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Opinión

  • | 2016/02/22 14:56

    Biciosos

    Bogotá es la mejor ciudad para el uso de la bicicleta, de acuerdo con un estudio del BID del año 2015, pero si el Distrito Capital quiere aumentar el uso de las dos ruedas, debe trabajar en varios asuntos.

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Biciosos es el título del libro de Pedro Bravo que muestra cómo las bicicletas están transformando las ciudades y a sus habitantes. En los últimos años se ha venido creando una nueva generación de ciudadanos de todos los estratos que encuentran en la bici un nuevo estilo de vida; uno más sostenible, más saludable, más cívico y más democrático.

En las conversaciones con ellos es evidente que son “biciosos” de su tema y su compromiso con una nueva vida urbana. Carlos Rodríguez, de Bosa Porvenir, obrero y padre de familia de cinco hijos, y Andrea Fajardo, estudiante universitaria del Barrio Palermo, son un reflejo de esta nueva generación de bogotanos. El primero inicia su jornada a las 5: 30 a. m., se monta en su caballo de acero y sale de Bosa en dirección norte a la construcción en la que labora. A la salida de Bosa y por la ciclorruta de la Avenida Ciudad de Cali se encuentra con los miles de biciusuarios, es impresionante la cantidad de personas que transitan en bicicleta por esa ruta. Hay congestión de ciclas y bicitaxis. Luego recorre la Avenida Primero de Mayo y toma la ciclorruta de la Avenida Boyacá para llegar a la construcción donde trabaja. “Es largo, pero la ciclorruta es un milagro, me muevo libre y sin tanto estrés”. Andrea, por su parte, sale de la residencia de donde vive en Palermo y se demora 15 minutos hasta la Universidad Javeriana. Toma el nuevo bicicarril de la calle 39 y llega pronto a su universidad. “La bici me cambió la vida, llego a la U sin afanes, lo único demorado ahora es el parqueadero, cada vez más gente lo usa”

Bogotá es la mejor ciudad para el uso de la bicicleta, de acuerdo con un estudio del BID del año 2015. Tiene una red de 392 km de ciclorrutas. La segunda ciudad es Rio de Janeiro, con 307 km. Dicha infraestructura fue pionera en el mundo y ante la inminente congestión vial y el deterioro del sistema de transporte público, cada vez hay más biciusuarios. Cerca de 600.000 viajes a diario en la ciudad se realizan en bicicleta. El 5 % de los viajes que realizan los ocho millones de habitantes. Dicha red y la tradicional ciclovía de los fines de semana, a la cual asisten más de un millón de personas, han creado en el Distrito Capital una cultura muy arraigada y creciente del uso de la bici.

Los biciusuarios disfrutan el doble de su viaje al trabajo o al estudio; se sienten empoderados como ciudadanos no sólo porque contribuyen al medio ambiente, sino porque ahora son admirados y cada vez más relevantes en las calles de la ciudad.

Comparadas con las del carro, las demandas de espacio de la bici son mínimas; 10 ciclas se pueden parquear donde sólo cabe un carro y el espacio de las ciclorrutas o los nuevos bicicarriles manejan 10 veces más que el volumen de tránsito que una avenida para automóviles. La bicicleta es barata, su combustible es gratis y realmente se disfruta. Bogotá demostró que si hay un urbanismo que privilegia la construcción de infraestructura para bicicleta y caminantes, la demanda vendrá por sí sola.

Los mayores retos y desafíos que enfrentan los ciudadanos que usan bicicleta en Bogotá son la inseguridad y la falta de cultura ciudadana y de un sistema que les permita intercambiar a otros modelos de transporte. En el año 2015, se presentaron más de 1300 robos de bicicletas en dos modalidades; hurtos en parqueaderos y una modalidad reciente que es la de hurtos cuando se está en movimiento. Han surgido ya mafias que roban, desguasan las bicicletas y distribuyen sus partes a otras ciudades, inclusive, las de alta gama son enviadas a la ciudad de Quito. La falta de respeto a los biciusuarios por parte de los conductores de automóviles, y en particular de los de buses y taxis, es otro de los riesgos frecuentes. Falta mucha cultura ciudadana para privilegiar a peatones y biciusuarios, aún se les ve como estorbos o débiles en la vía, en algunos casos verdadero matoneo cuando van por una ruta.

Los ciudadanos que usan bicicleta en general tienen una característica en común: son caminantes y usan frecuentemente el transporte público. Bogotá, a pesar de ser una ciudad con alta densidad, es extensa. Lo ideal para un biciusuario sería poder usar su bici hasta una estación de Transmilenio, dejarla en un parqueadero o poder subirla al bus y dirigirse a su destino sin mayor inconveniente. Hoy, los parqueaderos para bicicletas son muy pocos y los que existen en portales y unas pocas estaciones son limitados en su capacidad. El sueño para muchos sería poder llegar a montar su cicla en cargadores especiales al frente de los buses de Transmilenio o SITP y, por qué no, en los taxis.

Si el Distrito Capital quiere incrementar la cultura y el uso de la bici, tiene que avanzar en varios frentes; en primer lugar, mejorar la seguridad; crear un Registro Único de Bicicletas y una verdadera protección de la Policía en los puntos críticos de hurto y riesgo. Hay que recuperar la confianza de todos los ciudadanos; biciusuarios tradicionales y nuevos para que salgan a recorrer la ciudad con tranquilidad. Dentro de la nueva política de movilidad, la bicicleta debe ocupar un papel prioritario, en particular para implantar un sistema público de bicicletas que permita a los ciudadanos arrendar una bici en un punto y desplazarse por corredores a otro sitio y entregarla para seguir su camino. Finalmente, hay que ponerse metas locales de uso de la bici; localidades como Suba, Bosa y Kennedy podrían promover internamente un mayor uso de la bici, pues no sólo ya tienen la cultura, sino el tamaño y la infraestructura para que sus ciudadanos la usen frecuentemente.

Cada vez en la ciudad crecen más los grupos y colectivos de bicis, cada vez hay más emprendedores dedicados a hacer del uso de la bici una iniciativa sostenible; a todos ellos hay que promoverlos y apoyarlos. Varias compañías han comenzado a incorporar ya no sólo parqueaderos para ciclas, sino también sistemas de préstamos para sus empleados. Lo mismo sucede con las universidades. Alrededor de esta red de colectivos, emprendedores y biciusuarios se está creando una nueva ciudadanía que piensa y actúa sostenible y quiere vivir mejor.

La bicicleta debe ser una de las modalidades de transporte de la ciudad, no abogamos porque desaparezca el carro y sólo se monte en cicla, sino para que se le dé un papel más preponderante dentro del futuro de la ciudad. Ahora la pregunta es: ¿Usted ya monta en bici? Atrévase, vivirá la vida en Bogotá de otra forma. “La vida es como montar en bicicleta: para mantener el equilibrio, hay que seguir pedaleando”, Albert Einstein.

*Concejal de Bogotá

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