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Opinión

  • | 2006/02/11 00:00

    Dos semanas de mayo

    Si Álvaro Uribe no gana en la primera vuelta, los narcoparamilitares interlocutores de Restrepo no vacilarán en meterle toda su fuerza a la segunda

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Que las elecciones parlamentarias de marzo no den un Congreso mayoritariamente uribista, como es probable, no tiene mucha importancia: al Mesías-Presidente no le temblaría la mano para cerrar el Congreso en nombre de la "gobernabilidad". Las elecciones peligrosas son las presidenciales de mayo: las de la reelección. ¿Qué pasará si Álvaro Uribe no las gana en la primera vuelta?

La reelección de Uribe reposa sobre tres patas. Una es el voto de la frustración y de la esperanza de que las cosas cambien, el mismo que tan inesperadamente lo llevó a la victoria hace cuatro años. Otra es el apoyo de los Estados Unidos, expresado fundamentalmente en la ayuda al Plan Patriota que permite mantener un alto nivel de presencia armada para compensar la desmovilización parcial del paramilitarismo. Y la tercera pata es la más importante: el propio paramilitarismo. Es decir, el uribismo agropecuario y terrateniente: el uribismo armado.

Las encuestas siguen mostrando una clara ventaja de Uribe, y una reelección casi automática en la primera vuelta. Pero las encuestas suelen fallar, como lo muestra, sin ir más lejos, el meteórico ascenso del propio Uribe hace cuatro años. Y es muy posible, e inclusive probable, que la acumulación de frustraciones y de promesas incumplidas (en todos los aspectos: desempleo, inseguridad, politiquería) lleve al electorado, como ha sucedido siempre cada cuatro años, a votar contra el gobernante saliente, que en este caso es el mismo Presidente-candidato Uribe. Sería necesario entonces una segunda vuelta electoral. Y da miedo pensar en lo que pueda pasar entonces entre una y otra.

Porque engañar a la gente común y corriente no importa: se ha hecho siempre, y no ha pasado nada (o bueno, sí: por eso estamos en guerra; pero como siempre hemos estado en guerra, no ha cambiado nada). Hacer esperar a los Estados Unidos tampoco tiene consecuencias; y, de todos modos, para aplacar su impaciencia el gobierno de Uribe está entregando más de lo que le piden. Sabas Pretelt ya dice que va a tocar fumigar con glifosato los parques naturales, tras el fiasco premeditado de la erradicación manual; y Andrés Felipe Arias ya reconoce que tocará mover las líneas rojas (otra vez) en la capitulación de la firma del TLC. Pero fallarle al uribismo agropecuario, al uribismo armado, puede provocar una verdadera catástrofe. Como lo recordaba en estos días el senador del Polo Jorge Robledo, lo que les explicó en Santa Fe de Ralito el comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo a los jefes narcoparamilitares que negociaban con él la comedia de su desmovilización es que la única garantía que tienen ellos es la reelección del presidente Uribe. Ningún otro resultado electoral les conviene. Y ellos lo saben tan bien como Restrepo.

Ustedes recordarán (o tal vez no: la memoria de los colombianos es débil) que entre vuelta y vuelta de las elecciones del 94 fue necesario meterle toda la plata del elefante a la campaña de Ernesto Samper para que éste saliera elegido Presidente. Esta vez, si Álvaro Uribe no gana en la primera vuelta, los narcoparamilitares interlocutores de Restrepo no vacilarán en meterle toda su fuerza a la segunda. Una fuerza que sigue siendo armada, como debe saberlo mejor que nadie el Alto Comisionado: lo hemos visto por la televisión estrechar la mano derecha de treinta mil combatientes, pero recibir con la izquierda apenas la mitad de esas armas.

La reelección de Uribe, lo he dicho aquí veinte veces, es dañina y peligrosa, y lleva a la consolidación tal vez indefinida de un régimen a la vez inepto y autoritario. Pero su no reelección en la primera vuelta de mayo puede resultar aún peor. En esas dos semanas entre vuelta y vuelta el uribismo armado puede desatar un baño de sangre. n?
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