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Opinión

  • | 2016/04/12 13:06

    ¿Por qué buscan negociar el ELN y los grupos criminales de Urabá?

    El curso del conflicto armado está cambiando de manera radical.

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¿Por qué el ELN, tras dos años y medio de interminables discusiones en la llamada “fase exploratoria”, finalmente aceptó firmar una “agenda de negociación”? ¿Por qué grupos criminales, como los de Urabá, están buscando de manera desesperada acogerse a la justicia mediante su reconocimiento político como grupo paramilitar?

Una de las razones principales fue el cese al fuego unilateral de las FARC y la decisión del gobierno de no realizar ninguna acción militar de envergadura contra sus distintos frentes distribuidos a lo largo y ancho de todo el país, lo cual ha transformado de manera radical la dinámica del conflicto armado en Colombia. Las Fuerzas Militares y de Policía, antes dispersas en un territorio enorme y con una gran complejidad geográfica, ahora pueden concentrar sus fuerzas en áreas más reducidas multiplicando por diez su eficacia. De ahí el temor del ELN y de las BACRIM. Simple y llanamente no están en capacidad de continuar bajo estas nuevas circunstancias enfrentando al Estado.

No olvidemos que Colombia es, según un estudio realizado por la Universidad de Harvard, una de las naciones del mundo más complejas geográficamente, no muy lejos de Afganistán que encabeza la lista. Este país, detrás de sus imponentes montañas, resistió todos los intentos de conquista y fue una de los pocos países (con Japón, Corea, Tailandia y unas pocas más), que escapó al colonialismo europeo. Todos los intentos de instaurar un protectorado británico estable fallaron. Recientemente también fracasaron los intentos de la Unión Soviética y de los Estados Unidos para imponer su hegemonía. E, incluso, los talibanes.

La endemoniada geografía de Colombia, con sus tres cordilleras, sus dos costas en el Atlántico y en el Pacífico, sus extensas llanuras y sus selvas enmarañadas, sus fronteras porosas, así como su privilegiada ubicación geopolítica, fue un terreno fértil no solamente para que guerrillas de distinto signo ideológico echaran raíces, sino así mismo para la emergencia de todo tipo de grupos armados criminales. Ni el más grande aparato militar del mundo hubiera podido copar plenamente un territorio tan complejo y afectado con un conflicto tan disperso.

Pero, ahora el curso del conflicto armado está cambiando de manera radical.

Las Fuerzas Militares de Colombia son, junto con las de Brasil y México, por el número de soldados, suboficiales y oficiales en filas, una de los tres mayores de América Latina. Pero, a pesar de este hecho, la extrema dispersión de ese enorme aparato militar, aunque le permitía mantener más o menos a raya los desafíos y conservar una clara superioridad estratégica sobre sus adversarios, no pudo obtener nunca una victoria contundente. Por eso, no hubo un Waterloo en Colombia. Ni el ejército pudo derrotar a la guerrilla, ni la guerrilla al Ejército.

Sin embargo, hoy la situación es distinta. Si ayer concentrar fuerzas en una región era muy arriesgado pues se debía dejar desprotegidas otras regiones vulnerables, hoy este “talón de Aquiles” de las Fuerzas Militares está cambiando. Pasar de la dispersión a la concentración del aparato militar le va a permitir al país por primera vez, desde los años cincuenta, superar la imagen de que en Colombia hay más territorio que Estado.

Ante esta nueva dinámica militar, las BACRIM de Urabá quieren disfrazarse de grupo paramilitar (es decir, de un aparato inspirado por el Estado para la guerra contrainsurgente), con objeto de obtener reconocimiento como actor político y no como lo que son en realidad, unas organizaciones puramente criminales. Y el ELN, ante el desastre militar y político de su ofensiva en los últimos meses, está buscando que haya un cese al fuego y de hostilidades bilateral de inmediato. Tanto las BACRIM como el ELN enfrentan una creciente desventaja militar tanto táctica como estratégica.

Ojalá el ELN recoja muy pronto la experiencia de las FARC que, al declarar una tregua militar unilateral y cumplirla a rajatabla, llevó al gobierno a suspender los bombardeos aéreos y, en la práctica, a una tregua bilateral de hecho.

Colombia, por primera vez desde hace muchas décadas, está cerca de alcanzar la paz. En el año 2003 teníamos 29.000 homicidios por año. Tras la desmovilización de las AUC hemos bajado a 13.000. Con la desmovilización de las FARC y el ELN se puede prever otra caída espectacular y si se ésta se acompaña de un debilitamiento de las BACRIM, podemos mirar el futuro con optimismo.

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