Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/03/03 11:33

La esfera del consenso de Donald Trump

Trump está proponiendo el regreso al nacionalismo racial de sangre y supremacía étnica que tuvo su punto más fuerte en la década del 20 del siglo pasado en Estados Unidos.

La esfera del consenso de Donald Trump

El pasado 28 de febrero un periodista de la cadena NBC le preguntó a Donald Trump por qué había compartido en su cuenta de Twitter una cita del antiguo dictador fascista Benito Mussolini. “Mira, Mussolini es Mussolini” respondió Trump. “Es una cita muy buena, muy interesante. Yo sé quien la dijo, pero ¿Qué importa si fue Mussolini o alguien más? Obtuve tu atención ¿no?”.

Donald Trump ya había sido ambiguo frente al racismo.  La semana pasada, el ex-líder del Ku Klux Klan, David Duke, dijo que Trump era “con diferencia el mejor candidato” a la presidencia de los Estados Unidos. Al ser preguntado sobre esto, Trump negó saber quién era Duke y aseguró “no saber nada sobre los supremacistas blancos”.  No condenó tampoco al KKK pues “sería muy injusto” condenar a un grupo que –según él- no conoce. Presionado por las críticas, salió a aclarar que declinaba el apoyo de Duke.  

Habrá quien diga que es exagerado decir que lo de Trump constituye un discurso del odio. No lo es. Dejando de lado cuando dijo que México estaba enviando violadores a Estados Unidos como argumento para construir un muro que separe Latinoamérica de la América Anglosajona, Trump aseguró que a los musulmanes no debería permitírsele la entrada al país. Así mismo, dijo que “consideraría” cerrar las mezquitas pues “algunas ideas y parte del odio –el odio absoluto- viene de esos lugares”. Trump también afirmó que Estados Unidos debería “llevarse a las familias de los terroristas islámicos” (léase matar). Sí, el candidato que lidera las primarias republicanas hizo activismo en televisión en vivo en favor de cometer crímenes de guerra. De acuerdo con el Pacto Internacional por los Derechos Civiles y Políticos –ratificado por Estados Unidos- “toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia estará prohibida por la ley”.

Trump está proponiendo el regreso al nacionalismo racial de sangre y supremacía étnica (Ver artículo) que tuvo su punto más fuerte en la década del 20 del siglo pasado en Estados Unidos. En ese entonces quienes promovían ese pensamiento (incluyendo el Ku Klux Klan) pregonaban que el país, antes blanco y protestante, estaba perdiendo su herencia anglosajona para abrir paso a comunistas, anarquistas, inmigrantes y negros.

Con el mismo objetivo de lograr la homogeneidad social, racial y cultural, Donald Trump propone hoy expulsar de Estados Unidos a 11 millones de inmigrantes indocumentados. La consigna del Klan “América para los Americanos” se reencarna hoy día en el slogan de Trump “Hagamos que América sea grande otra vez”.

A pesar de ser Estados Unidos parte del Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, en la tradición jurídica anglosajona los jueces han generalmente entendido que los discursos de odio no son discursos prohibidos. Como explicó hace poco el catedrático de libertad de expresión en la Universidad de California en Los Ángeles, la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos protege la libertad incluso de hacer comentarios racistas, islamófobos o anti-semitas (Ver artículo). Eso sí, se exceptúan aquellos comentarios que constituyan una incitación directa a la violencia.

Gane o no gane Trump las elecciones, su candidatura está cambiando algo. El profesor de la Universidad de California en San Diego, Daniel Hallin, dice que los medios de comunicación manejan tres tipos de discursos. El primero está en el centro y lo constituye toda la información u opinión sobre la cual la mayoría de la población está completamente de acuerdo, un ejemplo sería un artículo que hablara del caos de movilidad en Bogotá o criticara la crisis en el sector salud.

Esta es la esfera del consenso. Afuera, se encuentra la esfera de la legítima controversia que incluye aquello sobre lo que no existe consenso pero es válido debatir, como el proceso de paz, o las políticas de Peñalosa. Por último, existe la esfera de la desviación, acá los periodistas están en terreno prohibido pues incluye todo aquello que tal vez piensan pero no les es conveniente decir: odiar a los colombianos de otra región, apoyar un grupo armado ilegal, etcétera.

Trump está cambiando las fronteras entre estas esferas. Hace unos meses era inconcebible que un político defendiera políticas abiertamente racistas. Tal vez en otros países, pero no en Estados Unidos. Hoy es una realidad. El odio a latinoamericanos, negros y musulmanes está entrando por boca de Trump en la esfera de la legítima controversia en los medios de comunicación. Y ayer en el supermartes, cientos de miles de ciudadanos de ese país salieron a apoyarlo.

*Periodista y abogado. Twitter: @jssalamanca

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