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Opinión

  • | 2017/04/28 12:57

    Otra infracción al DIH

    El terrorismo tiene implicaciones éticas imposibles de soslayar. Este año el ELN ha atacado el oleoducto Cañon Limón–Coveñas más de treinta veces.

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Los 3.500 habitantes del corregimiento de Guamalito, municipio de El Carmen, Norte de Santander, amanecieron con sus derechos humanos vulnerados, por cuenta de otro atentado terrorista del ELN al oleoducto Cañon Limón–Coveñas. Este año han atacado el oleoducto más de treinta veces. Y en esta ocasión lograron derramar varios centenares de barriles de crudo sobre la quebrada Cimitarra de donde esa población toma el agua para su acueducto.

Las opiniones sanas y legítimas de muchos ciudadanos preocupados por el desempeño ambiental de la actividad petrolera merecen todo nuestro respeto; y con ellos mantenemos un diálogo sostenido y transparente. Sin embargo, en esta ocasión, como en anteriores, las voces de algunos que falsamente aducen ser defensores del medio ambiente y que no dudan en condenar las actividades petroleras lícitas, respetuosas del ambiente y de los derechos de las comunidades, tampoco se hicieron escuchar. Con su silencio dejan ver que sus verdaderas motivaciones no son propiamente de carácter ambiental; son otras.

Quienes falsamente argumentan ser defensores del medio ambiente no reconocen que la actividad petrolera ha demostrado, a lo largo de los últimos 100 años, que no altera de ninguna manera la dinámica de las hidrologías regionales y que ha servido para sacar de la pobreza a decenas de millones de colombianos. Guardan silencio frente a atentados terroristas contra los derechos humanos de los más humildes, y se oponen al desarrollo de actividades que, como la producción de hidrocarburos, los podrían sacar de la pobreza. Nadie entiende.

El terrorismo tiene implicaciones éticas imposibles de soslayar. La toma de rehenes, que el ELN cínicamente insiste en llamar "retenciones", el asesinato de civiles, la destrucción de bienes como los acueductos y las torres de energía, entre otros, están proscritos por normativa internacional sobre derechos humanos. Y no es la primera vez que los ataques terroristas del ELN causan desastres humanitarios. El caso más doloroso ocurrió el 18 de octubre de 1998 cuando asesinaron e incineraron a 84 personas humildes en el poblado de Machuca, municipio de Segovia, Antioquia. Colombia no los ha olvidado.

La contribución del petróleo y de Ecopetrol a la construcción de la paz, al bienestar de las comunidades, a la protección del medio ambiente y al fortalecimiento de las instituciones va a depender, en buena medida, de los éxitos exploratorios, y del crecimiento de las actividades de producción, transporte y la refinación de petrolero. Quienes se oponen a estos objetivos estarían poniéndole palos en las ruedas a la construcción de la paz territorial.

La industria del petróleo en Colombia, y ECOPETROL en particular, tienen el compromiso de corregir los errores que a lo largo de los últimos 100 años hayamos podido cometer. Hemos aprendido de la experiencia, y estamos listos para participar activamente en la construcción de la paz en los territorios donde operamos. Eso mismo es lo que esperamos de quienes de una u otra forma han impedido y siguen impidiendo que la riqueza del petróleo se transforme en bienestar social y calidad ambiental.

*Eduardo Uribe, Vicepresidente Sostenibilidad Ecopetrol

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