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Opinión

  • | 2008/11/22 00:00

    DMG, Farc y reelección

    Ahora resulta que los centenares de miles de personas que invirtieron en DMG son mafiosos dignos de la vergüenza, la hoguera y el escarnio público

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Finalmente las autoridades están comprobando lo que muchos sospechamos desde un principio: que detrás de DMG se ocultaba el poderoso músculo financiero del narcotráfico. Y no se necesitaba ser muy perspicaz para adivinarlo. Adicionalmente, parece confirmarse el rumor de que algunos frentes de las Farc ubicados en Nariño y Putumayo, y muy vinculados al narcotráfico, también estarían vinculados a operaciones de lavado de activos con esa firma.

De ser cierto esto último significaría que, como resultado de su debacle política y militar, para las Farc el orden de prioridades estaría empezando a cambiar. Si los enormes recursos que obtienen del narcotráfico ya no los están invirtiendo en la guerra -compra de armas, municiones y pertrechos-, sino lavándolos en empresas con apariencia legal, esto quiere decir que no se están preparando para continuar indefinidamente el conflicto, sino precaviéndose para el posconflicto. Lo cual, de alguna manera, es una buena noticia. Porque siempre se ha sabido que las Farc invierten una mínima parte de su inmensa liquidez en pequeños negocios como droguerías, tiendas de abarrotes o gasolineras, que más que para blanquear dinero les sirven para reforzar sus redes de inteligencia y de apoyo logístico. Pero destinar miles de millones de pesos para ser lavados en esquemas de negocios como el de DMG, que implican enormes pérdidas de dinero como costo inevitable del blanqueo, es algo nuevo y muy significativo.

Pero el cierre de DMG por parte del gobierno no solamente frustró las expectativas de centenares de miles de pequeños inversionistas para obtener atractivas ganancias, sino que también liquidó una forma "benigna" de lavado de activos, tanto de las Farc como de varios grupos de narcotraficantes. Y digo "benigna", insisto, porque comparado con el contrabando, que ocasiona desempleo y desindustrialización; con la especulación inmobiliaria, que encarece el costo de la vivienda; o con la apropiación de tierras, que produce desplazamiento forzoso y ocupación ociosa de la tierra, el esquema comercial multinivel de DMG -que no era una pirámide con fines de estafa y condenada a la quiebra- estaba aumentando el consumo masivo de productos y servicios legales, produciendo empleo y aumentando los ingresos del Estado. Eran multimillonarios recursos que, aunque originados en una actividad ilegal, se estaban irrigando entre centenares de miles de personas trabajadoras y honestas, decenas de empresas legales y engordando las arcas de un Estado legítimo.

Pero los colombianos somos hijos de la Inquisición y necesitamos mantener una hoguera ardiendo para satanizar lo que sea: la coca, la palma africana, el TLC, y ahora... la llamada "cultura mafiosa". Porque ahora resulta que querer ganar dinero rápido y fácil es ser mafioso. Ahora resulta que los centenares de miles de personas que invirtieron en DMG son mafiosos dignos de la vergüenza, la hoguera y el escarnio público. Quienes así opinan deberían ser consecuentes y exigir entonces el cierre inmediato en Colombia de todas las bolsas de valores, las loterías, el chance y el Baloto, donde nadie gana dinero precisamente con el sudor de su frente. Y, además, para que la cacería de brujas sea completa, reclamar la destitución de todo funcionario público que haya -él o su familia- invertido en DMG. También la devolución universal de todos los dineros y las mercancías "mal habidos" por parte de los miles de inversionistas. Y, por supuesto, la cancelación de las licencias de las empresas que hayan participado como proveedoras de bienes y servicios en el esquema comercial de DMG, así como la inclusión en la 'Lista Clinton' de sus respectivos gerentes y juntas directivas. Si no es así, ¿en qué clase de blanda y permisiva Inquisición estamos? ¿O es que acaso ellos eran los únicos que no sospechaban que detrás de DMG estaba el narcotráfico?

No dudo de que las medidas tomadas para cerrar DMG son "políticamente correctas". Dudo eso sí de lo benéficas que ellas puedan ser para contrarrestar la inminente desaceleración de la economía, el consumo, el empleo y los ingresos fiscales. También dudo de que un millón o millón y medio de potenciales votantes, afectados directa o indirectamente por esas medidas, estén dispuestos a continuar apoyando al gobierno en las urnas. Lo sabremos en el referendo del año entrante. Si se realiza.
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