Lunes, 23 de enero de 2017

| 1999/12/27 00:00

E-mail de Susana

Recibí la semana pasada esta carta, impactante por decir lo menos, de una adolescente que desconozco y que se tuvo que ir de Colombia “por la situación del país”.

E-mail de Susana

Recibí la semana pasada esta carta, impactante por decir lo menos, de una adolescente que desconozco y que se tuvo que ir de Colombia “por la situación del país”. La publico textualmente porque me pareció de gran interés para los lectores. No sólo por ser la visión de una joven en el exilio que siente profundamente a su país, sino porque sus palabras tienen una inmensa actualidad

si vemos la creciente diáspora de colombianos hacia el exterior. La resonancia de sus palabras debería tener eco en todos los que se quieren ir y, por qué no, en todos los que nos quedamos en esta vapuleada pero entrañable Nación. Ahí va.



Hola Alejandro:

No sé qué tanto te pueda interesar un e-mail de una niña de 16 años, que ya ni siquiera hace parte de Colombia. Vivo en un boarding school en Estados Unidos hace cuatro meses y, sobra decirlo, todo se debe a la situación de mi país. Para mí no ha sido fácil tener que dejar mi colegio, en el que estuve por 12 años, ni mi casa en Bogotá en la que viví por 13. Haber dejado a mi familia y despertarme con un hueco en el estómago pensando qué es peor, saber que estoy acá, o saber que algo más pueda pasar allá. Siento ira en mi corazón cuando pienso que miles de personas son asesinadas inocentemente y, ni yo ni la gran parte de los que quieren terminar esta guerra, pueden hacer nada al respecto. Me siento como una cobarde cada vez que pienso en mi situación. Porque gracias a Dios tengo dónde comer y dónde dormir. Desafortunadamente todos le pedimos mucho más a la vida que eso. Cuando hablo con mi mamá no puedo parar de llorar y me dice cosas como “pero nena tú allá estás segura, yo estoy tranquila porque sé que estás bien”; eso me duele porque estoy con vida pero no estoy bien. Cada día estoy más confundida, porque me gustaría saber en qué va a parar esto. Cuando vivía en Bogotá veía el noticiero todos los días, sabía qué estaba pasando a mi alrededor y, así y todo, me conformaba con eso. Ahora estoy obligada a ver todo desde un punto de vista completamente diferente y estoy llena de tristeza 24 horas al día, odio con todo mi corazón estar acá. Pienso que en cualquier momento algo pueda pasarle a mi familia, a mis amigos.

Es cínico saber que los que están allá quieren venir acá y los que están acá quieren volver allá. Me partió el corazón hablar con una amiga mía que vive acá y no sabe qué hacer. Si se queda en Colombia no tiene trabajo para pagar la universidad, y aquí que consigue trabajo le cuesta el doble estudiar. Yo no vivo en la calle ni sé lo que es sentir hambre. ¿Se supone que debo estar feliz? Yo me siento como una niñita malcriada que llora por nada. Pero tengo 16 años hace cinco meses, y estoy físicamente acabada de llorar. Una de las personas que se murió en la bomba de hace dos semanas era conocida de mi mamá y dejó a tres hijos, cómo no vamos a estar tan vueltos mierda si cuando esos niños crezcan lo van a hacer con puro resentimiento. Y es que no poder darle una mano a los que están allá sufriendo me desespera. Todo lo que mis papás trabajan para darme lo que tengo lo daría sin pensarlo si eso ayudara en algo. Pero las cosas no son así y nadie sabe cuál es la solución a este caos colombiano. Este caos que le ha partido el corazón a tantas personas durante tantas décadas. Qué triste haber nacido durante una guerra y morir sin ver el final.

Si en este momento pudiera, me iría en el próximo vuelo a Colombia y no volvería a este sitio nunca. Desafortunadamente no es una opción. Uno no puede tener todo lo que quiere en esta vida; y los colombianos no tenemos paz. Otros ya no tienen vida. Es triste pensarlo, pero cada día más y más personas se vuelven egoístas en su manera de vivir. Porque a los que viven en Colombia les toca tener un escudo y taparse los ojos como hacía yo y como lo hacen muchos más. Tal vez si volviera a mi casa trataría de hacer algo, eventualmente yo también terminaría tapándome los ojos. Pero irse del país no es la solución. Quién sabe, tal vez amo demasiado mi país y aunque no haga nada por él, ser colombiana es mi orgullo más grande. Haberme ido ha sido el

peor error que he cometido en mi vida.

La gente piensa que estoy loca por pensar en estudiar en Los Andes como siempre he querido, en vez de aprovechar y estudiar aquí. El sueño americano no es mi sueño.

Cuando tenga hijos dudo que esto haya llegado a su fin. Y tal vez es una locura pensarlo, pero si yo, hace algunos años fui feliz en mi país espero que ellos también lo sean. Tu columna en SEMANA me refrescó la memoria de lo que en resumen es la situación en Colombia. Sólo puedo pedirle a Dios que nos bendiga a todos mientras pienso a ver qué puedo hacer para largarme de este sitio.

“Malditos sean los pueblos que necesiten de héroes...”, pues o Colombia se termina de joder o encontramos un héroe.



Susana



alejosantos@hotmail.com

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