Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/02/24 00:00

Desmovilización en el Congreso

"Otros partidos uribistas como Colombia Democrática están en mora de hacer una purga que, de hacerse como toca, amenaza con su total desmantelamiento", escribe Claudia López.

Desmovilización en el Congreso

Con decisiones políticas valientes, aunque tardías, empezó la desmovilización de los "Héroes del Congreso". Pero la infiltración política de la mafia y el paramilitarismo no se reduce a cinco congresistas, ni solamente ellos han dejado dudas sobre su actuar. Otros partidos como Colombia Democrática están en mora de hacer una purga que, de hacerse como toca, amenaza con su total desmantelamiento. Si hacen esa purga, ojalá que para distraer la atención no fabriquen otra calumnia contra un contrincante de lujo, como lo hicieron contra Rafael Pardo.

Vamos por partes. La depuración de listas al Congreso que empezó la semana pasada es valiente porque enfrentarse con poderosos, más si pueden estar respaldados por armas y dineros ilegales, es siempre difícil y riesgoso. Es valiente porque es poner no sólo el actuar de los otros sino el propio en la picota. Pero, sobre todo, es valiente porque por primera vez les hace saber de frente a los paramilitares que la connivencia no será eterna y que al menos una parte de la derecha legal está dispuesta a deslindarse del proyecto político ilegal de la extrema derecha.

Ese es el mensaje político más importante de este nuevo proceso 8.000 que apenas comienza. El ejemplo político de divorcio de la extrema ilegal y armada, indispensable para la democracia colombiana, lo dio primero la izquierda. El Polo Democrático consolidó una opción política de izquierda que condena de frente a la guerrilla, sus actos atroces y, en general, el uso deliberado de la violencia y el terrorismo con fines políticos.

Desafortunadamente, el Partido Comunista y otros reductos radicales siguen haciendo política sin condenar el uso del secuestro y la combinación de las formas de lucha como instrumentos de acción política. Dado que fue la izquierda la que se deslindó primero de la extrema y que desde la campaña del 2002 existen informaciones y hechos protuberantes sobre la posible relación de algunos políticos con paramilitares, las decisiones de la semana pasada son tardías e insuficientes. Por los mismos argumentos con los que Vargas y Santos justificaron las expulsiones de Cambio Radical y de la U, otros candidatos deberían salir de otras listas, si sus dirigentes optan por la misma decisión política.

Las razones de Vargas y Santos se concretaron en dos argumentos: 1. que esos candidatos tenían actuaciones políticas y electorales cuyas explicaciones no resultaron convincentes, y 2. que tenían información de que habían sostenido reuniones con capos del crimen, en particular algunos paramilitares.

Empecemos por el primer argumento. Así como los senadores Dieb Maloof y Luis Eduardo Vives Lacotoure, expulsados del partido de la U, no han logrado dar una explicación convincente sobre las atípicas y muy altas concentraciones de votación que obtuvieron en las elecciones de 2002, en zonas donde paramilitares ejercen un férreo control militar y territorial, tampoco los senadores Carlos Arturo Clavijo, Salomón Saade, Miguel de la Espriella, Mauricio Pimiento y Álvaro Araujo han logrado dar una aclaración convincente sobre lo mismo.

Así como el representante a la Cámara Jorge Luis Caballero no ha logrado aclarar si hubo un acuerdo político, que pudo haber incluido paramilitares, detrás del hecho de concentrar hasta el 95% del total de la votación en ciertos municipios de la estratégica ribera del Río Magdalena, tampoco las representantes a la Cámara Rocío Arias y Eleonora Pineda han logrado aclarar de dónde salió el concentrado caudal político con el que salieron elegidas.

Eleonora Pineda, por ejemplo, ha dicho que viene de su paso como concejal en el municipio de Tierralta. Pero su salto de concejal a representante clasifica para récord Guiness. En el año 2000, para concejal sacó 748 votos, y en el año 2002, para representante sacó en ese mismo municipio 11.897 votos y en total 82.082 votos en el departamento de Córdoba. Y si de sostener reuniones con capos del crimen se trata, las dos lo han confesado insistentemente. Pineda con Mancuso y Arias con 'Don Berna' y los cuatro con otros ilegales se han reunido en muchas ocasiones a lo largo de su vida, desde antes de que empezara el supuesto proceso de desmovilización paramilitar. Eleonora Pineda, luego de intervenir abiertamente a favor de los intereses paras en el trámite de la Ley de Justicia y Paz, a última hora se declaró impedida para votarla al reconocer que uno de sus hermanos era un paramilitar.

Rocío Arias, en compañía de otros congresistas actuales, presentó un proyecto de ley para eliminar la extradición, asunto que ha tratado en cumbres sostenidas con narcotraficantes presos en la cárcel de Cómbita. Ha pasado eso y mucho más, pero nada parece ser suficiente para que en el partido cuyas raíces fundara el hoy presidente Álvaro Uribe, Colombia Democrática, se tome la decisión política de negar el aval a la aspiración reeleccionista de Eleonora Pineda en Córdoba y al pretendido ascenso político de Rocío Arias al Senado.

No hay duda de que dentro de los propósitos de la infiltración política paramilitar está eliminar la extradición, asegurar la impunidad de sus crímenes y ganarle legitimidad a un proyecto político intolerante en su ideología, armado en su accionar y narcotraficante en su financiación. Lo he dicho antes y lo reitero. El país no puede seguir en una farsa de cinismo colectivo en la que se minimiza la gravedad de las relaciones y los intereses que defienden estas congresistas, a quienes en noticieros y medios de comunicación se les anuncia como "amigas del proceso de paz". Ser amigo del proceso de paz no es lo mismo que ser amigo de delincuentes. Ni es aceptable que se usen las curules del Congreso para defender intereses que coinciden con los de criminales.

Junto al de Pineda y Arias, el senador Mario Uribe, primo del Presidente de la República y presidente del partido Colombia Democrática, se apresta también a dar el aval a Miguel de la Espriella, senador al que el mismo Presidente Álvaro Uribe denunció la semana pasada ante la Fiscalía, por las acusaciones de vínculos con el paramilitarismo que en su presencia se cruzaron De la Espriella y el senador liberal Juan Manuel López Cabrales. También habrá aval de Colombia Democrática para Álvaro García Romero, senador sucreño conocido como el 'gordo García', denunciado en debates en el Congreso por promover grupos paramilitares y por ser supuesto autor intelectual de las masacres de Chengue y Macayepo, que aquellos ejecutaron.

El ramillete de candidatos al Senado lo completa Carlos Higuera, segundo renglón del senador Carlos Arturo Clavijo, cuyas votaciones se concentraron en las zonas de control paramilitar en Antioquia, en donde su fórmula a Cámara fue Rocío Arias, en el sur de Bolívar, en los municipios frontera del departamento de Santander con Antioquia y el Cesar, y en la zona de Puerto Boyacá.

Y como para no olvidar los viejos tiempos, en las listas para Cámara de Colombia Democrática volverá a estar William Vélez, cofundador del partido y llave política eterna de Mario Uribe en Antioquia, célebremente recordado por las grabaciones que muestran sus vivas, discursos y aplausos en la década del ochenta a favor de Pablo Escobar y Alberto Santofimio, el primero autor material y el segundo, posible autor intelectual del asesinato del líder liberal Luis Carlos Galán.

¿Puede un partido que acoge ese tipo de candidatos llamarse Colombia Democrática? ¿Puede ese partido seguir haciendo campaña, usando recursos del Estado que aportamos con nuestros impuestos los colombianos? ¿Va el Presidente de la República a admitir que su primo siga usando y abusando de su capital político? Confiemos en que así como al Presidente no le tembló la mano para denunciar ante la Fiscalía a su compadre, el Senador Miguel de la Espriella, tampoco le tiemble para terminar con el abuso que de su nombre y su trayectoria política hace su primo, ni para clausurar de una vez por todas lo que algún día fue una iniciativa para crear un partido que representara los intereses democráticos de los colombianos. El mal llamado partido Colombia Democrática de hoy no tiene nada que ver con ese propósito. Vea votaciones de los miembros de Colombia Democrática en las pasadas elecciones Vea Historia de Colombia Democrática

Votación de Colombia Democrática en 2002

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