Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2004/02/22 00:00

Doble moral

Ni los 'colombianólogos' ni 'The Economist' ni la opinión colombiana han logrado ponerse de acuerdo sobre el viaje de Uribe

Doble moral

A la misma hora en la que el presidente Uribe hacía su controvertida intervención ante el Parlamento Europeo, el Parlamento francés aprobaba una serie de normas que en Colombia harían que muchos pusieran el grito en el cielo.

¿Qué diría Gustavo Petro si las autoridades colombianas estuvieran autorizadas, como ahora en Francia, para colocar cámaras y micrófonos en su casa o en su carro sin su conocimiento y hasta por cuatro meses?

¿Que diría Petro si en Colombia, como ahora en Francia, la Policía pudiera detener a alguien durante 48 horas sin la asistencia de un abogado al detenido?

¿Qué diría Petro si en Colombia, como ahora en Francia, el período de detención policial pudiera prolongarse hasta cuatro días (incluso para los menores de 16), y se autorizaran los registros domiciliarios a cualquier hora, incluidas las madrugadas?

En adelante, en Francia podrá autorizarse incluso al fiscal para negociar con los sospechosos la reducción de la pena o una semilibertad si se declara culpable. El juez sólo será informado al término de la negociación.

En cambio, los europeos están furiosos porque ahora en Colombia las Fuerzas Militares podrán adquirir facultades de policía judicial en casos muy específicos, sólo para delitos de terrorismo, con permiso de la Fiscalía, que será la que designe a quienes integren tal unidad, y siempre y cuando el lugar donde haya que practicar la diligencia carezca de policía judicial ordinaria o sus representantes no hayan podido ingresar a la zona por problemas de orden público.

¿Y qué es lo terrible que esos soldados quedan autorizados para hacer en casos tan excepcionales? Levantamiento de cadáveres, recolección de pruebas, informes de balística. ¿Y esto es lo que tiene tan escandalizados a los europeos?

Y mientras en Francia se levanta la controversia por las medidas aprobadas, otros países europeos tienen más que establecidas medidas extremas para combatir el terrorismo.

En España, el Congreso puede suprimir derechos fundamentales; podrá haber detención preventiva hasta por 72 horas, prorrogable hasta por siete días. Y podrá mantenerse incomunicada a una persona hasta que la autoridad lo crea necesario.

En Irlanda, los cuerpos de seguridad pueden detener sin orden judicial por 48 horas, prorrogables a cinco días.

En Italia la policía puede realizar investigaciones sumarias, detener sin orden judicial, interceptar las comunicaciones, inclusive con propósitos preventivos.

En Alemania se puede prohibir cualquier comunicación de un detenido con el mundo exterior y decretar la censura de prensa: se prohíbe entrevistar a un terrorista o transmitir sus comunicados.

Todo lo anterior indica que las relaciones entre Europa y Colombia están regidas por una doble moral. Por eso no fue malo que el Presidente les recordara a los europeos que las únicas que tienen la palabra no son las ONG.

Ni los 'colombianólogos' Malcolm Deas, británico, y Daniel Pecaut, francés. Ni los sesudos analistas de The Economist. Ni la opinión pública colombiana ha logrado ponerse de acuerdo sobre si el viaje de Álvaro Uribe a Europa salió bien o salió mal.

Pecaut dice que Uribe le habló al Parlamento Europeo como si estuviera hablando en un consejo comunitario y que le hizo falta la presentación de un amplio diseño político.

Deas dice que el debut ante el Parlamento Europeo no puede ser una medida del éxito o fracaso de Uribe, porque esa es una ''asamblea ociosa, inútil e ignorante, y la asistencia de sus diputados, por lo general, baja''. Y que no haber sido recibido por Berlusconi ''es un honor en sí ''.

Para el The Economist, ''Uribe nunca ha sido de esos líderes que le tienen temor a confrontar a sus oponentes, y eso se vio reflejado en su viaje''. Pero advierte que ''algunas acciones de Uribe han provocado sospechas legítimas, como la ley antiterrorista que otorga poderes judiciales al Ejército''.

Para la opinión, sin embargo, lo que sobró fue la propaganda negra de las ONG y lo que faltó fue trabajo en los preparativos diplomáticos. Ello sí que es injusto. Tenemos excelentes embajadores. Si fuera por el bien del país, Fabio Valencia Cossio (embajador en Italia) no dudaría en amarrarle los zapatos a Silvia Tcherassi. Y Noemí Sanín (embajadora en España) se la pasa en el estadio Santiago Bernabeu muchos domingos viendo fútbol con el rey.

Por eso revolviendo todas las opiniones, podríamos sacar un balance: que a Uribe le fue lo mejor que podía haberle ido; que Colombia le importa un bledo a Europa; que las ONG sí trabajan para la guerrilla, y que en Europa se maneja una doble moral que consiste en censurar a nuestro Presidente y a su gobierno por la expedición de unas normas para enfrentar la subversión y el terrorismo, medidas que ya están inventadas y rigen en la mayoría de países europeos, incluso con ribetes mucho más estrictos que los de nuestro controvertido estatuto antiterrorista.



ENTRETANTO.¿Alguien ha entendido qué fue lo que firmaron, para qué, sobre qué, y hacia dónde, y qué y qué y qué, el gobierno y las fuerzas políticas bajo el nombre de 'acuerdo político' la semana pasada?

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