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Opinión

  • | 1989/12/11 00:00

    DON PEDRO,LARA Y LO CURSI

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El nuevo Premio Nobel de literatura, Camilo José Cela, acaba de declarar en Madrid que el bolero latinoamericano le parece un poquito cursi y ligeramente ridículo...
Con el debido respeto a quien ha ganado semejante consagración histórica, y es, por añadidura, uno de los mejores investigadores de las intimidades de la lengua castellana, incluso en terrenos tan explosivos como el erotismo y las procacidades, tal como lo comprueba ampliamente su "Diccionario Secreto", a mí me parece que se equivoca Cela cuando califica de ridiculo el bolero, aunque sea ligeramente.
Lo de la cursilería, en cambio no se la discute nadie. Menos ahora, cuando acaba de morir Don Pedro Vargas, la voz mayor del bolero, y estamos en temporada propicia para escuchar de nuevo el almíbar subido de las canciones viejas.
Agustin Lara es el ejemplo perfecto, al que uno siempre puede echar mano, cuando se arman estas discusiones. Lara escribió algunos de los versos cursis más logrados de la literatura castellana. Dicho de otra manera: algunos de los poemas bellos más cursis de la lengua. En eso consistía su gracia, ni más ni menos Nadie como el hombre de la cara cortada supo cantar, a través de bolero, ese filón de la cursilería que todos llevamos por dentro unos mas escondido que otros pero que aflora alguna vez, tarde o temprano, y casi siempre cuando estamos enamorados. Al amor se le perdona todo.
Me considero larista de grandes merecimientos, hasta el punto de que más bien podría decirse que soy un larólatra. He suspirado oyendolo musitar en su piano. Pero acabo de descubrir, en una ronda de amigos y discos, con lo cuales discutíamos la afirmación de Cela, la que es, sin lugar a dudas, la perla cultivada del Maestro, su joya pulida, su más grande ejemplo de cursilería. Son dos versos consignados en "A tus pies", dos líneas apenas, y dicen así, para que vayan viendo:Es tu pie menudito como un alfiletero en cuya felpa rosa prendí mi corazón...
Eso es la cursilería en su máximo grado. Pero no traspasa la línea sutil y dolorosa que lo separa de lo ridículo. En eso también se equivoca el diccionario de la Real Academia de la Lengua, porque sostiene que un artista es cursi cuando en vano pretende mostrar refinamiento expresivo o sentimientos elevados.
Agustín Lara en particular, y el bolero en general, puede que intenten refinarse sin conseguirlo, pero son sentimentalmente expresivos. Que lo diga, si no, aquel de nosotros que alguna vez en su vida no haya visto correr por su cara un lagrimón de celos, de amor, de guayabo, de lo que en el Valle del Cauca llaman tusa. Lo que pasa es que los académicos, que son muy sabios pero tiesos como monos de varita, saben de palabras, pero no de calores en el corazón. De acuerdo con ellos, entonces, un personaje como Don Quijote de la Mancha viene siendo ridículo.
Sigue el debate entre los cofrades. Se oye ahora otro de esos boleros que consagran a Lara como el campeon mundial de la cursilería, como si fuera un angelito de yeso pintado de rosado:
Blanco diván de tul aguardará tu exquisito cuerpo de mujer.
Y comienza, en la rueda de amigos, el merecido y cálido elogio de Don Pedro Vargas, con su voz de trueno y de arrullo. "Nadie interpreto mejor las composiciones de Agustín Lara que Don Pedro" dice uno de los contertulios. También me parece que se equivoca. A Lara nadie lo interpreto mejor que él mismo, con esa hilacha de voz que tenía, ese fleco desmirriado de voz, como un perrito afónico, esa voz fea y debilucha. Pero para cantar lo que él componía, se necesitaba tener lo que él tenía: una expresividad profunda intimista, de media luz, cogidos a una mano cálida, mientras parece que afuera está lloviendo sobre el mundo, y el pianito se queja lastimeramente.
De manera, pues, y de modo que Cela es un gran escritor, pero no puede decir que el bolero es ridículo.Se necesitaría, entonces que también fueran ridículas la pasión y la reconciliación. O la melancolía, a la que le canta Lara:Que asesinen tus ojos sensuales, como dos puñales, mi melancolía...
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