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Opinión

  • | 1999/05/10 00:00

    DOÑA FLOR

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La oposición es un estado ideal, ligero, de muchos recursos, deliciosamente arriesgado y
siempre lleno de razones. Aunque no se tenga 'la razón', para usar la distinción que solía hacer mi querido
profesor, ya fallecido, Carlos Holguín Holguín.Lorenzo añora los años, muchos años, en los que ha atravesado
el desierto de la oposición. Particularmente los últimos cuatro, tan llenos de razones y de razón, sobre todo
de una corpulenta, visible aunque no vista, como una adivinanza, pesante y colmilluda. Se caminó sin afanes,
pero sin pausa. Se perdieron cercanías de amistad y no faltaron fricciones con el propio medio
periodístico.De aquella brega, que fue de muchos, quedó un gobierno, el único viable, que implicaba algunas
reivindicaciones. Reivindicaba, antes que nada, al propio candidato, vilipendiado hasta el extremo por los
núcleos oficiales.A última hora se unieron muchas fuerzas para impedir la continuidad. Recuerda Lorenzo la
famosa serie de retratos digitales, en que la fisonomía del presidente cuestionado mundialmente se iba
transformando en la del candidato oficial. El caricaturista Vladdo ('Vladdinho', para sus amigos) fue el
creador de esa metamorfosis gráfica, recurso antes usado por plumas de mano alzada, cuando no se
contaba con el apoyo del computador.La obra de Vladdo, publicada en ese entonces en el diario de
Bavaria, fue plagiada por otros 'creativos' y convertida en cartel de propaganda política, que, en color verde,
se adhirió a las puertas y ventanas de los automóviles, la víspera del día electoral. Causó un gran impacto y
el verdadero autor de la imagen ni siquiera se molestó con el plagio, a que se está sujeto con demasiada
frecuencia en esta clase de trabajos que se entregan al gran público.No hace mucho _apenas seis meses y
un octavo de año, como dice el minucioso Lemos_ la que fuera oposición se transformó en gobierno,
luego de enfrentar dificultades y maniobras electorales. Aún está festejándolo. Vladdinho no, pues se pasó
inmediatamente al pescante del carro de una nueva y seductora oposición, quedando en línea _sin
proponérselo_ con los más cercanos amigos y favorecidos del viejo régimen. Aquella administración, como
doña Flor, puede contar así con dos maridos, el samperismo, que es el viejo maridaje de sus adeptos y el
servicio desinteresado y movedizo de Vladdinho.De otra parte y por efectos de la polarización, los que
derrotaron la continuidad quedaron incómodamente sentados en un coche oficial. Suele pasar, aun en las
revoluciones de mejor familia. Opositores natos, pero con algunas razones en el nuevo gobierno, miran
nerviosamente por las ventanillas y, sin atreverse a recostar la espalda en los cojines, observan los pedruscos
que se lanzan al paso del vehículo. Quisieran estar del otro lado, pero no serían consecuentes si arrojaran
guijarros por el solo prurito de arrojarlos.Favorecer una alternativa significa permanecer en ella, al menos por
un rato, a una con los que han sido atraídos a ese camino, para no dejarlos desconsolados, con la idea de
que una vez más se equivocaron. Y es muy temprano para hablar de arrepentidos, chistecito que recogió
Horacio Serpa desde los primeros días del nuevo gobierno. Porque Serpa, ya se ha visto, recicla
palabras ('mamola', 'paquetazo').¿Era preciso tomar partido? Pues sí, en cierta forma sí, ya que el dilema se
presentaba insalvable, y la posición de tercería independiente ("Tal vez todos tengan la razón") era
rechazada como cuerpo demasiado blando y extraño por organismos radicales. Los mismos que ahora
rechazan unirse a los que venían sobre el lomo del paquidermo, en silleta de oropeles orientales.Quienes
optaron por el cambio llevan, pues, seis meses y un octavo de año haciendo fuerza, como le contabiliza
los minutos a este gobierno el impaciente y ahora economista ex presidente Lemos. Y no creen en la
'limpieza ética' que se viene haciendo (en Kosovo es 'étnica' ), por parte de los más cuestionados
samperistas y de su Fiscalía General. Aunque sigan creyendo en Vladdinho.HHHDel sermón del padre Miguel
Angel, cura párroco de Las Mercedes, en San Vicente del Caguán, me quedaron sonando estas palabras:
"Queremos que nos devuelvan la libertad". Pienso en Plinio Apuleyo y en el periodismo libre. Hay que defender
la libertad de expresar opiniones, sin distingos. Y esa libertad, como otras, está hoy amenazada.
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