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Opinión

  • | 2017/01/30 15:14

    Solo contra el mundo

    El grande del salón tratando de aplastar al débil mientras los otros compañeros no hacen nada por evitarlo. Lo miran con condescendencia, como diciéndose “pobrecito, lo que le tocó”, pero por dentro muertos de miedo, camuflándose para que no los vean, casi sin respirar.

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No es matoneo. Es humillación pública; es mandar un mensaje al mundo a través de un gran espectáculo que nadie debe olvidar; es un reality en el que México es expulsado por convivencia: “¡Estás despedido!” Trump menosprecia a Hollywood porque él es Hollywood. Y Hollywood sabe hacer muy bien dos cosas: musicales y western. ¿Pretende el Donald encarnar a algún vaquero del oeste que dispara en duelo contra todos?

El muro es una ofensa y una humillación al idioma español. Así lo ha entendido El País, de España que en reciente editorial afirmó: “La comunidad iberoamericana debe apoyar a un socio acosado por Trump”. Y dijo también: “La prudencia es siempre una virtud. Y más en las relaciones exteriores, donde siempre hay en juego delicados intereses vitales. Pero la prudencia en modo alguno debe excluir la firmeza cuando se trata, precisamente, de esos mismos intereses y, con más justificación aún, cuando de lo que hablamos es de defender valores y principios esenciales para la convivencia pacífica y armoniosa entre países”.

El enemigo no es México: son los inmigrantes ilegales, y ellos llegan a EE. UU. de todas partes. Tarde o temprano los colombianos caeremos en esa misma red. Como en aquel poema de Niemoller (“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista…”). Correa ya salió a decir que América Latina debe unirse. ¿Sirve para algo el Nobel de Santos?

El muro no sólo cierra las fronteras a los mexicanos. También hace de EE. UU. una cárcel para sus ciudadanos, pues ellos ya no estarán seguros en otro país. Lo que podría suceder un día de estos es que a algún norteamericano de visita por el mundo, en México, Irán, Siria, Egipto, Somalia, Yemén, en cualquier país “enemigo de América” (o sea todo el mundo, a la vista de Trump) lo matoneen en la calle o lo escupan o lo agarren a patadas o lo maten solo por ser norteamericano. Sólo por eso. Y entonces en EE. UU. volverán a preguntarse, como hace unos años: “¿Por qué nos odian tanto?”

Trump tendrá una excusa para inventarse otra guerra. Una guerra que “vuelva a hacer grande a América”. Es decir, una guerra mundial. No “guerritas” como la de Irak o la de Vietnam. Lo dejó claro la nueva embajadora de EE. UU. ante la ONU: “Quienes no nos respalden, que sepan que vamos a apuntar sus nombres y vamos a responder como corresponda". Por lo que vimos la semana pasada, con Trump no son solo amenazas.

Trump firma decretos inconstitucionales (se cree por encima de la ley: ¿el Estado soy yo?) y se está echando en contra los fiscales, los jueces, los congresistas, los medios, las redes sociales, los latinos, los musulmanes… ¿El mundo entero en su contra? ¿Cómo adelantársele a un enemigo tan impulsivo como populista? ¿Cómo no caer en la trampa de la guerra que tanto anhela? La solución al problema de Trump tiene que venir de adentro, de los mismos norteamericanos.

Luego ellos también tendrán que replantear cómo eligen a sus gobernantes. Y habrá que repensar la democracia, ese “abuso de la estadística”.

@sanchezbaute

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