Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/03/03 09:07

Bogotá: los pobres sin derecho a enfermarse

El estado actual de los centros hospitalarios deja mucho que desear. Sus costos exceden en creces sus ingresos.

Eduardo Pizano. Foto: Esteban Vega La-Rotta

En las últimas tres administraciones de Bogotá, se impulsó un esquema de salud pública que afectó gravemente el acceso de los más pobres a este fundamental servicio. Se implementó un modelo estatal con dos componentes. El primero, Territorios Saludables, que copió el esquema cubano, mediante el cual bajo la figura de promotores de salud, se pretendía llegar a la población más vulnerable de la ciudad, estimada en un millón quinientas cincuenta mil personas, para conocer sus carencias y así poder atenderla. Y el segundo, creando una EPS estatal denominada Capital Salud.

El primer componente fracasó en razón a que de los 5,170 promotores que se contrataron, solo 400 eran médicos y 400 enfermeras.  Los demás contratistas, algunos profesionales y otros no, poco sabían de salud pública. Por adoptar caprichosamente un modelo de salud, distinto al régimen existente, la atención no se concentró en los más vulnerables. Adicionalmente, en las visitas de los promotores, conocido el riesgo del paciente, se le entregaba a éste una boleta para ser atendido en el sistema de salud, el cual no tenía capacidad para responder. Lo anterior, ha llevado a que al primer asomo de cualquier enfermedad, los pacientes más pobres, no tengan otra alternativa que trasladarse al servicio de urgencias de la red hospitalaria, colapsando la misma. Territorios Saludables está implicando un sobrecosto a la salud del orden de mil millones de pesos diarios, sin que exista un mejoramiento en los indicadores de salud de la ciudad.

Paralelo a este esquema de salud, se decidió crear una EPS denominada Capital Salud para bridar este vital servicio a los pacientes del régimen subsidiado. A la fecha, dicha entidad cuenta con un déficit cercano a los cuatrocientos mil millones de pesos, impidiendo el pago de los servicios requeridos por los afiliados.

Además, en un esquema clientelista, se decidió entregar la gerencia de los hospitales públicos a cuotas políticas. El estado actual de los centros hospitalarios deja mucho que desear. Sus costos exceden en creces sus ingresos.

Para remediar esta crisis, el Secretario de Salud está pensado reorganizar la administración de cada uno de los 22 hospitales del Distrito, para que éstos sean gestionados a través de cuatro subredes. Esta medida permitirá ahorrar millones de pesos, que hoy se gastan en administraciones individuales en cada uno de ellos. También será de enorme importancia, un mecanismo de unificación de compras, que logre rebajar el costo de las drogas y los demás insumos hospitalarios.

Para evitar la congestión de las salas de urgencia, los UBA, UPA y CAMIS (Centros de Salud), van a ser integrados en unos cuarenta CAPS (Centros de Atención Primaria en Salud), que darán atención en horarios extendidos a los pacientes, incluyendo el suministro de los medicamentos. Adicionalmente, la creación de cuatro centrales de urgencias (especialmente en el sur de la ciudad que concentra el 70% de las mismas), que permitirán estabilizar a los pacientes, para luego remitirlos a los centros hospitalarios que correspondan. Estas medidas descongestionarán las salas de urgencias de los hospitales, y dará paso al uso racional de éstas, hoy desbordadas de pacientes sin la atención adecuada y requerida.

Por último, la Administración Distrital se propone mantener un sistema de promotores de salud, mucho más pequeño y profesional, dedicado exclusivamente a atender a los vinculados y a los subsidiados.

Queda un reto grande: sanear las finanzas de Capital Salud.

Esperamos que los cambios propuestos hagan del sistema de salud uno más racional en su costo, pero especialmente más efectivo en la prestación del servicio a los más vulnerables. Recuerden que para los ciudadanos más humildes, la verdadera pobreza se siente en la enfermedad.

 

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