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Opinión

  • | 2017/05/22 09:11

    Leandro Díaz y La María

    ¿Cómo, en 1935, llegó un ejemplar de La María a esa tierra perdida en la geografía guajira a la que ni siquiera se accedía por carretera?

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En un disco que Leandro Díaz grabó un par de años antes de morir cuenta, al inicio de cada canto, su historia, que es al tiempo la historia propia de Leandro, pues la mayoría de sus cantos son autobiográficos. En uno dice: “Dormía en una trojita. La casa de mis papás namás eran dos casas, la de él y la de un hermano. Tenía un concertado y todo lo trataba conmigo mismo porque no tenía con quién hablar. Había niños, pero no se entendían conmigo porque yo no tenía vista”.

En medio de tanta calamidad llegó a vivir a la finca una hermana de su papá que sabía leer y escribir y que se encargó de él, lo animó, le dio fuerzas, lo llenó del amor que nadie más le regalaba en esa casa hostil rodeada por cardones. Cuenta Leandro, “Yo me ponía a escuchar a la tía y le decía, ¿por qué no me lee un ratito? Y ella se ponía a leerme una que otra novela. Me acuerdo en especial de una que se llamaba La María, de Jorge Isaacs”.

¿Cómo, en 1935, llegó un ejemplar de La María a esa tierra perdida en el desierto guajiro a la que ni siquiera se accedía por carretera? Esa misma tía, a quien entrevisté hace varios años, me contó que un “señor que iba para Riohacha” había dejado en la finca de su hermano una caja repleta de libros, entre las cuales estaba La María. Por esos mismos años llegó a trabajar a la finca un peón que solía cantar rancheras y Leandro descubrió que cuando él cantaba “Allá en el rancho grande” la gente, incluida su madre, “le paraba bolas”. Con las rancheras Leandro le cogió gusto al canto, pero diría que fue La María la que le educó el oído narrativo. Es solo una intuición, pero la hago a partir de los homenajes que él mismo le hizo a la novela, no solo al recordarla en este disco del que hablo sino también porque aparece mencionada en varios de sus cantos.

He aquí un ejemplo de cómo las artes se permean entre ellas, de cómo el artista toma de aquí y de allá para armar luego lo propio. Por supuesto, no solo lo ha hecho Leandro Díaz pero, ahora que La María cumple 150 años, rescato el hecho de que la haya conocido “de oídas”: leída solo para él en la voz de su amada tía.

PD. A propósito de Jorge Isaacs. ¿Quién tuvo originalmente la idea, hace 50 años, de la creación del departamento de Cesar, la cual se pelean por igual todos los políticos vallenatos de esa época? En una investigación inédita del historiador y actual Director del Banco de la República en Santa Marta, Joaquín Viloria, se lee: “En 1875 el samario Manuel Dávila García, casado con la vallenata Rosa Pumarejo, se posesionó en Valledupar como Presidente interino del Estado Soberano del Magdalena. Dávila hacía oposición a gran parte de la dirigencia de Santa Marta al considerar que trataban de manera desigual a los pueblos de la Provincia de Padilla. En esta dirección apunta la carta de Jorge Isaacs al Presidente Rafael Núñez, a quien escribió: “Aquí (en Valledupar) está en los ánimos de todas las gentes el deseo de vivir bajo la inmediata autoridad del Gobierno Nacional, y no dependientes de Santa Marta, que desdeña lo de este lado de la Sierra…” (28 de febrero de 1882)”.

@sanchezbaute

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