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Opinión

  • | 2016/03/11 08:44

    Involucrarnos con nuestros hijos

    Los límites le dan a los jóvenes la maravillosa oportunidad de usar la libertad, de decidir si rompen el límite, si lo negocian o si lo cumplen.

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Durante los últimos años algo ha quedado claro en la investigación de las conductas de riesgo de los jóvenes: A mayor monitoreo e involucramiento de los padres en las actividades de sus hijos, se disminuyen los problemas de comportamiento, hay menor presencia  de malas influencias, poca participación en actividades delictivas, menos comportamientos sexuales de riesgo, así como disminución de abuso de sustancias psicoactivas. Los jóvenes que cuentan con padres que están pendientes de las actividades que ellos realizan, presentan menos comportamientos agresivos, sufren menos de depresión y manejan mejor los eventos de bullying. En general, la presencia y actuación paternas  previene serias consecuencias para el bienestar del adolescente .

El conocimiento de las actividades, lugares y compañías  en las que se encuentran los hijos  suele brindar una menor probabilidad de que los problemas se mantengan y se vuelvan dificultades crónicas en el adulto del futuro. Por ello, los padres deben desarrollar la capacidad para tener conocimiento del qué  están haciendo sus hijos, dónde lo están haciendo y con quién, sumándole a ello, un adecuado control y supervisión amorosa de sus actividades. Para los jóvenes es importante conocer las expectativas que tienen los padres acerca del comportamiento que ellos deben tener; es preciso que sepan y sientan que están siendo acompañados y que conozcan con claridad las consecuencias de sus transgresiones.

En Colombia, las tasas de embarazo adolescente alcanzan el 19.5% y el consumo de alcohol suele darse entre los 12 y los 13 años, por solo mencionar algunos de los problemas juveniles que podrían prevenirse si hubiese una mayor presencia e intervención activa de los padres de familia, pues este tipo de práctica disminuye el consumo de sustancias y otras conductas de riesgo.

Nuestros hijos necesitan límites firmes, consistentes y amorosos. Debemos como adultos  romper el miedo que nos produce poner límites y una vez que lo hemos hecho, ser mas perseverantes. Tal vez debamos  asumir esta responsabilidad de otra manera, pues cuando alguien pone un límite suele creer que la función del mismo es tan solo que le hagan caso; sin embargo, esta acción tiene beneficios mucho mas importantes que la simple obediencia. En realidad, los límites le dan a los jóvenes la maravillosa oportunidad de usar la libertad, de decidir si rompen el límite, si lo negocian o si lo cumplen, si los jóvenes no tienen ni siquiera un límite que romper, difícilmente aprenderán a usar su libertad, pues solo la ponemos en práctica cuando tenemos algo de qué liberarnos. Por otro lado, los límites nos enseñan a insistir y defender lo que queremos, los adolescentes (y los adultos) no son felices cuando les ponen un límite, pues es extraño que alguien disfrute de que le impidan hacer lo que quiere, por ello, cuando adoptamos esta práctica con nuestros hijos, también les damos la oportunidad de aprender a pelear por lo que quieren, de  defender lo propio.

Poner límites no solo ayuda a educar la libertad y defender lo que se quiere, el límite también cumple la función de enseñarle a los jóvenes a perder, pues no podemos tenerlo todo en la vida, y realmente, quien no aprende a perder nunca, suele sufrir mucho con el paso de los años. Definitivamente los límites no están diseñados para que nuestros hijos crezcan como esclavos que no pueden pensar distinto, mas bien todo lo contrario; les enseñamos con ellos a tomar decisiones y a vivir de manera consciente, pues la conciencia funciona por contrastes, sabemos de la luminosidad por la oscuridad, del frio por el calor, si no hay contrastes, no hacemos conciencia; tomamos decisiones desde las diferentes opciones, si solo se tienen las mismas, no se toman decisiones conscientes.

Nuestros hijos se evitarán muchos problemas si hacemos nuestra tarea y cumplimos con la misión de ser padres; ganamos en el presente cuidándolos amorosamente y sembramos en su futuro para que también aprendan a poner límites cuando en la vida adulta tengan pareja, socios, empleados o jefes. Quien no aprende a poner límites, es esclavo de los demás.

info@efrenmartinezortiz.com

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