Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 1998/10/05 00:00

DOS PREGUNTAS

DOS PREGUNTAS

Quisiera hacerle desde aquí al presidente Andrés Pastrana dos preguntas que considero pertinentes. Aunque no dudo de que precisamente por serlo serán tachadas de impertinentes, como lo son todas las que se les hacen a los gobernantes de Colombia. Y las quiero hacer aun a sabiendas de que no van a ser contestadas, porque en este paísnadie contesta. Una de las preguntas se refiere a un simple detalle de protocolo, y la otra trata sobre un aspecto secundario de nuestras relaciones internacionales. Son dos preguntas fáciles, y no creo que su respuesta _en el caso improbable de que se les diera alguna_ pudiera poner en peligro la estabilidad de la República o los intereses del Estado. Tampoco creo que afecten temas secretos. No es como si preguntara, digamos, por qué no se nos informa sobre las exigencias norteamericanas en cuanto a la política de drogas del gobierno: en tal caso, una respuesta podría provocar, si no una invasión en regla, por lo menos la renuncia del ministro del Medio Ambiente Juan Mayr. No: son dos preguntas fáciles. La primera es sobre una fiesta. No es una frivolidad, si consideramos que nuestra historia está llena de fiestas que tuvieron consecuencias de importancia: el Grito de Independencia se dio por un florero prestado para una fiesta, el presidente Turbay estuvo a punto de caerse dos veces por culpa de dos fiestas (la de la embajada dominicana en que se tomaron rehenes y la famosa de Cúcuta que escandalizó al obispo), el presidente Gaviria afrontó la más grave crisis de su presidencia con motivo de una parranda vallenata. En este caso se trata de la fiesta con que se celebró el 7 de agosto la posesión del presidente Andrés Pastrana en casa del magnate Carlos Ardila Lülle. Pregunto: ¿Es normal a la luz del protocolo oficial, es apropiado desde el punto de vista del decoro republicano, es inocuo desde el ángulo de la independencia que no sólo debe tener, sino parecer que tiene, el jefe del Estado, el hecho de que acepte en tan señalado día un homenaje privado de parte de un ciudadano particular que no sólo es uno de los hombres más poderosos del país sino que además fue el principal contribuyente a la campaña presidencial?La segunda pregunta es sobre un nombramiento; y, sin duda por pura casualidad, también tiene que ver con el anfitrión presidencial, cuyo hijo Carlos Julio Ardila acaba de ser designado embajador en España. Pregunto: ¿Es normal dentro del protocolo internacional de las cancillerías que se nombre a un embajador a las pocas semanas de que haya presentado sus cartas credenciales el embajador anterior? ¿Es apropiado _aunque esto, claro está, no se dirige sólo al actual gobierno_, desde el punto de vista del decoro, que Colombia haya cambiado su embajador en España nada menos que ocho veces en los últimos nueve años? ¿Es inocuo desde el ángulo de la independencia que no sólo debe tener, sino parecer tener, un representante diplomático, el hecho de que su padre tenga grandes intereses económicos en el país en el que va a desempeñar su misión?Algún cínico respondería diciendo que si Pastrana festejó su posesión presidencial en casa de Ardila Lülle fue porque Julio Mario Santo Domingo no lo invitó a la suya. Y que si nombró en Madrid al hijo de Ardila es porque el puesto de París ya estaba ocupado por el sobrino de Julio Mario. Pero esas serían respuestas de república bananera y, por supuesto, tratándose de Andrés Pastrana, no puede ser ese el caso. Dignidad obliga. Obliga tanto la dignidad, que mucho temo, como dije al principio, que el Presidente no se digne contestar estas sencillas preguntas. Ni siquiera se dignaba contestar ninguna cuando era apenas candidato. Y sigue sin dignarse contestar aquella que sobre su misterioso secuestro y su todavía no explicada liberación le hizo el recién elegido contralor Carlos Ossa, quien, por otra parte, acaba de negar haberla hecho. Porque en este país no sólo se niegan las respuestas a las preguntas, sino que también se niega haber hecho preguntas.(A propósito de lo de Ossa: no parece muy promisorio que el hombre designado para controlar el manejo de la administración pública inicie sus funciones declarando que él no es uno de esos impertinentes que les hacen preguntas a los gobernantes. Pero ese es otro tema.)

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