Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2015/12/07 09:00

Discursos parisinos, realidades criollas

En París los países emergentes le anunciaban al mundo sus grandes compromisos con el medio ambiente, al mismo tiempo que pasaban su totuma en busca de escasos recursos de cooperación.

Iván Duque. Foto: Archivo particular

Terminó la semana pasada la ronda presidencial de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Como siempre en estos eventos, los protagonistas fueron los discursos llenos de lugares comunes, las grandes metas declarativas, las caras de preocupación y los compromisos de larguísimo plazo para atraer aplausos sin mayor sustento.

En las calles, universidades y sedes de organismos internacionales de París se adelantaron foros, conferencias, lanzamientos y ruedas de prensa en los cuales los jefes de Estado de países emergentes le anunciaban al mundo sus grandes compromisos con el medio ambiente, al mismo tiempo que pasaban su totuma en busca de escasos recursos de cooperación.

El presidente de Colombia no fue la excepción de este pintoresco estereotipo. En la brevedad de su discurso destellaron las frases propias de la conferencia como aquella que señala que “estamos aquí para alcanzar un acuerdo que salve a la humanidad del calentamiento global…” o la que indica que “contamos con una estrategia de Crecimiento Verde”, sumada a la que contundentemente anuncia que “nos comprometimos en reducir las emisiones de gases efecto invernadero en un 20 por ciento” para el año 2030.

Las palabras y el tono de nuestro Jefe de Estado, al igual que los de todos los oradores, generaron aplausos y dejaron la idea de una Colombia que cuenta con los recursos y las herramientas para enfrentar la gran amenaza de nuestra época. Pero ¿responde a la realidad criolla aquel elocuente discurso parisino? La evidencia muestra otra cosa.

Para empezar, la estrategia de Crecimiento Verde de Colombia que tanto se alardea, apenas corresponde al 1,35 por ciento de todos los recursos del Plan Nacional de Desarrollo, lo que evidencia que se trata de todo menos de una creíble prioridad gubernamental. Como si fuera poco, de los recursos que tiene la misma estrategia, el componente orientado hacia un crecimiento bajo en carbono corresponde a un pírrico 7, 2 por ciento, demostrando una penosa incoherencia.

Pero el drama no termina ahí. De los recursos para construir una sociedad con una baja huella de carbono, se espera que el 72 por ciento de los recursos sean aportados por los entes territoriales; los mismos que hoy se ven afectados por la caída en las regalías y que padecen los avatares de un menor crecimiento económico. En pocas palabras, frente a este importante elemento de nuestra adaptación y mitigación del cambio climático, el gobierno es un tímido participante que apenas contribuye con el 0, 6 por ciento de los recursos en el Plan de Desarrollo.

Es posible que no todo esté en el Plan de Desarrollo y que el discurso del presidente se sustente en un Ministerio de Medio Ambiente revestido de instrumentos para hacer cumplir los “históricos” compromisos hechos en París. Sin embargo la realidad es otra. El Ministerio llamado a liderar nuestras acciones frente al Cambio Climático apenas cuenta con el 0, 33 por ciento del presupuesto del año 2016 y los recursos de inversión ni siquiera llegan al 1 por ciento de la inversión para el próximo año.

Las Cumbres de Cambio Climático lastimosamente se han convertido en una pieza ornamental donde la burocracia internacional hace un despliegue de documentos, presentaciones, planes, estrategias, grupos de alto nivel y donde los gobernantes asisten para lucirse ante las cámaras, sus homólogos y los donantes. Por esa realidad cada vez son más las protestas, los reclamos y la desconfianza de jóvenes activistas que genuinamente esperan que el mundo llegue a acuerdos creíbles, medibles y verificables.

Si juzgamos los resultados de la Cumbre de París por lo que dijo el presidente de Colombia, hay pocas esperanzas y más decepción, debido a que la brecha entre el discurso y el recurso nos ratifica que sobre el Cambio Climático se habla mucho en los grandes foros y se hace poco en nuestro territorio.

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