Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/03/30 09:17

La verdadera realidad

Existe una percepción generalizada que la política se ha degenerado en una actividad corrupta, y que quienes aspiran a los cargos públicos, solo tienen interés en robar.

Eduardo Pizano Foto: Esteban Vega La-Rotta

El pasado 25 de marzo, en su columna en El Espectador "Los Problemas de la Gente", Armando Montenegro realizó un análisis de la encuesta Colombia Opina divulgada a principios de marzo. Muestra en su escrito como el Gobierno se ha dedicado a atender prioritariamente el tema de la paz, cuando éste, hoy está de quinto en las preocupaciones de los colombianos. Los ciudadanos consideran que por encima de la falta de paz, los afecta más el desempleo, la inseguridad ciudadana, el alto costo de vida y la corrupción. Paralelamente, los principales críticos del gobierno se dedican a confrontar al Presidente criticando su manejo de la paz, ignorando el nivel de prioridad que los colombianos le dan a la misma.

Esta falta de claridad de los dirigentes, en lo que los colombianos consideran deben ser las prioridades del gobierno, hace aparecer a los interlocutores políticos como lejanos de las necesidades de la gente. Los índices de aceptación de la clase política son cada vez menores. La percepción de ausencia de atención por parte de los gobernantes acerca de los problemas diarios de la gente, lleva a los electores a buscar dirigentes nuevos, que se identifiquen con sus realidades.

Al país le ha quedado grande el desempleo. A pesar que el mismo ha caído en los últimos años, hoy cerca de un 50% de la población trabajadora, aún lo hace en la informalidad. Se ha buscado por todos medios darle solución a este problema. Se pensó que integralizando los salarios se lograría una mayor vinculación de trabajadores. Igualmente, reduciendo los horarios en el que los empleadores pagarían horas extras. Se creyó que racionalizando los costos de la contratación, al asumir el Estado una mayor parte de los costos parafiscales de las nóminas, se lograría este empeño.También se ensayaron esquemas que buscaban retener personas en otras actividades para evitar el aumento de la fuerza laboral buscando trabajo. Así fue como se trató de aumentar el número de la matriculados en entidades de educación superior, para evitar que estos salieran a buscar trabajo, y adicionalmente apoyando programas de auto empleo, especialmente impulsando financiación de microempresas. Todas estas estrategias han ayudado, pero no en el nivel que se requiere. A esto obedece la queja de los ciudadanos, sobretodo de aquellos que han realizado un esfuerzo educativo y que no encuentran un trabajo formal.

En materia de inseguridad,  como lo menciona el analista Hugo Acero: "la tasa de homicidios pasó de 79 homicidios por cada cien mil habitantes en el año 1991, a una tasa de 25, en el año 2015. Sin embargo, de acuerdo con cifras del Ministerio de Defensa, en los últimos años han aumentado otros delitos, como es el caso de los delitos sexuales, la extorsión, los hurtos a personas, vehículos, motocicletas, a comercio, lesiones personales y también ha aumentado el consumo de sustancias ilícitas..." Esta nueva realidad es la que tiene molesta a la gente, y la que exige una mayor atención de los gobernantes y de los organismos de seguridad.

La devaluación del peso, frente al dólar, encareció las importaciones con las que el país se acostumbró a vivir, a partir de la liberalización de los años noventa. Así mismo, el aumento del costo de los alimentos, producto de las menores lluvias ocasionadas por el Fenómeno del Niño, aumentaron el costo de vida, en una forma que no ocurría hace muchos años. Esto ha llevado a los hogares a tener que dedicar una mayor proporción de sus ingresos a pagar mayores costos, generando una sensación de que "el salario no alcanza".

Por último la corrupción. Un cáncer que ha invadido a Colombia, y que no parece tener solución. Todos los días se escuchan desfalcos y robos en las entidades estatales. Existe una percepción generalizada que la política se ha degenerado en una actividad corrupta, y que quienes aspiran a los cargos públicos, solo tienen interés en robar. Tanto es así, que hoy la carga de la prueba de la honestidad está en manos de los gobernantes.

A la solución de estos cuatro problemas, que afectan al país, es a lo que la mayoría de los colombianos quieren que sus dirigentes se dediquen. Sin duda en un país en paz será más fácil empezar a resolverlos.

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