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Opinión

  • | 1998/06/29 00:00

    DESDE YA, OPOSICION

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Hay cosas que no se deben anticipar. Carreño decía que no debía hacerse visita de pésame antes de la muerte del difunto (!). Como por ejemplo, llegar de riguroso negro, o con flores, al lecho del agonizante. Tampoco se debería hacer oposición antes de instalarse o siquiera ganar en elecciones un nuevo gobierno. Pero la oposición a Andrés Pastrana parecía haber comenzado la semanaanterior. La denuncia por fraude ya se estaba aclimatando y su obra de gobierno empezaba a ser discutida.No hay que anticiparse. Tampoco a la elección de Andrés, porque si Noemí pasa a la segunda vuelta _lo que considero improbable_ esta abeja lopista puede escamotearle la victoria al Gran Aliado. Todo, pues, a su tiempo. Como lo dice la Escritura. Y como manda este azaroso periodismo de anticipación. Andrés Pastrana es objeto de muchos odios. ¿Justificados? No lo creo. Explicables, en cuanto el delfinato es algo bien molesto en la vida histórica de la Nación. Mientras unos luchan desesperadamente por figurar, por tener alternativas de gobierno, los hijos de los grandes lo tienen todo a mano: la educación excepcional, los viajes, la resonancia del apellido (o del nombre y apellido), el dinero, la respetabilidad. Cuentan además con periodistas y políticos amigos y, sobre todo, amigos de sus padres. Los cobija, en una palabra, la estela del poder. Como si fuera poco, las encuestas, que han restringido la democracia, les permiten no despegar en cero, porque su nombre conocido supera, cuando menos, los márgenes de error. Los delfines, sin embargo, han sido inevitables en la vida nacional. Sólo los arzobispos no los tienen, por la misma razón de no tener hijos, ni, por ende, nietos. Pero sí ha habido cardenales hijos de presidentes, como fue el caso de S.E. Concha Córdoba. Privilegiar al heredero no ocurrió tanto en el siglo pasado como en este. Valencia tuvo un Valencia; Ospina, el primero de este siglo, tuvo otro Ospina (sobrino); López engendró dos López; Lleras Restrepo se llenó de nietos y su hijo aplicó un poco tarde a la opción del poder; Gómez tuvo un hijo y un nieto (retiradongo); Urdaneta, un gobernador Urdaneta; Turbay, un júnior; Rojas, una capitana del pueblo (con doña Bertha, dos mujeres que antecedieron a las de ahora en la alta política). Tuvo Rojas también dos nietos figurones; Santos tuvo periodistas a granel, por línea colateral, y García Peña, nietos periodistas. Aceptada a regañadientes la institución del delfinato, debe reconocerse que, aunque todo se les facilita a los delfines, algunas cosas se les dificultan. Por ejemplo, deben demostrar, más que otros, que saben algo por sí mismos y, sobre todo, que han sufrido un poco. El delfín presidencial, que juega en las elecciones del domingo, luce una madurez reconocida, que no proviene solamente de los años. No pueden subestimarse sus padecimientos. Además del secuestro, en poder de los mayores asesinos de la historia nacional, enfrentó a todo un establecimiento (él, persona apacible y dueña del favor popular), con su denuncia de la campaña oficial. Y ahí fue su Troya, y sigue siéndolo.El país, que es perverso, y se las da de valiente, le exige ahora que hubiera estado presente, atendiendo su propia denuncia. Como el público de toros le exige al matador que se acerque al 'bicho'. No importa que estuviera amenazado y que no le correspondiera poner en marcha un proceso, que quedaba en manos judiciales.Hoy le dicen que se fue a 'sapear' a Colombia y lo dice nadie menos que un aspirante a representar a este país y a lucir sobre su pecho y hombro el emblema nacional. Es decir, que Colombia debería haber escondido ese pecado de usar dineros del narcotráfico y de negociar con narcotraficantes su apoyo, hoy a uno y mañana a otro candidato. A Pastrana lo odia esa seudocultura narco que ha quedado impregnada, imperceptiblemente, en la vida del país; no, por fortuna, en la de todo el país. Hay aún gente decente que reconoce a quien denuncia, así sea con las flaquezas y modalidades de cada cual, como persona respetable. Horacio Serpa, en la desesperación de los últimos días, ha apelado a los más bajos sentimientos populares y a la jerga mafiosa, porque sabe cuánto ha calado en el alma nacional. En un año estaremos, quizás, haciéndole oposición a Pastrana. Por ahora, si sus anunciadas mayorías se convirtieron en votos, habrá significado para Colombia volver a vivir internacionalmente. De lo contrario, tendremos 'otros cuatro años en las mismas'.No sé cómo habla Noemí de otros cuatro años, cuando ella vivió dos como embajadora del régimen.
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