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Opinión

  • | 2000/07/03 00:00

    Dos años

    En manos de las Farc está la suerte política de Andrés Pastrana y la forma como la historia lo juzgará

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Andres Pastrana salió muy debil del episodio del referendo. Aunque su gesto ha sido calificado de ‘patriótico’, el adjetivo suena como un chiste cuando la verdad es que dos años después de posesionado, ‘la revocatoria de la revocatoria’ aumentó peligrosamente la desconfianza de la opinión frente a la solidez del actual gobierno. Por eso puede resultar exótico, pero no absurdo, suponer que Andrés Pastrana podría terminar bien, o por lo menos no tan mal, su gobierno. Y lo digo por una razón: porque al final, el gobierno Pastrana será juzgado por dos factores: la economía y la paz. Y con respecto a ambos, cualquier cosa puede pasar en los dos años que le quedan al Presidente en el poder.

Es cierto que el actual panorama de la economía puede ser el peor del siglo: la tasa de desempleo amenaza con quedarse para largo, la inversión extranjera es inexistente, controlar el alza del dólar podría volver a disparar las tasas de interés, las bajas tasas de inflación, más que de un buen manejo económico son consecuencia de la profunda recesión, los spreads siguen subiendo y los bonos de Colombia no se vendieron la semana pasada. Pero la historia demuestra que la economía está gobernada por ciclos, y esa es una ley inmodificable. Ni siquiera la recesión gringa del 29, cuando la gente desesperada se botaba de cabeza desde los rascacielos, duró más de cuatro años.

En Colombia, con una situación económica tan mala, son altas las posibilidades de que el ciclo que viene sea más favorable. Para comenzar, tan pronto se aprueben en el Congreso los proyectos económicos, la comunidad internacional va a sentir un gran alivio: el panorama tenderá a estabilizarse y la recuperación podría comenzar en serio, bajo la influencia de todos los efectos de la globalización. Si hoy esos proyectos parecen varados es por cuenta de las escaramuzas políticas. Pero el país es sensato, y tan pronto se superen las vanidades personales el semáforo del Congreso se pondrá en verde.

Desde luego las perspectivas económicas están íntimamente ligadas al proceso de paz, que es el segundo factor por el cual se juzgará al final al gobierno Pastrana. Y aquí las cosas también son susceptibles de enderezarse.

Reconozco que actualmente la situación en este campo no se puede ver peor. El Presidente, arrinconado, viene siendo acusado de ceder y ceder sin exigir nada a cambio. Pero lo único cierto es que la que determina el éxito o el fracaso del proceso de paz es la propia guerrilla. Ella es la que actualmente tiene la sartén por el mango. Y la guerrilla (o por lo menos las Farc) es pastranista.

Ahora: yo no sé por qué es pastranista, pero es un hecho. No tengo ni idea por qué ‘Tirofijo’ se dejó tomar la foto con Andrés Pastrana y no con Serpa, cambiando drásticamente el rumbo de los acontecimientos políticos. ¿Será porque Alvaro Leyva es pastranista, o será por razones políticas mucho más complejas?

El hecho es que ‘Tirofijo’ le tiene más confianza a Andrés Pastrana que a cualquiera. Por más mala persona que sea el legendario jefe de las Farc, es imposible que no le tenga al Presidente gratitud por la forma que se la ha jugado por el proceso. Pero además, a las Farc no les conviene un Presidente débil, porque su capacidad de maniobra se disminuye peligrosamente y sólo un Presidente fuerte puede resistir las vicisitudes de un complejo proceso de paz.

En conclusión, en manos de las Farc está la suerte política de Andrés Pastrana y la forma como la historia juzgará su gobierno. No es improbable que por ese motivo un buen día de estos se les dé la gana de enderezarle el caminado: en manos de ‘Tirofijo’ está la posibilidad de liberar rehenes y secuestrados, de decretar un cese al fuego y de hostilidades que llenarían a Andrés Pastrana de gloria histórica. Y a ‘Tirofijo’ también.

En política, dos años contados hacia atrás no son nada, pero contados hacia adelante son una eternidad. Y por eso hay que creer que todavía no se escribe la última palabra sobre la forma como terminará este gobierno. Hoy es impensable pensar que sea bien. ¿Pero acaso quién iba a pensar, el día que se escapó Pablo Escobar de su palacio-cárcel, y mientras el país aguantaba enfurecido un apagón nacional, que el presidente César Gaviria terminaría su gobierno con una de las más altas tasas de popularidad?

Entretanto... Liberalismo oficialista o nuevo liberalismo colaboracionista: en el próximo gabinete ministerial, ¿quién ha de ser, quién ha de ser, Dios mío?
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