Lunes, 20 de octubre de 2014

| 2012/09/01 00:00

Echando tiros

El verdadero obstáculo son los extremistas de las partes, que no quieren la paz. La extrema derecha del establecimiento, representada por Uribe y sus adláteres. Y la extrema derecha de la guerrilla, que también tiene la suya, representada al parecer por Iván Márquez.

Hablan de Diálogos de paz el presidente Santos y el jefe de las Farc Timochenko. Salió también a hablar de paz Gabino, el jefe del ELN. Viejísimo, sentado con su bandera de Colombia y su fusil al pie de un árbol también viejísimo, sembrado también sobre gordas raíces, cargado de lama y de líquenes, de mohos y de musgos que parecen nacer y crecer hasta del propio cañón del fusil.

Gabino, que era tan joven y comenzó su guerra cuando era un niño campesino. Cuando yo lo conocí tendría 25 años. Fue en una de aquellas tantas frustradas tentativas de paz de los armados, que en el caso específico del ELN se llamó "replanteamiento". Y era joven Gabino todavía cuando sustituyó en la comandancia de su guerrilla al cura Pérez, que se murió viejísimo, de vejez, creo. Y si se mira la cosa por el lado de las Farc, que también hablan de diálogos o de ruidos de paz, hay que ver qué viejo se murió Manuel Marulanda, Tirofijo, "presente y combatiendo", como dice el grito insensato de la guerra perpetua. Y qué viejo era ya su sucesor Alfonso Cano cuando lo mataron, con esas barbas canas como las mías de hoy. Cuando lo conocí, en los tiempos de aquella otra frustrada tentativa de paz de Belisario, nuestras barbas respectivas eran todavía negras.

¿Para eso se ha hecho en Colombia esta guerra interminable? ¿Para que todos estemos viejos, si es que no estamos muertos? Recuerdo también una conversación exasperada con unos del M-19 en plena esperanza de paz de la Constitución del 91: "Ay hermano -dijo uno- no sigamos hablando de los muertos".

Pero en esas seguimos.

Sin embargo las cosas, tercamente, han venido cambiando. No solo porque todos estemos más viejos y hastiados de la inutilidad de la guerra (pues los sigue habiendo jóvenes, y entusiastas, de lado y lado), sino porque las circunstancias del país han cambiado. En lo que toca a las objetivas -para usar la fórmula de "causas objetivas y subjetivas" de la guerra social que utilizó el primero en reconocerla, que fue el presidente Belisario Betancur- se han agravado tal vez en cuanto a la inequidad que alimenta el rencor y en cuanto al desempleo que crea la mano de obra disponible para la violencia; y también en lo que toca a la financiación, que ahora es la inagotable del narcotráfico. Pero por el lado de la correlación de fuerzas en la parte armada, el equilibrio ha vuelto a ser favorable al Estado y a su Ejército (y Policía). Es por eso que las diezmadas guerrillas que aún quedan -el envejecido ELN de Gabino, las varias veces descabezadas Farc- están dispuestas a conversar. Y el gobierno también.

Se han filtrado seis temas. Desarrollo agrario integral, participación en política, fin del conflicto, solución al problema de las drogas ilícitas, víctimas y reparación e implementación, verificación y refrendación. Ambicioso programa. Y con elementos que no dependen de la voluntad de las partes, como la necesaria discusión sobre las drogas ilícitas que hoy constituyen el nervio financiero del conflicto. Habría que llamar también a intervenir al gobierno de los Estados Unidos, que está ahora en plena campaña electoral. Y otros más quieren colarse. El Centro de Estudios sobre Seguridad y Droga de la Universidad de Los Andes, las víctimas, con razón. El procurador Ordóñez, a punto de ser reelegido, que se dice "vigilante" y que posa para las cámaras con su bandera de Colombia también él. Piedad Córdoba, Roy Barreras. El expresidente Uribe que trina de la rabia, los columnistas de prensa que metemos también la cucharada, el vicepresidente Angelino Garzón que farfulla sus cosas. Y el asunto se va enredando: unicameralidad, Defensoría del Pueblo, reelección, constituyente, etcétera.

No va a ser fácil.

Pero el verdadero obstáculo no son los paracaidistas que quieren colgarse ellos también de los diálogos de paz y ampliarlos a otros asuntos, cuando se trata solamente de ponerle fin al conflicto formal. El verdadero obstáculo son los extremistas de las dos partes, que no quieren la paz. Y están, desde ya mismo, saboteando su avance, como lo prueban las filtraciones masivas de los diálogos secretos. La extrema derecha del establecimiento, representada por Uribe y sus adláteres de la prensa y del campo ganadero y palmero y, más ominosamente, del estamento militar. Y la extrema derecha de la guerrilla, que también tiene la suya, representada al parecer por Iván Márquez. Esas dos derechas enfrentadas y que quieren seguir en guerra pueden hacer mucho daño.

Y están además las ruedas sueltas. Recuerdo que cuando Gabino era joven y se planteó lo del "replanteamiento" y fue a plantearles la idea a los jefes de frente de su guerrilla, uno le dijo:

—Ustedes hagan lo que quieran; pero a nosotros déjenos seguir echando nuestros tiritos.

Si se termina el conflicto y se empieza "la construcción de la paz estable y duradera" de que hablan los acuerdos filtrados, de todos modos habrá gente que seguirá echando sus tiritos. En todas las paces, eso es inevitable.

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