Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2000/03/27 00:00

Día sin Peñalosa

Peñalosa podría estar perdiendo las primarias presidenciales en Bogotá, 41393

Día sin Peñalosa

La ciudad que soñamos tambiEn podemos imaginarla sin el alcalde Enrique Peñalosa. De él se ha dicho que se ha preparado como el que más para ser alcalde de Bogotá, y sus ideas sobre el desarrollo de la ciudad, aunque copiadas del primer mundo, son bastante originales. Pero lo que es realmente grave es que las pone en práctica.

Si soñamos por un día, a manera de reflexión, cómo sería

la ciudad sin Peñalosa (sueño que puede durar de 6:30 a. m. a 7:30 p. m.), no se verían bolardos, afeando las aceras y colocados en partes impensadas. Se les dijo a los ciudadanos: “Escriban, quiero bolardos frente a mi casa o negocio y allí se le pondrán”. ¿Es esto planeación urbana? Nadie ha sabido qué hacen esos boliches de hormigón en algunas zonas verdes como el separador de la vía a El Dorado. ¿Evitar que los camperos salten por encima del verde? Lo hacen las motos por entre los bolardos y los carros altos por las partes extensas en que no los hay, ni podría haberlos. Porque es muy difícil conseguir la disciplina social con barreras físicas.

Sin este alcalde, estoy seguro de que la carrera 13 de Bogotá, entre calles 28 y 68 habría tenido un mínimo de mantenimiento y no sería la más abandonada y apenas carreteable avenida, siendo de tan importante circulación. ¿Es de un presidenciable o de un hombre del año semejante abandono? Ahora veo trazada una inquietante línea amarilla, en el borde oriental, que podría significar ciclorruta, o que por allí se reduciría la calzada y se ampliaría la acera, ya de suyo bastante ancha. O, tal vez sea para indicar a los automóviles que no se acerquen a ese borde, en que el descuido oficial ha dejado al descubierto los nostálgicos rieles del tranvía. (Hay que ver el último libro de Sady González, cuyas fotografías en blanco y negro de los años 40 ha recopilado su hijo el periodista Guillermo González Uribe. Allí los tranvías Nemesias y Lorencitas, bajo la lente del extraordinario fotógrafo).

Un día soñado sin el alcalde, las avenidas esclerosadas volverían a tener sus carriles normales. ¿Puede un funcionario, por sí y ante sí, estrechar las vías de circulación autorizada? En la afamada 15 se está disfrutando por el momento de un buen patinadero para los autos. Ruedan delicioso, aunque se ha perdido un carril. Las aceras inútiles (la gente no camina si no hay seguridad) ni siquiera se unieron al borde de las edificaciones, y en el empate con el viejo andén hay una serie de altibajos, en extraña mezcla de materiales. Los bolardos y cojines de cemento por todas partes ya han sido objeto de acciones de amparo en favor de los invidentes.

Yo, la verdad, no entiendo cómo un ciudadano, elegido alcalde de una ciudad como Bogotá, pueda hacer y deshacer a su antojo, recortando la circulación de vías, repitiendo la construcción de andenes en regular uso, atropellando la propiedad de lo que de repente le parece bonito y bien cuidado. De lo que estoy seguro es de que el alcalde no enviará la policía montada para el desalojo del Country Club, y que aquí la reubicación de los socios será mejor estudiada que la de los indigentes del Cartucho.

Un día sin el alcalde Peñalosa Londoño tendríamos a un funcionario sin miras electorales, que, si bien discretas, han logrado que sus amigos cercanos en los medios de comunicación, lo señalen para una candidatura presidencial.

Un día en que se controle la población de vehículos en una forma menos arbitraria. Porque nada se hace por restringir el ingreso de novísimas marcas y estilos, todos autos pequeños y rasantes del piso, absolutamente inadecuados para la ciudad de Peñalosa. He llegado a pensar que las calles se mantienen abandonadas para desestimular el uso automotor, pero sin tocar la importación y fabricación, pues ello afectaría la economía de mercado

Un día sin Peñalosa nos privaría de las ‘homilías’ del canal Bogotá, en que sus manos de dominus vobiscum simulan la más bondadosa concepción urbana, para una mejor calidad de vida, cuando lo que han significado en la práctica es un estilo policivo, castigador y persecutor, de grúas, ganzúas y cepos, y de patios del tránsito, donde —como lo dan a entender los lectores de los grandes diarios— se humilla al ciudadano y se le da un trato inclemente, 2.600 metros más cerca de hacerlo ver las estrellas.

Un día sin ‘míster Henry’ no nos daría la felicidad urbana, pero sí la esperanza de que alguien llegue a su puesto, con mejor criterio de prioridades, con una mayor medida en el gasto, con un gusto menos plano y menos sujeción a criterios personales, así como con un mayor control por el Concejo de la ciudad.

Y con menos propaganda personal y de las distintas alcaldadas, pues la noche de anoche (escribo en miércoles), Henry nos ha dicho, para ante Yamid y algunos estudiantes que 30.000 millones anuales en el rubro de publicidad son nada frente a un presupuesto urbano de ocho billones. ¿Entonces, si hay dinero, es para malgastarlo? Peñalosa podría estar perdiendo las primarias presidenciales en Bogotá.

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