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Opinión

  • | 2009/09/05 00:00

    Después de Bariloche

    Con la presencia Norteamericana en nuestras bases, Chávez no podrá seguir amenazándonos con sus aviones Sukhoi

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La reunión de Bariloche fue un éxito para Colombia, aún cuando no lo vean así quienes a toda costa se empeñan en demeritar y desconocer los logros del actual gobierno. Colombia ganó no sólo el respeto de sus vecinos a sus decisiones internas de seguridad nacional, sino que propició un avance importante para que Unasur se dote de una agenda de seguridad regional, al aceptar como propios temas que son fundamentales para la seguridad de los colombianos, al tiempo que logró aislar y relegar a un segundo plano la agenda de sus adversarios en la región.

En efecto, desvanecido el tremendo impacto mediático de una transmisión televisiva de más de siete horas continuas, y haciendo a un lado las antipatías personales entre algunos jefes de Estado suramericanos, lo que queda en claro es que en Bariloche por primera vez se enfrentaron cara a cara las dos agendas de seguridad regional que compiten por el favor de los países del área. Una es la que encarnan hoy los mandatarios de Venezuela, Ecuador y Bolivia, que señala la presencia de Estados Unidos como la primera y más importante amenaza para la seguridad regional, y que margina o desconoce otros temas como el terrorismo o el narcotráfico. De hecho, por ejemplo, para Chávez su prioridad es preparar a Venezuela y a sus Fuerzas Militares para repeler la que él considera inminente invasión de Estados Unidos, dizque para apropiarse del petróleo venezolano. Este disparate alucinado fue ridiculizado en esa reunión por el presidente peruano Alan García, cuando afirmó que los gringos no tienen ninguna necesidad de esa invasión, pues Chávez les vende cumplidamente todo el petróleo que ellos necesitan.

La otra agenda de seguridad regional es la que impulsa Colombia, en la cual las principales amenazas son, en su orden, el narcotráfico, el terrorismo, el tráfico ilegal de armas y el armamentismo. Pues resulta que todos estos temas fueron los que al final de cuentas quedaron incluidos en la Declaración de Bariloche para que el Consejo Suramericano de Defensa los comience a analizar para definir estrategias que fortalezcan la cooperación entre los países del área. De Unasur no salió un rechazo o una condena, ni una estrategia para acabar con la presencia militar norteamericana en Colombia o en cualquier país del área, como era el deseo manifiesto de Chávez, Correa y Morales.

Así, la reunión de Bariloche también fue muy favorable para la región pues, casi sin proponérselo y a propósito de un tema coyuntural como el acuerdo de cooperación militar entre Colombia y Estados Unidos, la recién nacida Unasur se ha dotado de una agenda de seguridad regional que va a orientar los esfuerzos comunes en este tema tan trascendental para los pueblos del área. Es una prueba de que, no obstante las diferencias y los matices políticos e ideológicos entre los mandatarios de turno, prevaleció la sensatez y en lugar de una agenda de seguridad simplista, contestataria y anacrónica centrada en el antinorteamericanismo, como la querían imponer nuestros vecinos andinos, existe en la mayoría de los Estados del área una comprensión clara de que hay amenazas más reales y actuales que debemos afrontar conjuntamente de manera urgente.

Pero, adicionalmente, Colombia no sólo obtuvo respeto a una medida que va a contribuir a seguir recuperando nuestra seguridad interna mediante la cooperación norteamericana en bases militares colombianas en el campo de la inteligencia para luchar contra el narcotráfico y el terrorismo. También logró el respeto a ese acuerdo que va a tener una importante significación en nuestra defensa externa, porque aún cuando esa presencia norteamericana en nuestro país no tenga ninguna capacidad ni propósito ofensivo, va a tener un efecto disuasivo real ante eventuales intenciones hostiles de adversarios externos.
 
En dos palabras, por ejemplo, con la presencia norteamericana en nuestras bases militares, Chávez ya no va a poder seguir amenazándonos con atacarnos con sus aviones Sukhoi. Después de Bariloche Colombia está más segura: ahora estamos protegidos por el paraguas norteamericano. De esta manera, además, nos hemos ahorrado las enormes compras de armamentos estratégicos para la defensa nacional que en los últimos años han venido haciendo, sobre todo, Brasil, Chile y Venezuela, lo que ha desatado una espiral armamentística que preocupa a otros países como Argentina y Perú. Este es un tema que Colombia también logró introducir en la agenda de seguridad regional en Bariloche.

En conclusión: en Bariloche Colombia hizo respetar una decisión propia y soberana de seguridad interna, logró el acatamiento de una acción legítima de defensa disuasiva, y dotó a Unasur de una agenda consensuada de seguridad regional. ¿Qué más quieren?.
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