Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/05/11 17:54

“Dos mujeres y una vaca”. Efraín Bahamón, 2015

Es de esperar que tengamos más realizaciones de su propia creatividad para que estas cátedras fílmicas caigan en buena tierra y el cine nacional comience a cosechar trabajos de gran valor fílmico y visual.

Gustavo Valencia

De lo mejor que ha realizado el cine nacional en los últimos años en cuanto cinematografía, arte visual y contenido crítico, a través de un relato muy sencillo que revela las causas de la violencia en el país. Una película indispensable de ver para comentar, para discutir y para disfrutar su calidad fílmica.

El profesor de cine, el alguna vez director de la Cinemateca y actualmente profesor de guión en el posgrado de Escrituras Creativas de la Universidad Nacional, Efraín Bahamón, realiza su ópera prima. Así que el profesor pasa de la teoría a la práctica con su propio trabajo y como era de esperarse, entrega toda una cátedra sobre cinematografía y criterios fílmicos, sobre movimiento de cámara, diversos planos y creación de espacio cinematográfico, además de enseñar cómo se construye un guión bien compacto, sencillo y profundo, con un relato que le permite describir la trágica situación del campo colombiano, su violencia y los que la sufren, a través de una historia con personajes tan humanos como concretos, sin estereotipos ni clichés.

El profesor Bahamón demuestra con este film que en cine, como en cualquier arte, no es importante sólo lo que se cuenta sino el cómo se cuenta, pues lo uno es inseparable de lo otro, son una unidad indisoluble y si sólo predomina o se valora uno de los dos elementos, el resultado de la obra es poco satisfactorio. Esto es bueno recordarlo y esta película así lo confirma, porque la tendencia en cine ahora  es de hacer prevalecer sólo el relato, lo que se cuenta, puesto que viene haciendo carrera la equivocada tesis de que lo “que importa es la historia” y se olvida por completo del cómo se va a contar, lo que significa que en cine es a través del arte de saber expresarse con  imágenes, o sea, planos, enfoques, ángulos y en especial, movimiento de cámara que es lo que genera el espacio cinematográfico.

Todo eso de lo que adolece la mayoría de las actuales producciones reducidas a rodar televisión para cine, o sea, sólo primeros planos de rostros, ningún desplazamiento de la cámara, planos fijos y nada de recreación del espacio en que se desenvuelven los protagonistas, eso que No es cinematografía, que se ha convertido en una aridez creativa en cuanto a talento visual para poder expresarse a través de la imagen y en ese sentido, el trabajo que entrega el profesor Bahamón se convierte en todo un oasis que viene a refrescar el panorama del actual cine nacional en lo que se refiere a los valores fílmicos del cine, los cuales son universales. Sí, en cine también importa y mucho el cómo se cuenta, al igual que en poesía, en pintura, en narrativa, etc.

“Dos mujeres y una vaca” presenta, con mucho criterio cinematográfico, el país rural a través de un sencillo relato que muestra lo que en verdad sucede en el agro colombiano, con su gente trabajadora y cada vez más pobre, con la violencia desatada por muchos grupos armados, no sólo de los que ahora firman una paz, sino de los que continúan, poderosos grupos armados que controlan inmensas zonas del país. Una película que se estrena justo cuando culminan una serie de sucesos sangrientos durante más de medio siglo protagonizados por un grupo, y que a su vez abre paso, nadie sabe por cuántos años más, a una violencia más cruenta con los nuevos y bien organizados grupos armados que gobiernan y asolan diversas regiones colombianas.

Todo esto entregado por el director a través de su particular estilo fílmico de grandes planos y panorámicas que registran las vastas dimensiones del país rural; diversos enfoques y ángulos  que generan espacio cinematográfico para que haya sabor a campo con sus caminos quebrados, sus ríos, su vegetación y clima, plasmando a su vez lo rústico y su condición económica de miseria. Las locaciones en que se realiza la puesta en escena son la realidad de ese país que los de la gran ciudad desconocemos e ignoramos, de chozas puesto que no son casas, en ruinas y cayéndose a pedazos. La pobreza en extremo recreada de forma directa, que explica a su vez sin necesidad de diálogos y sofisticados parlamentos, que esa es la verdadera base para que prolifere la violencia que viven estas personas.

Toda esta impresión visual no tendría, claro está, el mismo efecto si no fuera por la calidad del guión, que también es de lo mejor de la obra. El profesor de guión pasa de la teoría de sus clases a la práctica de su largometraje, con lo que la cátedra sobre cinematografía queda completa. Un relato tan sencillo como profundo, que recae principalmente sobre las dos mujeres protagonistas. Una carta que ninguna de estas dos mujeres pueden leer por su condición de analfabetas, se convierte en el leitmotiv de toda una narración bien estructurada, que muestra una situación sociopolítica conflictiva y trágica a través de estas dos campesinas, personas con sus anhelos, deseos y frustraciones, en una historia plasmada por medio de una composición fílmica muy bien trabajada y cuidada, de la imagen fílmica que es la esencia del cine y que el profesor Bahamón lo sabe muy bien (Este leitmotiv de la carta, se convierte además en una especie de guiño picaresco que realiza el director y que el espectador podrá apreciar y disfrutar al final de la proyección).

Es de esperar que tengamos más realizaciones de su propia creatividad para que estas cátedras fílmicas caigan en buena tierra y el cine nacional comience a cosechar trabajos de gran valor fílmico y visual, ahora que tanto se necesita y que nadie parece tener en cuenta, porque lo “que importa es la historia” no el cómo se cuenta. También es de esperar que ojalá haya público para este tipo de trabajos de calidad fílmica, que no están colonizados por los que están basados en sanguinolentas escenas de violencia gratuita, tan gratuita como la desnudez de sus “actrices”, con una historia truculenta y retorcida, o simple comedieta vulgar y chabacana, que es lo que vende y logra audiencia.

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