste armada a los oficios religiosos, pero al menos reconoce que en el recinto de
las iglesias prima la oración de un pueblo creyente.El insensato atropello de la guerrilla elena a los fieles
católicos de La María, de Pance, en Cali, es tremendo desacierto, si pretendían tener algún calado en el alma
popular. Las 'Puertas del Infierno' (así se disfracen de Puertas del Cielo, en Mainz ), lo dice la Escritura, no
prevalecerán contra la Iglesia. nLa Iglesia ha protestado en las palabras del arzobispo Isaías Duarte Cancino,
como el Isaías bíblico, verdadero profeta de la Pasión
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