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Opinión

  • | 2014/02/24 00:00

    La semana verde de Mariana para la paz

    La paz y el vuelco que busca el gobierno en la educación en Colombia, deber estar fundamento en saber para qué es la educación.

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Entusiasmados los muchachos del curso cuarto se han preparado durante varios meses para llevar a cabo la semana verde por fuera del colegio. Intensas han sido las jornadas de estudios en temas sociales relacionados con asuntos de geografía, organización político-administrativa e historia. Ante la preparación nacen expectativas sobre lo que puedan encontrar en su viaje y poder corroborar lo que dice el libro guía.

Conservando la importancia, bien es cierto que diversas opiniones se enfocan en la significancia que hoy día tienen las matemáticas y la física para el desarrollo económico de los países pues se considera que promueven la investigación y la innovación. No obstante, el contexto cuantitativo no alcanza en el largo plazo a recoger la conducta humana. 

En ese sentido, quedarnos sólo en el plano de las ciencias exactas es construir un país opuesto a lo que promulga el gobierno nacional: un país equitativo, justo y con igualdad de oportunidades. En concordancia con lo anterior el propósito de la paz no es un asunto político. Es una prioridad humana y social inherente a la existencia del Ser. 

La paz requiere un eje central diseñado desde el conocimiento del país en torno a sus diversas culturas, las transformaciones que han sucedido a lo largo de su historia y sin lugar a dudas el funcionamiento del Estado. Un saber fundamentado en estos aspectos permite la comprensión, el entendimiento y algo muy importante, el respeto con el entorno. 

De cara al propósito los colegios deben tener claridad en la línea de la paz. Sin dudarlo considero que los padres de familia juegan un papel relevante en la materialización del esfuerzo de todos aquellos colegios, como el de Mariana, impulsan la importancia de la convivencia con el entorno el cual no se limita a la naturaleza sino que se extiende a las personas. 

Es cierto que los colegios, con el propósito de tener un espacio en los resultados de las pruebas, se han preocupado por capacitar a sus estudiantes en asuntos matemáticos e idiomas extranjeros y lograr aquello que han denominado competitividad. Pero me cuestionó lo siguiente: si la competitividad se midiera por las conductas, el respeto y el buen comportamiento, ¿en qué puesto quedarán? ¿Habría cambios en los resultados?

Para lograr el objetivo Mariana, sus compañeros de curso y los profesores empezaron muy temprano la jornada para ganar tiempo. El viaje fue a los Llanos Orientales. Territorio que combina pureza cultural, riquezas naturales y lamentablemente fue por un tiempo epicentro del conflicto armado en Colombia.

La región oriental rica en recursos y escasa en población produce lo que no tiene Bogotá. Ciudad capitalina escasa en el recurso natural y abundante en población. Al cabo de varias horas de viaje llegan los niños del curso cuarto. Se encuentran con formas diferentes para divertirse, muy distintas a las que pueden tener en Bogotá, pues los animales, riachuelos y el contexto geográfico los olvido por tres días del Instagram y les alivio la obsesión por los juegos tecnológicos. 

Se compenetraron y conocieron niños indígenas. Compartieron con ellos sus juegos, alimentos, sentimientos y lugares de vivienda. Vivir unos días de sus vidas con otra cultura y en un medio diferente al que usualmente tienen como también comparar lo que tiene escrito el libro de ciencias sociales, permitió a Mariana y a sus compañeros descubrir que lo dicho en los libros es la realidad. En Colombia se ha confundido la teoría con lo irreal. Grave error.

Encontrar esa relación es dejar en evidencia la importancia que tienen los libros sobre la vida de cada uno. 

Así las cosas, la paz y el vuelco que busca el gobierno en la educación en Colombia, deber estar fundamento en saber para qué es la educación. Hay que dejar atrás esa insensata concepción que separa la teoría de la realidad.

Hay que poner por encima la educación sobre todo aquello que imaginariamente la desplaza. Pero todo ha sido creado por costumbres que nacen muchas veces al interior de la familia y se conjuga con la sociedad que vive entre la realidad y la ficción. Se educa viendo a las aulas como un paso obligado y temporal. No como una condición natural que debe perdurar y constituye el centro de la vida laboral.  

*Magister en economía.
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