Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1996/12/30 00:00

¿dONDE DUERME SERPA?

¿dONDE DUERME SERPA?

En Colombia se acabó la responsabilidad política, entendida como esa consecuencia que se produce en las demás democracias del mundo cuando algo grave pasa: que alguien pierde el puesto.La responsabilidad política no tiene nada que ver con la penal. Por el contrario, no tiene códigos que la regulen, ni jueces que la decreten, ni requiere plena prueba. Ni si-quiera exige que el funcionario que debe asumirla sea un delincuente, o cómplice de un delito concreto. Por el contrario, la responsabilidad política es esencialmente abstracta, porque se trata de una serie de requisitos tácitos que un funcionario que ejerce un determinado cargo debe cumplir para satisfacer a la opinión pública, en orden a que el sistema político sobreviva. Consiste, sencillamente, en que las cosas que pasan en un país deben tener consecuencias, para que no vuelvan a suceder.Pero en Colombia, repito, se acabó la responsabilidad política, a partir del juicio al Presidente, que le puso un punto muy alto a la gravedad que deben tener las cosas para que alguien se caiga de su cargo.Si no se cayó el Presidente, suficientemente demostrado el complot entre la cúpula del cartel de Cali y la cúpula de su campaña para llevarlo al poder, ¿qué funcionario del gobierno colombiano puede caerse en adelante?Sin embargo, ejemplos de funcionarios de la administración Samper que deberían caerse, si en Colombia todavía sobreviviera el concepto de responsabilidad política, hay muchos.Por ejemplo el ministro de Comercio Exterior, Morris Harf. Desde hace días se viene hablando de un estado de endeudamiento personal, confirmado por sus acreedores _entre los que figuran entidades estatales_ que lo coloca en una situación de responsabilidad política frente a su cargo. Si Harf la asumiera, como es su deber, debería presentar renuncia, no por tráfico de influencias frente al problema de su deuda (nadie pretende acusarlo de haber utilizado su cargo para resolver su situación económica), sino por conflicto de intereses personales con los públicos, que se resume en que el gobierno se encuentra refinanciándole a uno de sus ministros su patrimonio.Otro caso de responsabilidad política no asumida es el del secuestro de los soldados, agravado por la exhibición de impotencia de un Estado que no ha logrado rescatar a 60 secuestrados de sus propias fuerzas militares durante un lapso de tres meses. La forma como la guerrilla arrasó con la base militar Las Delicias debió haber producido, en un país normal, la caída de alguien. En Colombia, en cambio, se trata de un hecho de extremada gravedad que no tiene responsables de ninguna especie.El tercer caso reciente es el de Saulo Arboleda, a quien pillaron en una conversación inaudita con un consejero de Estado, con quien claramente mantenía un tráfico de información sobre fallos de la justicia que todavía no se habían producido. El hecho de que en Colombia no sean válidas las pruebas ilegalmente obtenidas no es disculpa para Saulo. En su caso, nadie pretende que vaya a la cárcel, sino que responda con su cargo por haber sido sorprendido en una actividad que claramente es inadmisible en un ministro del despacho.Y llegamos finalmente al caso Serpa, en el cual la responsabilidad política por la forma como quedó colocado en el episodio Mauss ya habría cobrado hacía rato en otro país la cabeza del Ministro del Interior.Serpa ya no es ese izquierdista de Barranca, ese free-lancer de blue jeans que podía estar en cualquier parte, con cualquier persona, en cualquier momento, sin que tuviera ninguna implicación política para el Estado. No. Horacio Serpa es el Ministro del Interior de la República de Colombia, y como tal, precisamente por la dignidad que le exige su cargo, no puede andar por Alemania, en una misión oficial, alojándose en el palacete privado de un agente del ELN, negociador profesional de secuestros e intermediario de serruchos comerciales, en lugar de haberlo hecho en un hotel, para lo cual el gobierno colombiano le hizo entrega de los viáticos respectivos.Como decíamos atrás, la responsabilidad política no tiene nada que ver con la penal, ni en el caso de Serpa desaparece por el solo hecho de que el Ministro no estuviera involucrado en alguna clase de serrucho. Pero tampoco excusa a Serpa el hecho de que no supiera quién era el dueño de la casa donde estaba durmiendo. Esa es, precisamente, la clase de episodios que se pagan asumiendo la responsabilidad política, porque es para eso que existe: para que los Serpas de todas las democracias paguen las consecuencias de no haber estado a la altura de la dignidad y responsabilidad de su cargo.Pero claro. Estas son otras épocas en Colombia. ¡Cuánta agua ha corrido debajo de nuestros puentes, desde que Marco Fidel Suárez renunció a la Presidencia porque su pobreza lo obligó a hipotecar su sueldo de Presidente!

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