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Opinión

  • | 2011/09/28 00:00

    Desuribizar la guerra

    Es decir, desuribizar la corrupción sería retroceder la historia a 2002, para borrar en el tiempo todas las violaciones a la ley. En suma, un imposible metafísico.

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Jamás pensé escribir una nota con este título, pues mi imaginación no da para tanto: crear un nuevo verbo del idioma español. Pero ahora que el Procurador, Alejandro Ordóñez, lo ha creado, proponiendo desuribizar la corrupción, lo tomo prestado para utilizarlo en relación con la guerra: desuribizar la guerra. Aunque lento y difícil, es realizable. Mientras que la misión que se propone el Procurador es imposible de llevar a feliz término. Para desuribizar la corrupción, el expresidente Uribe tendría que revocarles el nombramiento que les hizo a Jorge Noguera, Sabas Pretelt, Andrés Felipe Arias, Bernardo Moreno, María del Pilar Hurtado, entre otros; que les ordenara a sus hijos que volvieran rurales los predios del municipio Mosquera, como eran antes de que ellos los hubiesen adquirido, y de que los subalternos del expresidente se los hubieran convertido en zona franca; que resucitaran los 2.701 jóvenes asesinados bajo la modalidad de falsos positivos; que se revocara la reforma constitucional de 2004 y que con esa revocatoria se borraran los delitos de cohecho, que la Corte Suprema halló probados para condenar a Yidis y Teodolindo. Es decir, desuribizar la corrupción sería retroceder la historia a 2002, para borrar en el tiempo todas las violaciones a la ley. En suma, un imposible metafísico.

En cambio, desuribizar la guerra no sólo es posible, sino necesario y urgente. Es más, no habrá paz mientras la guerra esté uribizada. Varias cosas hay que hacer para desuribizar la guerra. El primer paso ya lo dio el presidente Santos: declaró que existe conflicto. Sin embargo, la verdadera desuribización de la guerra la comenzó a hacer el comandante general de las Fuerzas Armadas, Alejandro Navas. En efecto, en entrevista para El Espectador, el domingo 11 de septiembre del año en curso, no sólo aceptó que en Colombia existe una guerra, sino que habló de todos sus elementos y características: existencia de una contraparte, a la que llamó enemigo. De éste dijo que había entrado “en un debilitamiento estratégico”, pasando de “una guerra de movimientos a una guerra de guerrillas”. Implícitamente aceptó que la causa de esa guerra, es de orden social, porque cuando el periodista le preguntó, por qué si ya habían muerto Marulanda, Rúl Reyes, el Mono Jojoy e Iván Ríos, la guerrilla continuaba ahí, el general Navas contestó: “Aspiramos a que se dé un final terminando este gobierno, con los planes de inversión social y de consolidación”.

Al hablar de la humanización de la guerra dijo que los falsos positivos eran “una página negra a la que ya le estamos dando la vuelta. Y tenemos la firme convicción de que no va volver a ocurrir”, pero que “quizá esta sea la primera guerra en el mundo que se está ganando con la observancia de la aplicación correcta de los derechos humanos”. Y, por sobre todo, tuvo una actitud esencial para desuribizar la guerra: a pesar de tener en el campo de batalla a un enemigo, no lo vio como una culebra, sino como un ser humano, igual a él. Cuando le preguntaron qué le diría a Cano, contestó: “Que piense en el aspecto humano, ya que tiene la capacidad psicológica y académica para hacerlo”. Los planteamientos formulados en la entrevista, los repitió en el programa de televisión Pregunta Yamid, durante los días 13 y 14 de septiembre, convirtiéndose estas presentaciones en verdaderas proclamas de guerra. En síntesis, el general Navas, reconoció la verdad: existe una guerra. Eso es ya un adelanto. Y, entrados en gastos, los colombianos, después de desuribizar la guerra, tenemos que desuribizar la política y, finalmente, desuribizar la sociedad: quitarle la alta dosis de odio que nos está matando.

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