Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/04/12 13:08

Amoris Laetitia: una lectura obligada

El texto de la Exhortación es una pieza, además de religiosa, realista.

Eduardo Pizano. Foto: Esteban Vega La-Rotta

El Papa Francisco acaba de publicar una Exhortación Apostólica Postsinodal:  Amoris Laetitia, (Sobre el amor en la familia), en la cual llama la atención a los católicos acerca de la importancia de la familia y el matrimonio, recogiendo los aportes recibidos de los dos recientes Sínodos de Obispos, y agregando sus propias consideraciones. Los Sínodos son una figura que fue creada por el Papá Paulo VI, al final del Concilio Vaticano II, como mecanismo para ayudar al Pontífice a adelantar su labor, con el apoyo y consejo de los Obispos. Estos eventos pueden ser territoriales o generales, dependiendo si son adelantados en una región o a nivel mundial. A través de este mecanismo el Papa mantiene una relación de trabajo directa con los Obispos de distintas partes del mundo, evitando un distanciamiento con las regiones.

En dicho documento se hace un recuento del matrimonio y de la familia. Esta última es señalada como el eje de la sociedad: “el bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia”. Se analizan los debates que la sociedad actual está dando acerca del matrimonio, y la dificultad que están encontrando los contrayentes para mantenerlo vivo. El peligro que representa un “individualismo exasperado”, que huye de los compromisos apoyado en la libertad, convirtiendo la relación en un lugar de paso, como si no existieran “verdades, valores, principios que nos orienten, como si todo fuera igual y cualquier cosa debiera permitirse”. Menciona el Papa que en esta crisis ha tenido parte de responsabilidad la Iglesia, presentando el matrimonio como un “ideal teológico”. Ha faltado presentarlo más como un camino dinámico de desarrollo y realización, que como un peso a soportar toda la vida”. Las crisis matrimoniales se afrontan superficialmente, “sin un dialogo sincero y perdón recíproco”. “Los fracasos dan origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonios, creando situaciones familiares complejas y problemáticas para la opción cristiana.” Menciona una serie de actitudes que ayudan a sobrellevar la relación en una forma armónica. Reconoce que la precariedad laboral, la poca oferta de empleo, las largas jornadas laborales, el tiempo de desplazamiento al lugar de trabajo, no ayudan a la relación de pareja e impiden una mayor interacción con los hijos, quienes “tienen derecho a recibir el amor de una madre y un padre, ambos necesarios para su maduración integra y armoniosa.”

Frente a estos últimos, la Exhortación les recuerda a los padres que “la educación integral de los hijos es obligación…de los padres. El Estado ofrece un servicio educativo de manera subsidiaria. La escuela no sustituye a los padres sino que los complementa. Una formación ética eficaz implica mostrarle a la persona hasta qué punto le conviene a ella misma obrar bien”.

Sin renunciar a la figura del matrimonio, frente a los divorciados y vueltos a casar civilmente, el Santo Padre los acepta como miembros vivos de la Iglesia, y les establece un camino para reintegrarse a la Iglesia, en forma descentralizada, a través de los presbíteros, quienes discernirán cada caso particular, de acuerdo a “las enseñanzas de la Iglesia y la orientación del Obispo”. Esta conversación con el sacerdote requiere la demostración de unas conductas que permitan garantizar que la persona está en “la búsqueda sincera de la voluntad de Dios”. “El discernimiento debe ayudar a encontrar los posibles caminos de respuesta a Dios y de crecimiento en medio de los límites”.

El texto de la Exhortación es una pieza, además de religiosa, realista, que muestra entre otras, las dificultades matrimoniales, el enorme esfuerzo que debe realizarse con los hijos para hacer de ellos personas de bien, y la actitud favorable para recibir de vuelta a bautizados que a través de la vida se apartaron de la Iglesia mediante un matrimonio distinto al católico. Si muchas de estas recomendaciones fueran atendidas con sinceridad y compromiso, la convivencia en nuestro país sería mucho más fácil.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.