Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2007/09/01 00:00

Dos estructuras funcionales

Tras la muerte de un miembro de las Farc, quien estaba encargado del partido comunista clandestino en Bogotá, César Augusto Castaño se pregunta si hay verdadera comprensión de la amenaza que significan estas estructuras políticas ilegales para la institucionalidad

Dos estructuras funcionales

Desde hace algunos meses, han venido siendo mencionados en diferentes artículos de prensa, el PC3 (Partido Comunista Colombiano Clandestino) y el MB (Movimiento Bolivariano), ambas, estructuras políticas clandestinas de las Farc. La última noticia acerca de las mismas, está relacionada con la baja de un guerrillero, por parte del Ejército, quien era conocido como ‘Cristóbal’, personaje que tenía a cargo el partido clandestino en Bogotá.

Aunque hablar de estas organizaciones despierta una gran curiosidad, existen muchas especulaciones, pues algunos apuestan a catalogarlas como una invención de los organismos de seguridad del Estado, y otros a una remota posibilidad, pues la imagen que se tiene es la de una guerrilla compuesta por campesinos iletrados, mal uniformados, con botas de caucho y fusil, por lo cual sería impensable para el común de la gente, identificar a un profesional de alto perfil o a un académico respetable, como miembro de esa organización terrorista.

Para hacer claridad sobre el tema, es necesario saber que una de las características históricas de todas las organizaciones clandestinas es que se crean a partir de necesidades profundas, en momentos de crisis estructurales de las organizaciones que las originaron. Para el caso concreto de las Farc, en el escenario de guerra previsto, una vez se produjera la ruptura de los diálogos del Caguán, la consolidación de estructuras encubiertas debería ser una prioridad. Es por esto que el Plan Estratégico de las Farc, señala la necesidad de la existencia de tres fuerzas que en sí mismas, sean la expresión de la combinación de todas las formas de lucha, entendiendo este concepto no solo como la combinación de lo militar y lo político, sino de lo legal y lo ilegal. Estas tres fuerzas se configuran así: Un ejército, las Farc; un partido político, el PC3 y un movimiento de masas, el MB.

Tanto el PC3 como el MB, ambos ideados por Alfonso Cano en la mal llamada zona de distensión (de expansión dicen algunos), comparten los mismos principios básicos, aunque son dos estructuras distintas y complementarias. Cada cual, según el plan, desempeña un papel particular en el proceso revolucionario de acuerdo con su naturaleza. De esta manera, el Partido Clandestino es el que conduce el Movimiento Bolivariano y a su vez sirve de puente entre el movimiento de base y la guerrilla. Sin embargo, para identificar sus coincidencias y sus diferencias es necesario hacerlo sobre la base de su naturaleza y actividades.

El PC3 en su naturaleza es cerrado, sus militantes deben pasar por un riguroso proceso de selección, con la obligación de mantener siempre un bajo perfil. Cano determinó, incluso, que los documentos que allí se originen jamás deberían aparecer firmados y que el proselitismo directo jamás seria desarrollado por este partido. Basta observar sus estatutos para comprender su esencia, en estos el ideólogo de las Farc define a esta estructura, como un partido comunista ortodoxo; de carácter clandestino y compartimentado, pilar fundamental en el desarrollo del plan estratégico y de la “urbanización del conflicto”, conformado mayoritariamente por profesionales o cuadros políticos cualificados.

Sus escenarios de infiltración son los medios de comunicación, las ONG de cooperación internacional, los organismos de seguridad del Estado y el sector financiero, entre otros. Sus objetivos de intervención política son los colegios, las universidades, los sindicatos, las organizaciones sociales y las juntas comunales. Su actividad se enmarca en proyectos y campañas; sin que sea frecuente el proselitismo directo.

Por su parte el Movimiento Bolivariano, es una expresión organizativa de mayor amplitud aun con sus características de clandestinidad. Este carece de estatutos, y la verticalidad no se aplica militarmente como en el partido, sino, que se establece un “liderazgo legítimo” del Pc3, sin que los “asociados” lo perciban. Un miembro del Pc3, no puede renunciar voluntariamente a su militancia, porque está determinada por la dirección del Bloque de su área, mientras que un “asociado” del Mb puede separarse o renunciar con mayor facilidad, aunque para hacerlo debe pasar por un proceso de seguimiento y vigilancia.

Las mismas Farc definen al MB, como un movimiento amplio, sin reglamentos, sin discriminación, excepto –según ellos– de los enemigos declarados del pueblo. No tienen oficinas y su sede es cualquier lugar de Colombia. Su base la constituyen núcleos clandestinos, de múltiples y variadas formas como: círculos, juntas, talleres, malokas, familias, uniones, combos, hermandades, grupos, clubes, asociaciones, consejos, galladas, parches, barras, mesas de trabajo, mingas, cofradías, comités y todas las formas que adopten sus integrantes, pero que a su juicio, les garantice el secreto de pertenencia y la compartimentación. Desarrollan tareas de organización de masas, movilización de sectores sociales, elaboración y distribución de propaganda.

Lo cierto es que las Farc a través de estos movimientos, presentan una propuesta ideológica y política aparentemente atractiva, dirigida a sectores tradicionalmente distantes de esa organización, su prioridad es lograr una urbanización del conflicto para lo cual, se sabe, han diseñado un plan que se ejecutaría sobre los grandes centros urbanos apoyados por el Pc3 y el Mb, tal como quedó en evidencia en el último operativo del Ejército en la Uribe, donde se conocieron importantes documentos en el computador que abandonó Carlos Antonio Losada, jefe nacional de milicias de esa guerrilla, quien fue herido por las tropas de la Fuerza de Tarea Omega.

Por los peligros que representan estas organizaciones para la seguridad del Estado, corresponde a los organismos de inteligencia enfilar sus baterías al desmantelamiento de estas estructuras clandestinas, pues ellas no son visibles y pueden poner en gran riesgo al país, por su alta capacidad de penetración e infiltración. No en vano Raúl Reyes, anunció que las Farc podrían ayudar al Polo Democrático en el ascenso al poder, algo censurable desde todo punto de vista, aunque no descartable, pues pese a que este sector político ha tomado una distancia prudente de esa organización terrorista, esta podría a través de sus estructuras clandestinas infiltrar la campaña, con el único objetivo de “acomodarse” políticamente entre sus filas en procura de cumplir sus oscuros propósitos.

Esto naturalmente podría quebrantar la institucionalidad, un objetivo que por años las Farc han perseguido, y que podrían alcanzar sin necesidad de acudir a la fuerza de las armas, de esa anacrónica guerrilla que aún subsiste en el imaginario colectivo.

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