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Opinión

  • | 2001/01/22 00:00

    ¿Dónde están los juguetes?

    Hay temas que no valen para estos días felices (!)

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Esta es una semana dedicada a los niños, porque ha nacido el Niño Dios. “Apareció la benignidad y la humanidad de Dios, nuestro salvador”, es tal vez el motete navideño, para mí, de más clara y significativa expresión.

Los niños han tenido siempre la gran ilusión del Dios Niño, del pesebre, del viejo Noel, de los aguinaldos y traídos,y de todo lo que se entiende, cuando se es pequeño, por la

Navidad.No es lo mismo para los adultos y mayores, en quienes se mezcla, por estos días, la nostalgia por tiempos idos, la rumba y el afán económico, cuando no la desesperación por atender, precisamente, esas miradas expectantes de sus hijos.

Quisiera eludir otros temas el día de Navidad, temas agobiantes, que habrá que dejar para otra ocasión, si ella se da. Se llega a cierta edad y a ciertas circunstancias de la vida en que lo más seguro es lo de ayer.

Muy de paso me refiero a la irrupción en la escogencia de las candidaturas presidenciales, que ha hecho el ex presidente López. En realidad, sólo ha mantenido la costumbre de definir de antemano quién será el candidato por el Partido Liberal. Ha sido el ex presidente quien ha llevado en este campo la voz cantante. Desde aquel “¿si no es Barco, quién?”, pasando por el reclamo a Gaviria por no haberse propuesto como precandidato (asesinado Galán, su nombre ya había sido, en cierta forma, preferido por López).

A Ernesto Samper no tenía que señalarlo. Era de su entraña política, había sido su jefe de debate en la sonada derrota por la reelección y, hecho presidente, lo apoyó hasta el final tortuoso de su gobierno. Ahora, y son precisamente temas que no quisiera tratar, López se pronuncia negativamente, muy en contra de la candidatura Serpa y muy sutilmente en favor de la de Alvaro Uribe Vélez, si bien ha vaticinado que la presidenta, “a la plata de hoy” sería Noemí Sanín.

No son estos días los más propios para referirme en profundidad a las últimas revelaciones que se han hecho en torno de la Fiscalía General de la Nación y de algunos ex funcionarios de esa entidad, los cuales habrían negociado con los procesados ciertas acusaciones, a cambio de favores procesales. Es asunto por verse. Parece que esta misma revista, defensora acérrima del Fiscal, les da crédito a esas inquietudes —que no lo comprometen personalmente—. Pero que, de alguna manera, ofrecen otra óptica en casos como el de Alvaro Leyva, tan maltratado por los medios, que con dificultad le reconocen su condición obvia de perseguido político.

Tampoco es el momento para tocar temas tan escalofriantes como el de los sicarios de Medellín, que aportan sus paladinas confesiones acerca de los grandes crímenes de los últimos años. Es el caso del villano asesinato de Jaime Garzón y de otros. Todo un tejido parece articularse perfectamente, pero no se tiene en cuenta que la confesión, en materia penal, bien puede ser reveladora, pero no constituye plena prueba dentro de un proceso. Cualquiera puede incriminarse para desviar una investigación en marcha. Sin embargo, hoy la voz de los delincuentes parece ser la más respetada.

El tema económico, que es poco tratado en estos escritos por respeto al mismo y a quienes de veras lo conocen, tampoco vale para estos días felices (!). No es, pues, la ocasión para cobrarle al actual Presidente el que se haya apartado en tal forma de sus promesas electorales, en materia de impuestos, de reducción del IVA y de esas ilusiones que nadie cree, cuando se prometen, con una voz que pierde día a día credibilidad. Juan Manuel Santos pareció jugársela toda, pero ya logró pasar su reforma, aparte de los cañazos; cuenta con el respaldo liberal de López, como se pudo ver en las recientes declaraciones a Cambio, y nunca ha dejado de contar con el apoyo de su periódico. Con esos flotadores no hay mar embravecida, ni sudor y lágrimas, al menos para él.

Muchos otros temas cedieron a los arbolitos, al afán de ir a ver las luces, a la pólvora programada con que se despidió el alcalde Peñalosa, con sus estrellitas, especialmente en los barrios más ricos y en la niña de sus ojos, la carrera 15. Ha sido tiempo de leer la novena y de cosas tan trascendentales como la de comprobar si es la auténtica y si debe recitarse “padre putativo” o “padre adoptivo” de Jesús. Los colombianos hemos preferido darnos una tregua, sin permiso, en la Navidad. Y nos hemos dedicado a buscar juguetes para los más pequeños.
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