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Opinión

  • | 2013/12/16 00:00

    La pifia del procurador Ordóñez

    El procurador con la destitución de Petro hizo una pésima lectura de la coyuntura política, tanto interna como externa y terminó convirtiendo en héroe a un pésimo alcalde.

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“No existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia”. Con esta célebre frase de Montesquieu, se explica de manera sucinta el polémico y arbitrario fallo del procurador Alejandro Ordóñez en contra del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. 

Petro ha demostrado ser un buen político, hábil, calculador y diestro en movidas políticas, pero pésimo administrador. Son evidentes las torpezas como ha afrontado los problemas de la ciudad, los desaciertos administrativos y su forma soberbia, arrogante y pedante de gobernar, tenían a su administración al borde del colapso. 

Por su autismo y las pugnas con sus subalternos, su administración venía de capa caída, se desmoronaba paso a paso y era claro el despelote en su gestión del gobierno. Las reiteradas renuncias de sus colaboradores y los cambios en su gabinete son muestras de sus improvisaciones y de la manera autoritaria como gobierna. 

Pero el fallo de Ordóñez lo convirtió en un fenómeno político mediático siendo un mal alcalde. Dice un refrán que todo hombre tiene su ángel de la guarda y el de Petro resultó siendo el procurador Ordóñez, quien lo sacó de la hoguera, en donde se chamuscaba con el combustible de sus propios desaciertos. Nadie contaba con la astucia de Ordóñez, que resultó ser un buen bombero que lo rescató de las llamas.

Lo curioso de este caso es que Petro, que venía en descolgada, luego de su destitución pasó a tener una imagen favorable de un 30.4% a un 50.6%, la más alta desde que asumió el cargo. Todo por cuenta del dogmatismo político de Ordóñez y sus aliados de la ultraderecha, quienes en su afán de borrar a Petro del escenario político no sólo lo convirtieron en un mártir, sino que han propiciado una coyuntura para la unión de la izquierda.

Fue tan pésima la movida política de Ordóñez con la destitución, que él mismo se propinó un nocaut y ha quedado tendido en la lona de su propio cuadrilátero. 

El procurador hizo una pésima lectura de la coyuntura política, tanto interna como externa. En el plano interno creyó que por su poder inquisidor, el miedo que infunde en los funcionarios públicos por la arrogancia como maneja sus superpoderes, los colombianos aplaudirían la destitución de un alcalde que hace una pésima administración y con esa decisión le pondría un palo en la rueda al proceso de paz, pero se equivocó. 

No calculó que buena parte de la sociedad rechaza sus posiciones políticas medievales y clericales frente a temas como el aborto y el matrimonio entre parejas del mismo sexo y que estaba a la acecho de cualquier equivocación de su parte.

Además por otras destituciones con tufillo político de otros funcionarios había molestias, pero que no habían tenido las repercusiones que ha tenido la destitución del alcalde de Bogotá. Sin embargo, con el caso de Petro se rebasó la copa de la arrogancia de Ordóñez por como está conduciendo el Ministerio Público, que si bien ha hecho una destacada labor, tiene una actitud antidemocrática y autoritaria que demanda de un tatequieto.

En el plano internacional, tampoco hizo una lectura apropiada sobre el impacto que tendría la destitución de un alcalde que llegó al poder. El error político de Ordóñez fue tan monumental como el tamaño de la Catedral Primada al destituir a un alcalde de un partido de izquierda, en medio de unas las negociaciones de paz con el grupo guerrillero más antiguo del mundo y cuando la atención mundial giraba en torno a la obra reconciliadora de Mandela.  

Era evidente que en ese contexto, la destitución de un alcalde desmovilizado que gobierna la capital de uno de los países más importantes de América Latina, tenía un impacto político internacional fuerte. 

El procurador se pifió y por eso la reacción internacional ha sido de respaldo a Petro, que es visto como una víctima y un perseguido político de la ultraderecha colombiana que no quiere la paz y que con fallos políticos, injustos y desproporcionados como este, buscan silenciar a los líderes de los movimientos políticos progresistas en Colombia.

En Twitter: @j15mosquera
jemosquera@une.net.co
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