Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/03/01 10:16

La vida privada y el periodismo amarillista

En Colombia la vida íntima de los funcionarios públicos ha sido, en general, respetada. No nos parezcamos a Estados Unidos e Inglaterra y sus publicaciones morbosas.

Eduardo Pizarro Leongómez

En Colombia, a diferencia de muchos otros países, como Inglaterra y Estados Unidos, existe un profundo respeto hacia la vida privada. Yo no voy a juzgar si la publicación del video por parte de Vicky Dávila fue apropiado o no. Ha habido toneladas de análisis al respecto y no me siento capacitado para juzgar con propiedad.

Pero si quisiera resaltar la reacción nacional, con pocas excepciones, exigiendo un profundo respeto por la intimidad de las personas. Fue un signo civilizatorio.

Me impresionan las revistas, periódicos y programas de televisión y radio amarillistas de Gran Bretaña o los Estados Unidos dedicadas a inmiscuirse en la vida privada de todos los funcionarios públicos. The Sun es el prototipo.

Me horrorizó el manejo de la relación de Clinton y la pasante de la Casa Blanca: un tema que ha debido ser resuelto en la intimidad familiar entre Bill y Hillary Clinton, terminó en manos de un fiscal cavernícola. Me escandaliza cómo, en las campañas electorales en los Estados Unidos, los asesores de los candidatos husmean afanosamente en la basura buscando un desliz amoroso de un adversario para destruir su imagen.

En Colombia existen, sin duda, programas de televisión con un morbo encendido dirigido hacia personajes del espectáculo. En ocasiones estas noticias indebidas son estimuladas por los propios actores o sus agentes para alcanzar visibilidad pública. En otras ocasiones, son invasivas, destructoras e inmorales como la revelación de un video íntimo de una actriz mediante el cual le afectaron su vida y la de su hijo, que, como consecuencia, fue objeto de matoneo escolar.

En Colombia la vida íntima de los funcionarios públicos ha sido, en general, respetada.  Y me parece que hay un consenso alrededor de que la vida privada es íntima y personal mientras que no afecte el interés público. Una relación sexual consentida y sin presiones indebidas entre dos funcionarios públicos hace parte de la vida privada. Pero si un funcionario acosa sexualmente a un subordinado comete un delito.

Mi llamado es a que no nos parezcamos a Estados Unidos e Inglaterra y sus publicaciones morbosas. El último bastión de la prensa amarillista, El Espacio, desapareció hace ya muchos años.

Navegando en la red aprendí que el término “prensa amarilla” surgió en Nueva York a fines del siglo XIX cuando dos diarios, el New York World, de Joseph Pulitzer, y el New York Journal, de William Randolph Hearst, se enfrascaron en una guerra para aumentar las ventas mediante la edición de fotos espeluznantes o la publicación de notas subidas de tono.

El periódico New York Press cuñó el término "periodismo amarillo", a principios de 1897, mediante un brillante juego lingüístico y una referencia común a los dos diarios implicados, los cuales publicaban simultáneamente una historieta muy popular en aquella época titulada The yellow kid. Yellow, en el argot popular en los Estados Unidos es, según el magnífico Urban Dictionary, sinónimo de cobardía.

“Prensa amarilla” sería, por tanto, una prensa sensacionalista y cobarde, que publica lo impublicable con el argumento de que eso es lo que le gusta a la gente. Mediante este argumento, ocultan que lo único que les preocupa es tener un alto raiting, vender a cualquier costa y, por esta vía, generar una degradación del consumidor que termina siendo adicto a la pornomiseria.

Yo creo firmemente que todos en Colombia debemos reafirmar el valor sagrado de la vida privada, salvo que ésta se acompañe de delitos que afecten valores culturales esenciales o contravengan las normas jurídicas. ¿Pero, el caso desafortunado de la semana pasada, no debería ser también la oportunidad para que los medios masivos de comunicación reflexionen sobre los límites que deben regularlos y lo que es publicable y lo que no?

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