Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/12/12 00:00

El acuerdo humanitario, las Farc, Uribe y sus indultados

Aunque con el indulto a los 23 guerrilleros de las Farc perdieron los secuestrados, el balance es positivo, opina Caterina Heyck, autora del libro 'Sí al intercambio humanitario'.

Ante la pregunta de qué tan positivo son los 23 indultos, concedidos por el gobierno Uribe a guerrilleros de las Farc, la respuesta es que muchos ganan y nadie pierde y por lo tanto es positivo. ¿Que si los secuestrados ganan? Desafortunadamente no. Pero algo es algo, peor es nada.

¿Y quiénes ganan?

Gana el gobierno pues, sin duda, la anterior fue una movida política coherente con la campaña de mano dura del presidente Uribe, que a la vez le deja bien parado ante la comunidad internacional, en particular ante el Parlamento Europeo, que recientemente se pronunció sobre la violación a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario en Colombia y sentó su posición en pro de la salida negociada -no militar- al conflicto armado.

Gana igualmente el gobierno pues disminuye la presión para que se concrete un acuerdo humanitario por parte de los familiares de los secuestrados, la cual se puede incrementar en esta época decembrina tan dolorosa para ellos.

Ganan las Farc, ya que el gobierno reconoce la procedencia del delito político de rebelión. Su carácter de "terroristas" de alguna manera se aminora, toda vez que se acepta que quienes han sido sus miembros y purgan penas por el delito de rebelión sean sujetos del beneficio de indulto, solo permitido en la Constitución para los delincuentes políticos -no para los terroristas-.

Ganan los 23 indultados que salen de las hacinadas cárceles del país.

Ganan los demás presos, pues al menos son 23 compañeros menos de los centenares con quienes deben compartir celda, inodoro y colchón, y además obtienen un reconocimiento expreso del gobierno, en el sentido de que las cárceles no cumplen con la función "resocializadora" que les es propia.

Es de suponer que para ellos el gobierno encontrará, en cumplimiento del principio constitucional de igualdad, mejores lugares donde poder rehacer sus vidas y abandonar el delito. No es de esperar que sea el Hotel Tequendama, pero algo parecido.

Si el presidente Uribe fue tan generoso, aún con su propio pecunio, con un delincuente que había cometido múltiples secuestros y homicidios, que no era miembro activo de las Farc, por cuanto había desertado con un botín millonario de extorsiones para convertirse en informante del Ejército, por tan solo pronunciar la palabra mágica "reinserción", es lógico que para los ex atracadores de la Jiménez con quinta, que después de largos años en las prisiones, no logran reinsertarse a la sociedad, haya también algún tipo de generosidad -o de corazón grande-.

De seguro el Ministerio del Justicia y del Interior debe estar trabajando en la consecución o adecuación de verdaderas cárceles de resocialización para todos los presos de Colombia.

No ganan, lamentablemente, los secuestrados por cuanto las Farc, en su comunicado del 20 de agosto de 2004, dejaron claro que no aceptan la rendición de sus miembros y por ello es evidente que no van a liberar unilateralmente a ningún secuestrado. Así como para el gobierno es prohibida la palabra "despeje", para las Farc lo es la palabra "reinserción". Ambos tabúes están en consonancia con sus recíprocos intereses de guerra.

Recientemente el presidente Uribe descartó, ante el Consejo Nacional de Paz, la desmilitarización de los municipios de Florida y Pradera en el Valle del Cauca, planteada por las Farc.

Simón Trinidad, al aceptar su mediación para el acuerdo humanitario, expresamente aclaró que ello no era respuesta a los indultos del gobierno. Por ende, no es de suponer que la guerrilla liberará a los secuestrados que tiene en su poder con violación grave al derecho internacional humanitario, por el hecho que el gobierno haya ido de cárcel en cárcel buscando guerrilleros arrepentidos para otorgarles el perdón, a cambio de que acepten permutar su prisión por una guarnición militar o un albergue del programa de reinserción del Ministerio de Defensa.

No obstante lo anterior y aunque la concesión de indultos del gobierno no tiene nada que ver con un acuerdo de intercambio humanitario, sí podría pensarse que genera una esperanza en el corazón de los secuestrados y de sus familias y en algo alivia el dolor por su infame ausencia en estas navidades.

Ojalá se atienda la propuesta de la Iglesia y las partes acepten "las zonas de confianza" en el Valle; sin desmilitarización, como lo exige Uribe, y con seguridad para los negociadores, los guerrilleros y los secuestrados a entregar, como lo exigen las Farc. Este sí sería un hecho de paz y de esperanza real en el que ganarían..los que deben ganar.

* Autora del libro Sí al acuerdo humanitario

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