Jueves, 23 de octubre de 2014

| 2010/06/10 00:00

¿Dónde está mi mamá?

Fui imposibilitado de dedicar mi vida a mi mamá, de crecer y disfrutar de su amor y de poder compartir el que yo le tengo.

Juan Lanao se pregunta dónde está Gloria Anzola, su mamá, desaparecida en la retoma del Palacio de Justicia cuando él apenas tenía un año de vida.

Finalmente, la juez dictó la sentencia condenatoria de 30 años de cárcel para el Coronel (r) Alfonso Plazas Vega por la desaparición forzada de 11 personas, dentro de estos empleados de la cafetería y visitantes ocasionales. De esta forma, se produce la primera decisión a través de una sentencia histórica sobre las irregularidades ocurridas en la retoma del Palacio de Justicia.

Siendo víctima de las circunstancias, con la sentencia dictada por la juez, espero que este sea un histórico paso para el progreso de Colombia. Esta decisión consolida y reafirma la Justicia en nuestro país. La parte triste es que para mí esto es un símbolo porque así sea con estos logros, estos no traerán de vuelta a nuestros seres queridos.
 
Aún no hay explicaciones concretas del paradero de mi mamá y con esperanza, expreso que este es un paso más para llegar a saber qué pasó con nuestras víctimas. Hemos tenido paciencia por casi 25 años a pesar de ciertas irregularidades durante el proceso y las múltiples versiones que todavía divagan de la verdad.
 
Por ejemplo, es inquietante que una semana atrás, se haya confirmado que el acusado siempre ha estado en condición suficientemente saludable para cumplir la orden de encarcelamiento en la cárcel de máxima seguridad (La Picota) impartida por la juez varios meses atrás.
 
Esta orden nunca se ejecutó, ya que el acusado se justificaba con que se encontraba con enfermedad mental inexistente. Entonces, hoy pregunto de forma abierta: ¿la parte acusada tuvo la capacidad de condicionar a su conveniencia cómo se aplica la Justicia en un caso tan importante? Me deja con la preocupación de si existe realmente imparcialidad en la jerarquía del Órgano Judicial colombiano debido al poder e influencia de particulares como en este caso. Entonces, ¿la mencionada Seguridad Democrática que se está mencionando hoy en día es real de esta forma?

La excusa de siempre es que esto sucede en todos lados. Cierto. Pero no me importa. Me importa mi país, me importa Colombia. Yo espero que la sentencia ayude a abrir los ojos de mis compatriotas, cegados por la manipulación de los hechos y convocarlos a que se den cuenta y reflexionen acerca de la situación jurídica de Colombia, no refiriéndome únicamente a este caso, sino también, a caer en cuenta de los casos en que el Estado se ve involucrado y choca con sus propias instituciones, mostrando que dentro de ellas, se encuentran victimarios y personas que llevan una conciencia sucia llena de culpas, que han manipulado la verdad y han ensuciado la transparencia de nuestro Estado con sufrimiento y crímenes violentos. Personas que están limitando la concientización de la realidad de los hechos de nuestra sociedad. A través de estos procesos se menosprecia el derecho a la vida de personas, el silencio es obligado, vidas son condicionadas, testigos son desaparecidos y callados, personas se encuentran respondiendo por cargos ajenos e impunidad promovida a través de la violencia y el sufrimiento que trae esta. Victimas y testimonios son limitados a través de amenazas de muerte a quienes pretendan colaborar a imponer Justicia en la realidad.

Espero de esta sentencia que no se olvide que no hemos llegado al fondo del caso y no nos vamos a detener en la investigación de una verdad que nos merecemos, y que éste sirva como ejemplo para promover la verdad que ha sido muchas veces oculta trayendo más víctimas. Que sea un paso en donde no se menosprecie la lucha por los paraderos de nuestros seres amados. Espero que el condenado no se guarde la verdad únicamente para él y los que tengan conocimiento de forma egoísta o que esté pagando las responsabilidades de otros criminales por conservar su honor militar. Confío en que colabore para promover desde ahora, transparencia para nuestra historia. De esta forma el acusado, colaborando con la verdad, probablemente, algún día pueda ser capaz de reconciliar su propia conciencia con su paz y tranquilidad.
 
No es justo que aquí se esté probando que personas inocentes fueron torturadas, asesinadas y desaparecidas y que su derecho a la vida fue profanado. Mi madre se encontró en el lugar de los hechos coincidencialmente, así como cualquiera de nosotros o cualquiera de nuestros seres queridos pudiese haber estado en el lugar de los hechos. Ella fue desaparecida por los mandos de la Fuerza Pública y me la hicieron sufrir. Se limitó la cantidad de memorias que yo puedo tener con ella. No la puedo conocer más, fui imposibilitado de dedicar mi vida a mi mamá, de crecer y disfrutar de su amor y de poder compartir el que yo le tengo.
 
Desde cuando yo tenía un año he sido condenado a vivir con este castigo y tengo la ilusión de que algún día, la verdad sea conocida en su totalidad, de esta forma, al menos podré explicarme qué le pasó y tratar de entender las circunstancias. Se hace necesario saber lo que realmente pasó para cuestionar mi destino. La violencia y sus víctimas no se pueden justificar con nada y hoy me preocupa darme cuenta que mi país está próximo a encaminarse en un marco político, convencido que lo mejor que tenemos está impuesta por una imagen a través de la violencia, la fuerza y el interés particular.
 
La verdad es que esto es aterrador visto desde fuera como por dentro. Estamos olvidando la riqueza de nuestros recursos y la calidad de los ciudadanos que tenemos. Somos un país lleno de gente de bien, serviciales, inteligentes, ingeniosos, hábiles y humanos. Gente que colabora entre sí y que conjuntamente son capaces de tejer un desarrollo. Debemos abandonar la reconocida reputación de que Colombia es un país aterrador y violento, donde la ambición y el narco-negocio afectan a toda la estructura social, trayendo injusticia, conflicto, peligro, muertes, masacres, sufrimiento, familias destruidas, entre muchos males. No es justo que sean victimarios los que den la cara representando nuestra nación con el poder que han tomado.

Esta condena debe de ayudar a Colombia. Mientras nosotros peleamos por Justicia, la sociedad debe exigir la verdad. De esta forma la Justicia reflejará una realidad con franqueza, siendo clara y apuntando a responsabilidades precisas. Los victimarios y los culpables no deben limitar la calidad de vida. Así, se detendrá tanto daño a nuestros mismos colombianos y mejorará la imagen de nuestro país. Así cultivaremos nuestras habilidades y derrumbaremos las barreras que frenan nuestra grandeza, corregiremos los errores del pasado e impediremos que se esparza el mal, que afecta e infecta gente inocente.

No es que para mí todos los militares sean culpables. No es que todos son malas personas, pero existen irregularidades, procesos en su contra, crímenes de lesa humanidad, se encubren y manchan las instituciones gubernamentales, en donde, hasta gente buena es afectada por colaborar con testimonios que suporten la ejecución de la Justicia. Esto condicionado por amenazas o por el hecho de que colaborar con la verdad en este país puede costar la propia vida.

Para concluir, es cierto, el M-19 fue una guerrilla, y se tomó el Palacio de Justicia en 1985. Son culpables de muertes de inocentes como el Presidente de la Corte Suprema de Justicia, magistrados y otras personas. Esto es imperdonable. En el transcurso de más de 20 años de este caso también ha tomado más víctimas la maldad porque no se sepa la verdad. Yo califico este hecho de la Toma como una acto atroz e injustificable cualquiera que haya sido el motivo. Los responsables directos de este hecho son el M-19 y más partes involucradas, pero hoy, con esta condena que declara como culpable por tortura asesinato y desaparición agravada de 11 personas, dentro de estas mi mamá, le pregunto al condenado y a la Fuerza Pública de la época:

¿Dónde está mi mamá? Ninguna condena, acusado u otra versión me la traerán de vuelta. Solo pido la verdad. Por favor, no olvidemos que la lucha continúa. Debemos mantenernos en la búsqueda de dos cosas: Primero, hacer de Colombia, nuestro país, un lugar magnífico como debería ser, y encargarnos de exigir que se implemente justicia y transparencia para detener el sufrimiento dentro de nuestra sociedad. 


 *Juan Francisco Lanao es hijo de Gloria Anzola, desaparecida en la retoma del Palacio de Justicia.

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