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Opinión

  • | 2006/06/03 00:00

    ¿Dónde nombrar a Juan Manuel?

    Una posibilidad es que no lo nombren de nada y se quede estos cuatro años siendo el ‘poder detrás del trono’, una especie de superministro del régimen

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De todas las incógnitas de la forma como Álvaro Uribe integrará su próximo gobierno, está una bien difícil de resolver: ¿qué hará con Juan Manuel Santos?

Este ex designado, ex ministro y actual jefe del partido de la U, tiene los méritos abonados para ser cualquier cosa que quiera en el nuevo gobierno. Pero es innombrable en los cargos que le podrían interesar, y aquellos en los que sería nombrable, probablemente no le interesen.

Por ejemplo, no creo que le interese el Ministerio del Interior. Este es cada día menos importante. Su única función es cuidar a los presos y a los congresistas, lo que en algunas ocasiones es prácticamente lo mismo. Pero, aun si le interesara, a Uribe no le quedaría tan fácil nombrarlo. ¿Cómo romper el equilibrio con Germán Vargas, entregándole a Juan Manuel el manejo del Congreso?

Suponiendo, como dicen por ahí, que le interesen el ministerio de Defensa o la Cancillería, sus frenteras críticas contra la carrera armamentista del presidente venezolano Hugo Chávez de entrada lo convierten en el menos adecuado de los candidatos de la coyuntura para tales cargos. En momentos diplomáticos tan delicados como los que a diario se viven con Venezuela, sería raro que el Ministro de Defensa de Colombia fuera un enemigo público de Chávez o que el Canciller tuviera que declararse impedido para manejar los problemas con el vecino país y, que se sepa, no existe la modalidad de 'Canciller ad hoc'.

Ministro de Hacienda ya fue durante el gobierno Pastrana, y demostró con creces que el cargo no le quedó grande. Pero hoy por hoy en nada contribuiría una reelección en ese cargo para sus aspiraciones presidenciales. Al contrario.

Embajador en Estados Unidos es imposible por ahora. Andrés Pastrana la tiene taponada y quién sabe durante cuánto tiempo.

No creo que la Embajada en Londres le interese para nada. No sería lógico que se alejara del país en momentos en que su carrera política está en la cima. La embajada por la que se la pasan paseando los parlamentarios es la de España, y en esa ya está reconfirmada Noemí.

La Alcaldía de Bogotá, con el apoyo de Uribe, es una posibilidad bastante incierta. En primer lugar, Santos ya tuvo una gran frustración en una aspiración previa. Pero además, nunca como antes había habido una fila india de aspirantes tan calificados para suceder a Garzón. De entrada, el Polo tiene tres: Navarro, Samuel y María Emma. Y hasta cuatro, si Carlos Gaviria resuelve 'jalarle'. En esa arena probablemente se encontrarán con Rafael Pardo, con Enrique Peñalosa, quién sabe si nuevamente con Mockus… ¿Y qué tal que a Pacho Santos, como andan diciendo por ahí, le dé por concretar su vieja aspiración?

De todas maneras, es probable que la Alcaldía de Bogotá ya ni siquiera le resulte atractiva a Juan Manuel en su carrera política.

Yo creo que a Santos le gustaría ser útil en el tema de la paz, pero esta tarea por lo pronto está concentrada en la 'epopéyica' y muy posiblemente desagradecida función de resolver la suerte de cerca de 30.000 desmovilizados de las autodefensas. Por el lado de las Farc no se ve ni siquiera a mediano plazo una luz al final del túnel, por lo que en este tema tampoco tendría Juan Manuel un juego factible.

Una posibilidad es que no lo nombren de nada y se quede estos cuatro años siendo el 'poder detrás del trono'. Sin puesto, para que no entre en conflicto con su primo el Vicepresidente, pero que esté a la diestra de Uribe resolviéndole los problemas más variados: desde los que Fabio Echeverri y José Roberto Arango resolvían con gran habilidad y oportunidad, hasta para corregir las embarradas de los ministros, ser embajador de Uribe ante los medios, cumplir misiones específicas en Estados Unidos y en Europa, meterse en el manejo económico, buscar ventanas con las Farc, mantener aceitada la alianza interna de los miembros de la U y la de la U con los demás partidos uribistas…

En fin, ser una especie de super ministro del régimen, con todo el poder y el protagonismo que tal cosa puede proporcionar.

Ya que probablemente no podrá nombrarlo en nada, ¿la gratitud de Álvaro Uribe será tan poderosa como para ayudar a Juan Manuel Santos a hacer lo que realmente quiere en estos cuatro años, que no es ni ser ministro ni embajador, sino asegurar su elección como próximo Presidente de Colombia?


ENTRETANTO…¿No sería buenísimo que los colombianos nos despertáramos mañana y descubriéramos que lo del batallón de alta montaña de Jamundí no fue sino una tenebrosa pesadilla?
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