Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/07/10 00:00

¿Desmovilización o negociación?

"El proceso de desmovilización no se trata sólo de sacarle hombres a la confrontación. Es darles una opción a personas que, como yo, perdimos la fe en las armas", escribe Carlos Alberto Plotter, ex guerrillero de las Farc.

¿Desmovilización o negociación?

¿Desmovilizar o negociar? Esa es la pregunta estratégica que se tienen que hacer el gobierno y la insurgencia. La respuesta es: las dos. El proceso de desmovilización no se trata sólo de "sacarle hombres a la confrontación". Es darles una opción a personas que, como yo, perdimos la fe en las armas.

Hay que dejarles una puerta abierta a los combatientes que quieren dejar sus vidas en la montaña y que prefieren construir en la civilidad. Es una medida humanitaria, que no puede depender de que los superiores resuelvan sus pujas de poder y  afronten un proceso grueso de negociación. Pero ¿el gota a gota de las salidas individuales será la solución al conflicto?

Las experiencias de otros no se pueden desechar. En El Salvador, después de años de acumulación de fuerza política y militar y con una ofensiva sobre la capital, el FMLN se dio cuenta que la situación ya no era la misma. Que la población no estaba apoyando a la guerrilla de la misma forma, que los combatientes estaban desertando por cansancio de guerra, que la consigna de "hasta el tope" los disminuyó logísticamente y que el escenario internacional comenzó a no favorecerles en la correlación de fuerzas. Ante esta situación real, el FMLN supo hacer una lectura a tiempo. Trabajando desde las bases, sus dirigentes empezaron a realizar un esfuerzo diplomático hacia afuera y hacia adentro, para transmitir a sus combatientes que las firmas de los acuerdos de paz no implicaban la desmovilización de sus convicciones políticas. Ese trabajo hacia el interior de las estructuras permitió que todos hablaran un mismo lenguaje y abordaran el proceso político de reconciliación.

Sin hacer calco y copia, hay lecciones que  aprender. Casos similares se vienen presentando con nuestras organizaciones armadas. No hay acumulación política sobre la población, que es fundamental para cualquier organización alzada en armas con proyecto insurreccional. Y el cansancio de guerra afecta de manera directa a los combatientes que ven un continuo trasegar sin verdadera acumulación de la fuerza que se pueda poner al servicio de una posible ofensiva. No se avizora un vencedor en una lucha prolongada en la que la guerrilla se apega más al terreno como medio de producción y menos como elemento táctico. A esto se le tiene que sumar que el momento político internacional favorece los cambios inscritos dentro de los espacios de democracia, luego la correlación política de fuerzas no es la más ventajosa, y lo será cada vez menos. 

El FMLN siempre mantuvo la insurrección como objetivo ideal. Con el transcurrir de los años se prolongó el conflicto y el objetivo último fue perdiendo lentamente sus posibilidades reales, lo que dio paso a que cada una de las fuerzas, pero sobre todo la fuerza insurgente, se convenciera de la necesidad de darle al conflicto salvadoreño una salida negociada.

Las fuerzas guerrilleras en Colombia han estado más de 40 años en actividad de acumulación ascendiente, también con miras a lo insurreccional. Este proceso ha entrado en una fase de declive, porque lo militar ha suplantado lo político. La perspectiva de acumulación se diluye en el desgaste que resulta de la propia prolongación en el tiempo. De ahí la salida individual de combatientes que no ven proyección estratégica en la utilización única de las armas. La desmovilización individual, y ahora de compañías, como en el caso de las unidades del Frente Héroes de Anorí del ELN, van a continuar incluso dentro de las FARC. Pero ¿la desmovilización por fuera de procesos de negociación traerá una paz definitiva?

Una cosa hay que tener clara: a las FARC no las van a desparecer, ni se van a desmovilizar en su totalidad. Incluso si capturan a un miembro del secretariado, habrá otro que tome su puesto. En las FARC no hay espacio para el caudillismo. No son Sendero Luminoso, no se derrumbarán cuando falte su jefe máximo. Lo que hay que hacer entonces es construir escenarios para que ocurra una negociación estratégica, no táctica. Una negociación de verdad.

No es imposible. Por el contrario. Nuestro conflicto no presenta la combinación de los elementos que caracterizan las confrontaciones arraigadas: diferencias de raza, religión, cultura o idioma. Lo que hace falta es política, escenarios políticos."La política es el arte de lo real", como decía Ana Guadalupe Martínez, del FMLN. Si no hay posibilidad de triunfo militar a ultranza de ninguna de las partes, hay que ver que es "lo real".  Yo creo que es una solución política que no contradice los ideales y los propósitos de las organizaciones armadas sino que, para su propia sorpresa, viene a confirmarlos.

Claro que la solución no es fácil, pero no vale la pena tener actitudes fatalistas y derrotistas. No estamos condenados a la violencia. El propio Iván Márquez dijo en alguna ocasión: "ni el pueblo colombiano ni nosotros (las FARC) aguantamos 50 años en conflicto".  Existe entonces la posibilidad de encontrar caminos de entendimiento y de lanzar un verdadero proceso de paz.

¿Cómo hacerlo? Todos tienen que poner de su parte. El gobierno tiene que bajarse del discurso de que no hay conflicto en Colombia y reconocer que las FARC, gústele o no, son una organización que no apareció ayer. Aun con reelección, no me cabe duda de que en algún momento un nuevo gobierno Uribe tendrá que plantearse en serio un proceso de paz. Las FARC mismas tienen que dejar el dogmatismo y construir una agenda de negociación de verdad. Los comandantes tienen que convencerse y convencer a la tropa de que el tiempo se les está acabando, porque el mundo va para otro lado. Y todos los colombianos tenemos que insistir en que la guerra ya no vale la pena.

Los tiempos cambian y hay que saber reconocer las nuevas oportunidades. Con los problemas sociales que tiene el país y con la aparición de nuevas fuerzas políticas,  el futuro de la izquierda está en las urnas, no en las armas.

* Carlos Alberto Plotter se desmovilizó del Bloque José María Córdoba de las FARC, en 2003. Hoy estudia en el exterior.

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