Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2016/02/25 11:29

La revolución democrática en América Latina

En las últimas dos décadas la izquierda ha accedido masivamente al poder por las vías democráticas en toda América Latina. ¿Cuándo se van a sincronizar a la hora latinoamericana las FARC y el ELN?

La revolución democrática en América Latina

Tras el ascenso al poder de Hugo Chávez en Venezuela en 1999, el continente empezó a pintarse lentamente de rojo. Cuando este triunfo electoral ocurrió todavía se hallaba viva, en la memoria colectiva, el recuerdo trágico del derrocamiento de Salvador Allende.

El golpe de Estado en Chile en 1973 había significado para los sectores de izquierda la confirmación palmaria de que era imposible para ésta acceder al poder por las vías democráticas, dado que ni las élites locales ni la Casa Blanca iban a permitir gobiernos de este signo en el continente. En buena medida, la segunda ola guerrillera que vivió América Latina tras la revolución nicaragüense en 1979 y que afectó, en particular, a Centroamérica y a la región andina, tuvo mucho que ver con esa percepción de bloqueo a la izquierda por las vías democráticas.

Sin embargo, el ascenso al poder de Hugo Chávez quebró el “síndrome Allende” al ganar las elecciones en 1999 y recibir pacíficamente de manos de Rafael Caldera la banda presidencial.

A partir de ese momento, comenzaron a acceder al poder líderes de izquierda en todo el continente.En año 2009, 12 de los 19 gobiernos de América Latina estaban dirigidos por mandatarios que se autodefinían de izquierda: Fidel Castro (quien asumió el poder en 1959), Hugo Chávez (1999), Lula da Silva (2003), Néstor Kirchner (2003), Tabaré Vásquez (2005), Evo Morales (2006), Michelle Bachelet (2006), Manuel Zelaya (2006), Rafael Correa (2007), Daniel Ortega (2007), Fernando Lugo (2008) y Mauricio Funes (2009). Estos mandatarios gobernaban el 59 % de la población total de América Latina.

El acceso al poder a los gobiernos de izquierda ocurrió, además, de una manera que sorprendió a los analistas internacionales: fue una rotación pacífica en todos los países, con algunos contados lunares.

Se trataba de una novedad absoluta en un continente en el cual, solamente tres décadas atrás, dominaban las dictaduras militares. En 1978, en 12 de los 19 países de América Latina había gobiernos militares o cívico-militares, es decir, el 62 % de la población estaba bajo la dura férula de los gobiernos autoritarios: Brasil (Gral. João Baptista de Oliveira Figueiredo), Argentina (Gral. Jorge Videla), Perú (Gral. Francisco Morales), Chile (Gral. Augusto Pinochet), Guatemala (Gral. Fernando Romeo), Ecuador (Consejo Superior de Gobierno), Bolivia (Gral. Hugo Banzer), Honduras (Junta Militar), Paraguay (Gral. Alfredo Stroessner), Nicaragua (Gral. Anastasio Somoza), El Salvador (Gral. carlos Humberto Romero) y Uruguay (Aparicio Méndez).

Es decir, en menos de dos generaciones, América Latina pasó de los gobiernos militares al predominio aplastante de gobiernos electos mediante elecciones libres y pluralistas.

¿Somos, acaso, los colombianos conscientes de las dimensiones de esta revolución democrática? ¿Son las FARC y el ELN conscientes de su absoluta obsolescencia?

El sociólogo francés, Daniel Pécaut, uno de los más destacados “colombianistas” a nivel mundial, tituló su ensayo para la Comisión de Historia del Conflicto y sus Víctimas de la Mesa de Conversaciones de La Habana, con un título sugestivo: “Una lucha armada al servicio del statu quo social y político”.

Las FARC y el ELN sirvieron de pretexto para la criminalización del movimiento social y ahogaron las posibilidades de construir un amplio movimiento de izquierda democrática con perspectivas de poder.  Con 25 años de retraso después de la firma de la paz con el M-19, el EPL, el Quintín Lame y el PRT, las FARC parecen haber entendido finalmente que la violencia no es el camino.

¿Pero, cuándo se va a sincronizar el ELN con la hora de América Latina? Su lucha armada es tan obsoleta, como si mañana apareciera caminando por la calles de Bogotá un Homo neanderthalensis.

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