Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2015/12/29 21:00

De la ruptura a la complejidad

Es imposible dudar hoy que un nuevo tiempo se vive y se avecina para Colombia. No es el tiempo de la paz. Es el tiempo de la complejidad.

De la ruptura a la complejidad Foto: Semana.com

El presidente Juan Manuel Santos y Timoleón Jiménez líder de las FARC se estrechan la mano mientras anuncian la firma del trascendental acuerdo sobre justicia. De ñapa, anuncian fecha para la firma del acuerdo definitivo de fin de su guerra. Altas jerarquías del Ejército y las FARC trabajan en la mesa de La Habana por meses y desarrollan acciones conjuntas contra las minas antipersonal en Antioquia y Meta. El presidente Santos y el expresidente Belisario Betancur piden perdón público ante el país y la comunidad internacional por crímenes de Estado cometidos luego de la toma del Palacio de Justicia en 1985.

Las FARC lloran los asesinatos de Bojayá, Timochenko ordena cesar la instrucción militar y suspender la adquisición de armas a sus tropas. El comandante general de las Fuerzas Militares anuncia cambios en la doctrina militar que orienta sus hombres y recursos. Con participación de la Armada Nacional se logra el hallazgo del galeón San José naufragado en tiempos de la colonia y podríamos seguir enumerando temas: uso medicinal de la marihuana, legislación sobre matrimonio gay, adopción por parte de parejas del mismo sexo, en fin, novedades que rompen el discurrir de los últimos 50 años del país. Es imposible dudar que un nuevo tiempo se vive y se avecina para Colombia. No es el tiempo de la paz. Es el tiempo de la complejidad. Porque del blanco y negro en que nos hemos movido por décadas, desde ahora y por el bien de las nuevas generaciones tendremos que reconocer aceptar y valorar cada tonalidad de gris.

Esa es la prueba que el 2016 nos pondrá a todos.

No hablo de la aceptación y convivencia con los colombianos y colombianas que formaron parte de las FARC y del ELN con quienes seguro también se firmaran acuerdos para el fin de esa otra guerra, hablo de la manera de abordar los debates y las diferencias entre las políticas de Estado y las visiones de cada sector social y económico.

Antes que nada, debemos abandonar la idea sobre la mala fe que inspira al contradictor: al empresario, al sindicalista, al inversionista agroindustrial, al campesino que defiende la parcela familiar, al maestro sindicalizado, a la ministra de educación, a los ambientalistas que defienden su punto de vista, a la industria extractiva, al indígena que reclama la tierra, al cultivador de caña de azúcar, en fin, a cada uno de los que defiende legítimamente su interés. En el nuevo escenario debemos ser capaces de construir un clima que impulse la economía con apego a criterios de inclusión, desarrollo y equidad.

¿Cómo definir el salario mínimo del 2017 sin la amenaza del paro o la indolencia que vemos en medio de las bonanzas vividas por las empresas durante los últimos cinco años?

La vendedora tentación de mantener la inercia de la polarización y la confrontación a como dé lugar debe ser desechada por facilista e improductiva. Nadie puede declararse vencedor en esta Colombia del desastre de la que empezamos a salir. Ni los Santodomingo ni don Luis Carlos Sarmiento, ni ninguno de los multimillonarios colombianos son vencedores de nada, odiados por quienes ni siquiera los conocen, encerrados en sus torres de escoltas y aduladores interesados. No son vencedores un ejército y unas guerrillas en el espanto de sus violencias degradadas, sucias las banderas que un día enarbolaron, no es vencedora una clase política desprestigiada y corrompida hasta el tuétano. Claro, desde luego cada uno tiene sus pírricas victorias, sus brillos de humanidad e incluso de valentías no conocidas y de sobrehumanos esfuerzos para conseguir propósitos. Pero esa guerra no ha sido un resorte que nos impulse a mejores estadios sino un lastre, un pesado lastre que desperdició demasiadas vidas e ilusiones y que hoy gracias al arrojo de Santos parece abandonarse para no ser repetida.

Por lo anterior y más, el 2016 es el año que más complejidades y retos nos plantea. Por ello cae bien desearles un feliz año y agradecer a ustedes su lectura.

ajimillan@gmail.com
@alvarojimenezmi

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