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Opinión

  • | 2016/06/13 18:13

    Vamos a portarnos bien

    Solo en el año 2014 se presentaron más de 64 mil casos de violencia interpersonal en el Distrito Capital; principalmente por riñas, retenciones ilegales y ajustes de cuentas.

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Bogotá es una amalgama de habitantes de la misma ciudad y de millones que han venido de todas las regiones del país. Al año llegan más de 70  mil personas de otros municipios, incluyendo los desplazados por la violencia, y se crean además cerca 40 mil hogares nuevos a su interior. Todo esto conlleva a culturas, valores, actitudes frente a la vida que se encuentran a diario en sus barrios, en sus calles, en el trabajo y tienen que vivir conjuntamente: ¿Pero es posible que en esta metrópoli multicultural se logre una convivencia armónica y tranquila?

Solo en el año 2014 se presentaron más de 64 mil casos de violencia interpersonal en el Distrito Capital; principalmente por riñas, retenciones ilegales y ajustes de cuentas.  La violencia intrafamiliar también se incrementó a más de 15 mil  casos el año pasado. Detrás de estas cifras lo que se encuentran son niños, mujeres y abuelos maltratados, lo mismo que peleas entre vecinos por ruido, agresiones por malos tragos, por echarse la basura entre vecinos o dejar la ropa que se está secando en la ventana, inclusive por el uso inadecuado de los salones y espacios comunes en los conjuntos.

Muchos de los problemas de convivencia que generan violencia en la ciudad, surgen del desconocimiento y aplicación de normas claras. La próxima semana es probable que sea aprobado en el Congreso de la República el nuevo Código de Policía. Un compendio de normas que fijan los derechos y comportamientos, lo mismo que, las amonestaciones y sanciones que deben tener en cuenta los ciudadanos para una sana convivencia en su comunidad.

El actual código de policía de Colombia es de 1970 y solo considera factores de seguridad, pero no de convivencia que requiere una sociedad moderna, en especial, para un país urbano, en donde el 70% de la población vive en ciudades. Son muchos los nuevos aspectos que deben ser regulados como por ejemplo la movilidad y los comportamientos para entrar y salir de Transmilenio y las sanciones para los colados en las estaciones. El medio ambiente: para aquellos ciudadanos o empresas que contaminen ríos, quebradas o para quienes tiren la basura a las alcantarillas. También el nivel de ruido que se puede hacer en la calle o en el mismo hogar; y qué decir de los comportamientos agresivos y no considerados de quienes consumen licor o drogas en los parques o entornos escolares.

El proyecto de Código de Policía que se discute en el Congreso tiene un nuevo enfoque de convivencia e introduce normas y reglamentaciones en torno a la vida y a la integridad, lo mismo que las relaciones respetuosas. A la vez, incluye relaciones con los grupos especiales de la sociedad como niños, adultos mayores, grupos étnicos, LGBTI, habitantes de la calle y trabajadores sexuales. Asimismo, incorpora actividades de salud pública, la protección de animales, el control de la minería ilegal, la regulación de actividades económicas en el barrio y el manejo de residuos y reciclaje.

Son muchas las realidades de Bogotá que obligan la aplicación de normas de convivencia, una de ellas el crecimiento acelerado ya no en barrios de casas, sino en conjuntos residenciales de edificios. La última actualización catastral muestra que el 69% de los predios son propiedad horizontal y es un fenómeno que no es solo de los estratos altos sino de las zonas más vulnerables. Tal es el caso de Ciudad Bolívar, Bosa o Suba en donde se construyen conjuntos por doquier. El proyecto más emblemático del exalcalde Petro es “La Hoja” en Puente Aranda cerca a la plaza de mercado de Paloquemao, allí se entregaron viviendas de interés social a familias víctimas de la violencia, el mayor problema que enfrentan hoy es la convivencia; por el ruido, por el respeto a los corredores, porque montan tiendas dentro de los mismos apartamentos; estas familias no estaban acostumbradas a vivir en conjuntos.

En la parte baja de Ciudad Bolívar son frecuentes las riñas porque se abren tiendas en los mismos apartamentos y allí se distribuye licor. Igualmente, los vecinos que se organizan para combatir a los jíbaros que buscan introducir droga en los conjuntos. Pero la agresividad también es de estratos altos, solo basta recordar la persona que en un edificio al norte de Bogotá atacó a su vecino y lo empujo por la ventana por tener alto el volumen de su equipo de sonido.

Hacia el futuro, el reto del nuevo Código de ser aprobado, es que además de definir las normas y comportamientos, haga una aplicación integral de los mismos, para ello se requiere autoridad y acción ejemplarizante por parte de alcaldes, inspectores y la misma Policía; así mismo deberá tener un régimen con sanciones pedagógicas, amonestaciones y multas que sean cumplibles, pero también con un fuerte componente educativo y de cultura ciudadana. Educad al niño y al ciudadano para no tener que castigar al hombre, decía una valla muy conocida de la Policía Nacional, ahora sí que se necesita un gran esfuerzo en esa dimensión.

Existen en la iniciativa legislativa algunas actuaciones polémicas como permitir el ingreso de la Policía a inmuebles con orden y sin orden. La verdad es que este tipo de intervenciones se precisan; por ejemplo, cuando se requiere proteger a una persona que está en alto grado de alteración en su conciencia por consumo de alcohol y drogas, o cuando una persona vaya a ser agredida y está en riesgo su vida. Igualmente se permitiría ingresar cuando hay evidencia de que un ladrón está en un hogar y no hay nadie al interior, hoy esa acción no es posible.

Bienvenido el nuevo Código de Policía, que más bien es una gran apuesta de normas de convivencia para nuestras ciudades y municipios, lo esencial para que sea exitosa y logre mejorar los comportamientos de los ciudadanos, es que este los conozca, los asuma, los cumpla y los haga cumplir, pero también es necesario que la Policía Nacional mejore en su desempeño y transparencia. Esta institución tiene que volverse a ganar la confianza y legitimidad antes los ciudadanos, de modo que pueda actuar para hacer respetar estas normas. Esta es una oportunidad para que la Policía sea admirada porque garantiza la convivencia en nuestras ciudades

*Concejal de Bogotá

@Diego_Molano

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