Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/08/23 10:21

La arremetida de los fundamentalistas religiosos en colombia

No solamente en el Islam ocurre. También estos feligreses existen en el catolicismo y en una serie de religiones cristianas que interfieren en la política.

Diego Otero Prada (*)

No solamente en el Islam hay fundamentalistas, también existen en el catolicismo y en una serie de religiones cristianas, como la de los evangelistas, tal vez de las más atrasadas de todas y que en Brasil se caracterizan por defender a los políticos corruptos y golpistas contra la presidente legítima Dilma Rouseff.

Triste el panorama que ha vivido Colombia en las dos últimas semanas en razón a una decisión de la Corte Constitucional, la sentencia T-478 de 2015 sobre los manuales de convivencia en los colegios. Los fundamentalistas religiosos unidos con la extrema derecha política del Centro Democrático y aún de personas liberales (como Viviane Morales, del fanático ultra godo el Procurador Alejandro Ordóñez y de una oscura diputada del departamento de Santander) volvieron a revivir las guerras religiosas de Colombia en el siglo XIX que tanto atrasaron al país.

Acordémonos como una las divisiones más fuertes en el país en el siglo XIX fue la que tuvo que ver con las relaciones entre el Estado y la Iglesia Católica, que se centró en quien controlaría la educación. Se discutía si viviríamos en un Estado laico, con separación de la Iglesia y el Estado, o en un Estado dominado por la Iglesia Católica en que la educación estaría controlada por esta y se establecía que Colombia era un estado católico sin tener en cuenta otras religiones o posiciones ateas o agnósticas o deístas. Tres guerras civiles tuvieron como origen esta divergencia y la última tuvo como consecuencia el triunfo de la Constitución de 1886 que entregó el Estado a la Iglesia Católica en contra de la posición de los radicales por la creación de un Estado laico que controlara la educación. Cuantas décadas pasaron hasta que llegaron en 1930 los liberales al poder y se pudo cambiar en algo la situación. Fue solamente con la Constitución de 1991 donde quedó claro que Colombia es un estado laico que no tiene ninguna religión oficial.

En esta oportunidad la disputa tiene como origen el cumplimiento de la decisión de la Corte para promover la convivencia en los colegios, lo que implica que no puede darse discriminación de ningún tipo y que no se puede perseguir a nadie por sus orientaciones sexuales y que ningún estudiante puede ser objeto de persecuciones, castigos, burlas, matoneo o exclusiones de cualquier tipo.

El Estado tiene la obligación de defender los valores democráticos y republicanos como se estila en Francia. Y el principal valor de un Estado laico es el de una educación no religiosa. El Estado laico supone una serie de valores como la igualdad, la libertad, la solidaridad, la inclusión, la oposición a todo tipo de persecuciones por razones de raza, religión, color, status y sexo. El Estado debe propender porque en la educación se creen hombres libres, críticos y responsables.

Los fundamentalistas islámicos en sus diferentes variantes quieren un estado guiado por el Corán, donde la religión sea la fuerza dominante. Estos fundamentalistas persiguen a los que no siguen sus orientaciones hasta el punto de asesinarlos. Defienden un tipo de relaciones sociales en que no se permiten ‘gays‘, lesbianas, transexuales, ateos y todo lo que llaman infieles, es decir los que no aceptan su fundamentalismo. Para ellos estos son hijos de Satán, diablos que hay que hacer desaparecer. ¿Qué diferencia hay con muchos de los carteles en la manifestación contra la ministra Parody acusando los desviantes de hijos de Satán? Hasta donde estamos llegando en Colombia con estos fanatismos religiosos y la acción de políticos oportunistas que quieren aprovecharse de la religiosidad e ignorancia de miles de colombianos para lograr sus propósitos oscuros?

Lo ocurrido muestra que se requiere de una gran pedagogía y que la decisión de la Corte es hoy más importante que nunca. Se requiere defender los principios democráticos y republicanos de los cuales millones de colombianos no tienen conciencia. Lo sucedido es muy peligroso, es una advertencia de que en la sociedad colombiana las fuerzas oscuras tienen mucha influencia. Que sí no las controlamos y contrarrestamos volveremos a caer en la barbarie. No hay que bajar la guardia.

Debemos condenar y rechazar estas actitudes ultramontanas del siglo XIX en Colombia que son similares a las de los fundamentalistas islámicos. Estamos ante la presencia, de nuevo, de escoger entre civilización o barbarie.

Entre los argumentos de los fundamentalistas aparece la referencia a lo que llaman la ideología del género, que nadie sabe qué es y que se predicó como algo terrible que se quería propagar en los colegios, como cuando se critica al comunismo, como algo satánico, como algo anti familia, anti católico, como una perversión sexual que había que impedir que se tomara a los muchachos, es decir, se creó en el imaginario de millones de colombianos, que la ministra estaba promoviendo una ideología terrible para volver a todos ‘gays‘, lesbianas, transexuales... Y en la realidad, la teoría de género no tiene nada que ver con los manuales de convivencia, esa fue la lamentable confusión por una frase que apareció en un documento. Pero esto no quiere decir que no se pueda discutir objetivamente esta posición feminista sobre la diferencia entre sexo y género, en lo que se llama la teoría del género (‘gender studies‘ en los países anglosajones) que tiene muchos defensores entre sociólogos, filósofos, políticos, ensayistas, profesionales de todo tipo y millones de mujeres en el mundo.

Pero saben los que promovieron estas manifestaciones ¿qué es la teoría de género, o los cientos de miles de colombianos y colombianos que se movilizaron? Por supuesto que no. Se envenenaron las mentes de millones de colombianos con mentiras, con folletos pornográficos supuestamente repartidos por el Ministerio de Educación, todo con el fin de defender intereses anti liberales y anti democráticos, o buscar oscuros propósitos políticos.

Ex ministro de Minas y Energía.

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