Martes, 17 de enero de 2017

| 2000/06/05 00:00

Diccionario de la corrupción

El novedoso lenguaje que se está utilizando en el Congreso en los debates sobre corrupción es digno de ser coleccionado

Diccionario de la corrupción

En el curso de los debates recientes sobre corrupción en el Congreso, viene utilizándose un novedoso lenguaje que vale la pena ir coleccionando. Aquí va la primera remesa, para que quienes aspiran a entender los debates de los próximos días se ayuden con el siguiente diccionario de palabras y expresiones: Longaniza: Del latín luncanicea, pedazo largo de tripa angosta rellena de carne de cerdo picada y adobada. // Paquete de puestos a disposición de un gobierno para repartir con criterios clientelistas. (“¿Qué parte me toca de la longaniza?”.) Marrana: Hembra del marrano. La que procede o se porta mal o bajamente. // Burocracia disponible para pagar favores o comprar alianzas. (“Repartámonos bien la marrana’’.) Renovador: Del latín Renovator. El que renueva. // Tener derecho propio a una representación en la burocracia. (“Los pastranistas se están quedando con todo, y a los renovadores no nos están dando nada”.) Mamar de la teta: Del latín mammare. Atraer, sacar, chupar con los labios y la lengua la leche de los pechos. // Hacerse adjudicar parte de la burocracia de un gobierno. (“Aquí todos están mamando de la teta del gobierno”.) Abrirse de piernas: Aceptar puestos del gobierno a cambio de apoyar sus proyectos en el Congreso. (“Todos se abren de piernas cuando oyen el nombre del Secretario de la Presidencia”.) Incestuosa: Del latín incestuosus. Adj. Que comete incesto. Perteneciente a este pecado. // Dícese de la relación que existe entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo. (“Este gobierno y este Congreso mantienen una relación incestuosa”.) Incubo: Del latín Incobus. Dícese del espíritu, diablo o demonio que, según la opinión vulgar, tiene comercio carnal con una mujer bajo la apariencia de varón. // El que se corrompe recibiendo puestos. Súcubo: Del latín Succubus. Dícese del espíritu, diablo o demonio que, según la superstición vulgar, tiene comercio carnal con un varón bajo la apariencia de mujer. // El que corrompe a otro ofreciéndole puestos. (“Puede que aquí el Congreso sea el íncubo, pero el gobierno es el súcubo”.) Chupar: Sacar o traer con los labios el jugo de una cosa. // Conseguir puesto en la burocracia. (“A ese le han dado tanto puesto, que los tiene a todos chupando”.) Rajarse: Bajarse del bus. (“Casi todos los renovadores se le han rajado al gobierno después de la propuesta de revocar al Congreso”.) Puestear: La habilidad de levantar puestos. (“A mí si no me da pena puestear”.) Payaso: Del latín pagliaccio. Titiritero que hace de gracioso, con traje, ademanes y gestos ridículos. // Adjetivo que recibe un congresista citante a un debate por parte del funcionario citado. (“A juzgar por la seriedad de sus acusaciones, usted, senador, es un payaso”.) Pa’Chucho: Vulg. Expresión coloquial que se utiliza antes de decir algo que se aspira a que sea creíble. Generalmente se acompaña poniendo los dedos en forma de cruz sobre la boca, a los cuales se les da un beso. (“Pa’Chucho, señor Secretario de la Presidencia, que lo que usted dice no es cierto. Yo nunca he lavado dinero”.) Berraco: Del latín Verres .Escrita con V pequeña, la palabra significa cerdo padre. Escrita con B larga, adjetivo que le adjudican al Presidente los partidarios del referendo. (“Este Presidente sí salió berraco”.) Mapear: Del sustantivo mapa. Repartición burocrática de un departamento entre rivales políticos. (“Cuando nos mapeamos el departamento del Atlántico, a mí me tocaron el Incora y el Sena y el Seguro Social, y a él la Dian”.) Faltonear: Del verbo faltar. Con base en el ‘mapeo’, prometer un puesto que después no se entrega. (“A mí el gobierno me faltoneó con la dirección de la Dian”.) Bombear: Arrojar o disparar bombas de artillería. // Sacar o trasegar agua u otro líquido por medio de una bomba. // Enviar multitud de hojas de vida al gobierno, simultánea o sucesivamente, para obtener una buena tajada de la torta burocrática. (“Yo sí confieso que le bombeé 50 hojas de vida al señor Secretario de la Presidencia”.)

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