Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2016/05/11 17:59

¿Emprender o sobrevivir?

Los emprendedores son motores de transformación de la realidad económica, social y política de nuestra sociedad.

Diego Molano Aponte. Foto: Guillermo Torres

Son ciudadanos visionarios, innovadores, arriesgados  y que tiene la capacidad de convertir una idea, en realidad. Movilizan todos los recursos e ingenio posible para crear riqueza y prosperidad en una ciudad.

Sebastián Siachoque es un joven que, desde cuando se graduó de la universidad, se  asoció con sus colegas y creó varias empresas que involucran tecnología y uso de plataformas digitales. Doña Gilma Ramírez es una mujer de Ciudad Bolívar, que tiene la idea de conseguir unas máquinas de coser y  prestar servicios como satélite para hacer terminados de confección de ropa.  ¿Son Sebastián y Doña Gilma emprendedores? ¿Debería una ciudad apoyarlos? ¿Sería mejor solo apoyar a los que tienen potencial de crecimiento?

Bogotá es una ciudad emprendedora;  diariamente más de 900 emprendedores se presentan a las diferentes entidades de fomento y apoyo para la creación de nuevas industrias. Allí llegan con todo tipo de ideas de negocio para recibir capacitación, asistencia técnica,  capital o  solicitud de crédito. La Capital de la República tiene la base empresarial más amplia en el país y la de mayor creación de empresas. En  el año 2015 se registraron 61,132 empresas, representando casi el 25% del total de las registradas en Colombia. El estudio de monitoreo global del emprendimiento, señala  que en el Distrito Capital más de un millón de personas anualmente se involucran en actividades empresariales, con la consecuente demanda de servicios.  95% de las empresas de la ciudad son micro, pequeñas y medianas, su aporte a la generación de empleo es importante, pero tienen muchas limitaciones en su proceso productivo.

Existen tres tipos de emprendimiento; el de subsistencia, que corresponde a cuando una persona con bajo nivel educativo y casi siempre con alto nivel de vulnerabilidad, crea un negocio, cuyos ingresos le permiten lograr un mínimo de subsistencia para él mismo y su familia. Luego está el emprendimiento tradicional, que se da cuando se crea una pequeña empresa en sectores tradicionales como el calzado, confecciones, alimentos u otros, casi siempre los emprendedores tiene un nivel educativo alto y con acceso a cierto capital de familiares y amigos. Finalmente, está el emprendimiento de alto impacto, es aquel que incorpora rápidamente innovación y cambia las reglas de juego del mercado. Se podría afirmar que unos son emprendedores por oportunidad y los otros por necesidad. Debe una ciudad como Bogotá apoyar a un tipo especial de emprendimiento?, la verdad es que con las condiciones de desarrollo que enfrentamos y la diversidad de población que tenemos, se deberían apoyar a todos los emprendedores. Cada uno aporta de manera significativa al bienestar de la comunidad y de su entorno.

El emprendimiento  impulsa el crecimiento económico, genera empleo y riqueza, mejora las condiciones de vida de la población y promueve el uso sostenible de los recursos naturales.  Preocupa por ello, el poco presupuesto y relevancia que se le ha dado al tema en el Plan de Desarrollo “Bogotá, Mejor para todos” del alcalde Enrique Peñalosa. Si bien es cierto, se menciona un programa de desarrollo económico y uso del conocimiento para mejorar la competitividad de la ciudad-región, los lineamientos son muy generales y pareciera que no abordarán toda la problemática que enfrentan los emprendedores distritales.

El 60% de las empresas que se crean desaparecerán en los dos años siguientes, enfrentarán lo que los técnicos llaman el valle de la muerte, comienzan a vender y crecer, pero llegan a un punto donde ya se gastaron todo su capital y no hay nadie que les preste. Las que sobreviven de este paso, seguramente tendrán una proyección futura muy exitosa, pero otras lamentablemente fallarán. Son varias las razones; falta de capital,  asistencia técnica inadecuada, malas prácticas industriales, poco tamaño de mercado y limitada innovación.

Bogotá debería avanzar en convertirse en la capital del emprendimiento de América Latina, ello requiere decisión y unión de esfuerzos. Es necesario consolidar un ecosistema de emprendimiento que tenga en el gobierno local un promotor vital, que involucre a las fundaciones privadas y a los gremios.  Las universidades serían actores fundamentales, lo mismo que los entes de financiamiento y asistencia técnica. Una red que impulse el emprendimiento en todas sus manifestaciones. Nuestra cultura es emprendedora por naturaleza, toda esa energía debe ser canalizada para un mejor desarrollo de  ciudad.

Hay que hacer que se valore al emprendedor, no debería seguirse con esa cultura y tradición, de que se emprende porque no se consiguió trabajo. El referente social deberían ser los emprendedores urbanos, aquellos que con esfuerzo construyen prosperidad a diario. El fracaso deber ser visto como una forma de aprender, no de ser estigmatizado socialmente. En ello sí que tienen que aprender los bancos y los medios de comunicación.Aquí el emprendedor, como dice la gente,  tiene que convencer al banco de que no necesita la plata para que se la presten y si en un emprendimiento anterior fracasó, queda estigmatizado de por vida. Fracasar emprendiendo, es aprender para mejorar, no se le pueden cerrar las puertas.

La mentalidad emprendedora e innovadora debe estar en la esencia de los colegios,  desafortunadamente en muchas instituciones se prepara para buscar trabajo, no para crear.  A veces no entiende porque se prohíben las ventas de los jóvenes en los colegio, este tipo de restricciones coartan el espíritu empresarial innato. Por el contrario, muchos profesores crean estereotipos negativos frente a la creación de riqueza y a los empresarios exitosos, son señalados como males de esta sociedad, cuando por el contrario deberían ser emulados.

Una sociedad como la nuestra para lograr su sostenibilidad, necesita de los emprendedores. Crear una mentalidad y un sistema de soporte a todos los emprendedores de todos los estratos, es la mejor forma de crear riqueza de forma democrática.

*Concejal  de Bogotá

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