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Opinión

  • | 2014/01/20 00:00

    ¿Para dónde va Bogotá?

    El procurador Ordóñez no buscó enderezar el rumbo de Bogotá, sino ahondar su crisis. Actuó desmesuradamente para que sus aliados sacaran provecho político.

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Más allá del pulso político entre el procurador Alejandro Ordóñez y el alcalde Gustavo Petro, la pregunta que debemos hacernos es para dónde va Bogotá porque la soberbia de cómo ambos personajes defienden sus criterios le están causando un enorme daño a Bogotá.

Luego de la destitución del alcalde, la ciudad ha quedado atrapada en una preocupante crisis institucional y en un limbo jurídico impredecible. Las tensiones tienen a la administración de Bogotá paralizada y la suerte del gobierno de Petro ha entrado en un debate jurídico que no sabe con acierto cómo y cuándo se va a desenredar.

Indudablemente, después de la desastrosa administración del exalcalde Samuel Moreno y las consecuencia de toda la estructura mafiosa y corrupta que montó con el cartel de empresarios para saquear el fisco distrital, se requería de un alcalde con calidad de estadista que pusiera orden en la casa y sacara a la administración del lodo de la corrupción y de la fetidez ética que la habían sumergido los Moreno.

El reto para Petro era grande. Tenía la responsabilidad de rescatar a Bogotá de las garras de las mafias de los Moreno y de otras agazapadas que históricamente han saqueado la ciudad y direccionar su rumbo. Pero a Petro le faltó táctica y acierto en su estrategia para limpiar la administración de las lacras del ‘carrusel de la contratación’ y de otros carteles de saqueadores que han desangrado a la ciudad.

Petro fue prepotente en su estrategia de su modelo Basura Cero que incluyó a la población recicladora de la ciudad en el negocio de las basuras. Se equivocó al querer cambiar el modelo y combatir la corrupción impulsando una lucha de clases entre ricos y pobres para sacar del pastel a ciertos círculos del poder económico bogotano que llevan décadas controlando oscuros negocios en el Distrito.
 
Subestimó el poder de las estructuras de las mafias al interior de la administración y sus estrategias de defensa de sus intereses, igual que el complot de los empresarios de las basuras de generar el caos para sacarlo del cargo. Los mismos que han utilizado sus nexos económicos y políticos con influyentes líderes de opinión de los medios de comunicaciones para ensombrecer su administración. 

Pese a que su Plan de Desarrollo Bogotá Humana, tiene un enfoque social jamás visto en la historia reciente del Distrito, no lo ha podido desarrollar porque la oposición no sólo la ha tenido en el Concejo Distrital, sino en los más influyentes círculos económicos, políticos y sociales de la ciudad. Un tema clave para comprender para dónde va Bogotá y quiénes son otros los líderes de los círculos del poder capitalino que están detrás de Ordóñez.

La administración de Petro ha tenido graves errores que se han reflejado en una constante ingobernabilidad hasta el punto que del presupuesto del 2013, se quedaron sin ejecutar $ 5.4 billones, equivalente a más del 30 % del presupuesto. 

Su apuesta a la reforma del sistema de recolección de basuras fue mal planificada. Pero el procurador Ordóñez no investigó el complot que armaron los empresarios con las basuras. Por el contrario se amparó en él para destituir a Petro.

Es evidente que el procurador con su fallo no buscó enderezar el rumbo de Bogotá, sino ahondar la crisis. Sabía que no tiene mismo impacto destituir el alcalde de Zipaquirá o Armenia que al alcalde de la capital del país. Por lo tanto, la parálisis que vive Bogotá no es sólo responsabilidad de Petro, sino también del procurador, del uribismo y del partido Conservador. Ellos le apostaron al crear el caos porque lo que está en juego es el control del poder en una ciudad de más de ocho millones de habitantes con un presupuesto de $ 14.7 billones.

Ellos, como buenas aves carroñeras, esperaron que Ordóñez les entregara el cadáver político de Petro para devorarlo. Ellos son saben que Petro es diestro en arengar masas y que además de su defensa jurídica, saldría a defenderse en la plaza pública; la ciudad se paralizaría y la administración entraría en un limbo.

Ese fue su plan. Tanto Ordóñez como sus aliados sabían que su decisión sumergía a Bogotá en un despelote, un tema que la opinión pública tiene que comenzar a evaluar. El procurador, cuya una de sus funciones es procurar por el bien de la ciudadanía, tenía que haber evaluado los alcances de su medida pero actuó con sevicia para generar anarquía y sacar provecho político.

En Twitter: @j15mosquera
jemosquera@une.net.co
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