Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2016/02/17 08:30

La Asamblea Constituyente: un tiro en la sien

La propuesta de las FARC de una Asamblea Constituyente para ratificar los acuerdos de paz es un verdadero suicidio.

Eduardo Pizarro.

No debemos olvidar nunca que el referendo que debía ratificar los acuerdos de paz en Guatemala con la Unidad Nacional Revolucionaria Guatemalteca (UNRG) fue derrotado en las urnas. Y todo el edificio se vino al suelo. ¿Vamos a repetir en Colombia esta frustrante experiencia?

Hagamos un poco de memoria. El 29 de diciembre de 1996 el presidente conservador Álvaro Arzú y la URNG firmaron el Acuerdo de Paz Firme y Duradero, en el cual quedaban consignados las reformas convenidas entre las partes: la creación de un poder judicial imparcial y efectivo; la conformación de un nuevo cuerpo de Policía Nacional; la reorientación de las Fuerzas Militares hacia la defensa nacional; la mejoría sustancial de la calidad de vida de la población indígena y otras reformas necesarias en el campo social.  

En el acuerdo de paz se acordó que este sería avalado mediante un referendo, el cual se llevó a cabo el 16 de mayo de 1999. El texto del referendo contenía 50 propuestas agrupadas en cuatro complejísimas preguntas a las cuales había que responder si o no. La abstención fue muy alta, el 18% del cuerpo electoral y la mayoría votó en contra. Este fracaso produjo un vacío profundo en la sociedad guatemalteca y hoy, 15 años más tarde, sus consecuencias todavía se hacen sentir. Menos del 95% de lo acordado se ha implementado.

Lección No. 1: si se fracasa en la refrendación lo más probable es que, igualmente, se fracase en la implementación.

El gobierno nacional, preocupado por este antecedente, ha venido insistiendo en la necesidad de ratificar los acuerdos no a través de un referendo, sino, mediante un plebiscito. Es decir, una votación similar a la del Frente Nacional el 1 de diciembre de 1957, en la cual se aprobaron mediante un sí o no, el texto completo del acuerdo que contenía 14 ítems.

Las FARC, por el contrario, insisten en una Asamblea Constituyente. Este es el mejor camino para repetir la experiencia de Guatemala.

¿Por qué? La razón es simple: no existe ninguna garantía de que los sectores comprometidos con los acuerdo de La Habana sean mayoritarios. Por el contrario, existe una gran probabilidad de que los sectores opositores alcancen la mayoría de la Asamblea.

En las elecciones del 9 de diciembre de 1990, la AD M-19 obtuvo una altísima representación: 19 constituyentes que, sumados a los de la Unión Patriótica y el movimiento indígena, les dio un gran peso en las decisiones. Nada garantiza que ese escenario se vaya a repetir. En 1990 la clase política liberal y conservadora decidió marginarse de las elecciones para la Constituyente y las fuerzas minoritarias, como la AD M-19, con una baja votación obtuvieron una enorme representación. Esto no se va repetir. Entre otras razones, porque Álvaro Uribe está muy entusiasmado con esa Constituyente y va a mover todos sus recursos para obtener una altísima representación. Y lo puede lograr.

Las FARC, para evitar este escenario pretenden que los miembros de la Constituyente sean elegidos a dedo, dándole a este grupo una representación sustancial. Nadie en el país va a aceptar esta propuesta, que le restaría toda legitimidad democrática a los acuerdos.

Por lo tanto, las FARC deben ya aceptar la propuesta de un plebiscito -el cual le daría un respaldo político a los Acuerdos de La Habana-, y tras este respaldo las fuerzas progresistas se pueden movilizar en los próximos años para que no se queden en el papel.

Para nuestro país sería un tragedia, como fue el caso de Guatemala, que un fracaso en el refrendación lleve a un nuevo fracaso, el de la implementación, por la ausencia de un masivo respaldo ciudadano.

Lección No. 2: la refrendación es un acto eminentemente político, que requiere un amplio respaldo ciudadano.

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