Opinión

  • | 2015/12/14 11:21

    Todos chillan

    A pesar de las palabras del ministro de Hacienda, que todos los días nos indica que nuestra economía es la más fuerte de América Latina, las lágrimas que acompañan los chillidos son de todo tipo.

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Hace un poco más de tres años, al concluir el Consejo de Ministros que se adelantó en el municipio de Tibú, el presidente de la República indicó que presentaría una reforma tributaria que haría chillar a los estratos altos. Luego de aquella demagógica frase, el país ha sufrido dos reformas tributarias y vamos para la tercera, advirtiendo que la tan prometida chillantina para los ricos se ha generalizado en todo el país para múltiples estratos y sectores.

A pesar de las palabras del ministro de Hacienda, que todos los días nos indica que nuestra economía es la más fuerte de América Latina, las lágrimas que acompañan los chillidos son de todo tipo. Por el lado de la industria las cosas son dolorosas debido a que un sector que genera millones de empleos formales ha sido asfixiado con cargas de impuestos que desincentivan la inversión y hacen menos atractiva la contratación de personal. Las pruebas más contundentes se encuentran en que en el trimestre móvil agosto-octubre, comparado con el año 2014, se perdieron casi cien mil puestos de trabajo y en lo corrido del año el sector manufacturero se ha contraído.

También chilla el sector minero-energético. Si bien es cierto que los precios internacionales poco ayudan y se salen del control del Gobierno, los efectos de la política tributaria en sectores que deben asegurar sus niveles de producción no pueden ser peores. La inversión en este sector se vino al suelo, la exploración y la perforación petroleras han caído más del 80 % y las exportaciones se han disminuido más del 40 %.

Los hogares, y principalmente los de menores ingresos, también son otro mar de lágrimas. Una inflación total que supera el 6 % y una inflación de alimentos que se aproxima al 10 %, encarece el consumo, afecta la calidad de vida de los más vulnerables y dificulta la negociación del salario mínimo. Esa situación inflacionaria también es el reflejo de todos los costos, incluidos los tributarios, que las empresas le transfieren a la sociedad.

En medio de tantos chillidos, estamos ante la llegada del reporte de la Comisión de Expertos Tributarios que recomendará una reforma estructural. Desde ya se especula que el IVA será aumentado como mínimo al 18 %, que se crearán impuestos a los dividendos, que se contemplarán impuestos a las pensiones altas y que se reducirá el impuesto de renta a las empresas para aumentarlo en las personas naturales.

Nadie duda de la capacidad técnica de los expertos que nos traerán recomendaciones, pero mientras el Gobierno siga gastando, las reformas tributarias serán una sastrería para financiar el apetito estatal. Para el año que viene el déficit del gobierno central superará los 26 billones de pesos.

Aumentar el IVA cuando la inflación campea o incrementar el impuesto de renta a las personas naturales cuando la economía se desacelera pueden ser medidas peligrosas, mucho más si el gobierno no se amarra el cinturón y nos sigue pasando a todos la factura.

Colombia chilla porque a pesar de los pajaritos que nos pintan, el Gobierno no supo ahorrar en las épocas de vacas gordas y, por el contrario, gastó a dos manos. Colombia chilla porque se perdieron varios años sin política industrial y porque se pospusieron reformas urgentes ante los intereses políticos inmediatos.

De nada nos sirven las ilusiones que todos los días nos venden. Colombia necesita un sistema tributario sencillo; transparente; que fomente el ahorro, la inversión y la formalidad. Hasta ahora, con la política tributaria, vamos por el camino contrario y eso amerita que se corrija el rumbo o de lo contrario, chillaremos eternamente.
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