Sábado, 25 de febrero de 2017

| 2005/04/24 00:00

A la diestra de la diestra

Como a cualquier persona nueva en un cargo, también al papa Benedicto XVI habrá que concederle el beneficio de la duda

A la diestra de la diestra

Como en esas religiones orientales (bueno, también el cristianismo es una religión oriental) en las que cuando se les muere el Gran Lama buscan por todo el mundo a su reencarnación, así mismo los cardenales buscaron a un Wojtyla reencarnado y encontraron a Ratzinger: el Rottweiler de la fe, el Panzer Kardinal, la mano derecha -y muy derecha- de Juan Pablo II.

El portavoz vaticano, Joaquín Navarro, se lo había dicho al director del diario La Repubblica de Roma durante la agonía del Pontífice anterior: "El nuevo Papa no debe ser sólo un pastor sino alguien doctrinariamente muy firme, capaz de enfrentarse a la modernidad, y de incidir en los temas más acuciantes de hoy, como la bioética. Se requiere un académico, un filósofo. Y como estos temas son de Occidente, no puede ser un papa del Tercer Mundo. Estas características las posee Ratzinger". Pues bien, ahí está. Suponer que en el Cónclave hubo una lucha entre derecha e izquierda es un poco ingenuo. Todos los cardenales votantes (menos Ratzinger y otros dos) habían sido nombrados por Wojtyla, lo cual quiere decir que cardenales de avanzada, en ese parlamento, no podía haber.

Los periodistas repiten el mantra, como si fuera un hecho, de que los cardenales en el Cónclave atienden la inspiración del Espíritu Santo. Perdónenme la pregunta, pero ¿no les parece muy curioso que si cualquier católico bautizado puede ser elegido Papa, y en este momento hay más de un millardo de personas de esa condición, al Espíritu Santo se le ocurra soplar siempre el nombre de un cardenal como el mejor piloto para la Iglesia? El mismo Benedicto XVI lo puso en duda una vez: "No me gustaría decir en qué sentido interviene el Espíritu Santo en la elección del Papa, porque está claro que hay muchos ejemplos de pontífices en los que no ha tenido nada que ver". Como quien dice: si el Papa me gusta, lo nombró mi Dios; si no, no.

No voy a caer en el fanatismo anticlerical de decir que este Papa fue nazi: 'Habemus Nazi', fue el título de un diario sensacionalista inglés. El paso de Ratzinger por las Juventudes Hitlerianas y por la Luftwaffe fue fugaz e involuntario, y además desertó. Uno no puede pedir que todos los alemanes de su generación fueran héroes y mártires capaces de oponerse a la obligación escolar de afiliarse al partido o al reclutamiento forzado (también el filósofo Habermas perteneció a esas juventudes). Pero hubo alemanes capaces de resistir. Y es un hecho que este Papa no fue capaz. Que un Papa haya vestido el uniforme del peor ejército del mal del siglo XX no es un honor para la Iglesia Católica.

Con el Papa bávaro (no olviden que Baviera es la región más tradicionalista de Alemania), la Iglesia ha escogido un camino de confrontación directa con el mundo moderno. Se ve que los cardenales creen que eso es lo mejor y no tiene sentido que un no creyente lo entre a discutir. Para

Ratzinger el Mal está en el ateísmo, en el relativismo, en la secularización. Y como dice el teólogo Leonardo Boff, "este Papa no tiene dudas". Sus posiciones en moral sexual son intransigentes: "La homosexualidad es un desorden objetivo. La Iglesia debe acoger con respeto, compasión y delicadeza a las personas homosexuales, pero exigiéndoles que vivan en castidad".

En todos estos puntos es un Papa clonado del Pontífice anterior. Pero hay una diferencia; Wojtyla sin duda tenía carisma, era capaz de caerles bien a las multitudes con su actitud sencilla de campesino polaco. Tenía una cara simpática. Los católicos que no apreciaban su rigidez, por ejemplo, en materia de control de la natalidad, solían decir: "Nos gusta el cantante, aunque no nos guste la canción". En cambio, esa sonrisa forzada de Ratzinger (toda hecha de músculos voluntarios), incapaz de espontaneidad, esas oscuras ojeras de inquisidor, esa actitud altiva de doctrinario dueño de la verdad, me temo, hará que a muchos creyentes no les guste ni el cantante ni la canción.

Sin embargo, como a cualquier persona nueva en un cargo, también al papa Benedicto XVI habrá que concederle el beneficio de la duda. Aunque él no dude, nosotros sí. La derecha en Estados Unidos, en todo el mundo, aquí mismo, está feliz. Pero la Iglesia Católica no es sólo una moral sexual y una obsesión malsana contra el control natal. Juan Pablo II -y su mano derecha- se opuso con fuerza a la guerra de Irak. Ratzinger participó en manifestaciones por la paz, contra esa guerra. También se opone a la pena de muerte. ¿Por qué los católicos dejan de ser buenos católicos cuando se ponen un condón, y en cambio no dejan de serlo cuando apoyan la invasión de Bush o la pena de muerte? Si uno es imparcial, ambos pecan por igual. Así que los halcones tampoco tienen todos los motivos de su parte para celebrar.

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